
Tinelli juega su propio Mundial
Con más costos que beneficios transmite desde Alemania y sufre la metamorfosis impuesta por el 13
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El 25 de septiembre de 2005, con el título "La noticia «privatizada»", alertábamos desde esta misma columna sobre las oprobiosas distorsiones informativas que producen determinados protagonistas de la comunicación cuando, por la fuerza y mediante prácticas deleznables, pretenden apropiarse indebidamente de acontecimientos públicos, forzando a "exclusivas" que no son tales.
En esos días, el Grupo Clarín, que acababa de contratar a Marcelo Tinelli (y de asociarse con su productora Ideas del Sur), montó un desopilante operativo para que la noticia oficial fuese conocida exclusivamente a través de su nave insignia. Seguramente cuando Tinelli chocó su copa de champagne con la de Adrián Suar sólo para ese medio, pensó, con razón, que la reciprocidad iba a existir y que ese brindis, de alguna manera, sellaba el comienzo de un apacible matrimonio con deberes y obligaciones igualitarias para cada cónyuge. ¡Qué iluso!
Sólo así podría explicarse por qué Tinelli reaccionó tan mal ante un intrascendente comentario del periódico de ese holding que, si bien no lo favorecía, tampoco era nada del otro mundo, y reclamó duramente un "apoyo" que él habría considerado lógico desde aquel brindis en soledad y "en exclusiva".
Aun cuando gran parte del fenómeno Tinelli se asiente en gastarle bromas pesadas a medio mundo, paradójicamente tiene una muy baja tolerancia hacia críticas y chistecitos que puedan caer sobre él. Si no reacciona frente a los cada vez más feroces y hasta injuriantes estiletazos de Mario Pergolini -que en el último "CQC" trató a los miembros del equipo de "ShowMatch" de "subnormales", en tanto que sus cucarachas directamente calificaron a Tinelli de iletrado y ladrón-, es porque no ignora que manifestar su enojo públicamente sería pura ganancia para el dueño de Cuatro Cabezas. Pero quién sabe si, a fuego lento y en el mayor de los secretos, el equipo de abogados de Ideas del Sur no está ya recopilando antecedentes y desgrabaciones para, llegado el momento, presentar una multimillonaria demanda que, a no dudarlo, garantizaría un litigio de enorme repercusión.
* * *
Marcelo Tinelli arrancó este año la temporada Nº 17 de su magazine humorístico el 6 de abril con 31,5 puntos de audiencia. No sólo había cambiado de canal (del 9 al 13), sino de horario (de 21.30 a 22.30/22.50). No era poca cosa: la conformación de público de una y otra pantalla difiere bastante (composición inestable y audiencia de nivel más bajo en el 9; público propio y leal, de nivel medio y alto, que se identifica históricamente con cierta pretendida sobriedad del 13) y el corrimiento horario a más tarde le recortaba gran parte del público infantil, principal pilar que le permitió a "ShowMatch" ser el programa diario más visto de 2005 (188 emisiones, con un promedio anual de 23,5 puntos) en un canal que habitualmente marcha tercero lejos en el ranking de emisoras.
El abrupto contraste entre una pantalla y otra quedó claramente de manifiesto cada vez que Tinelli intentó echar mano de algunos de los cuestionados contenidos que en el 9 sí funcionaron, como la exhibición de bichos y alimañas. El par de veces que buscó este año el programa por ese lado, el rating se desinfló. En cambio, la gran gala, el "big show", marcó una tendencia inversa. Así, "Bailando por un sueño" (el tramo donde famosos danzan con desconocidos en un concurso de habilidades coreográficas) arrancó el 17 de abril con 31,6 puntos de rating. Dejadas a un lado las exhibiciones con chicos, los magos y los esperpentos tan característicos del "ShowMatch" 2005, Tinelli -también tuvo que archivar sus "30 segundos de fama" y más de 80 cámaras sorpresa que, hoy por hoy, están más cerca de no salir nunca más al aire- empezó a buscar el programa por el lado del gran espectáculo agregando, además, la sección "El regalo de tu vida" (historias emotivas de reencuentros, muy al estilo de "Sorpresa y media"), que también le significaron mantener bien en alto la audiencia.
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Más allá de que entre unos y otros contenidos "ShowMatch" empezó a volverse un programa más indefinido y voluble, sucedieron dos importantes hechos que vinieron a sumar mayor inestabilidad: 1) la firme irrupción en tira, por Telefé, de un cada vez más potente "Montecristo", que horada la audiencia de "ShowMatch" y que redujo su rating de "veintilargos" puntos a "veintipocos", llevándose en masa al público femenino y a parte del masculino y 2) la llegada del Mundial, que, en teoría, debía favorecerlo, pero que en la práctica -salvo el viernes de la goleada de Argentina a Serbia y Montenegro (25,9 puntos)- araña "apenas" los 20 puntos y cae hasta los 18, una cifra que más allá de interesados alarmismos, Tinelli ha transitado (y menos también) en anteriores temporadas. Problemas de divos: el año pasado por guarismos parecidos la que estaba bajo la lupa era Susana Giménez.
Quizás al que menos sorprendan estos resultados sea al propio Tinelli, que ya antes de viajar él y un equipo de 40 personas a Alemania -las mejores fuentes niegan que ese operativo esté costando un millón de euros como aseguró Pergolini-, solía mostrarse extremadamente cauto y no soñaba con ningún batacazo, en previsión de lo que luego efectivamente sucedió: la saturación mundialista, a toda hora y en todos los canales -encima con una clara impronta de jarana "tinellista"- restaron potencia al "ShowMatch" germano.
Pero no sólo eso: el apretado estudio de Munich contrasta con los pisos gigantes a los que nos tenía acostumbrados Tinelli en las últimas temporadas y remite visualmente a la imagen casi claustrofóbica y superada del viejo "VideoMatch". No es casual, por eso, que Tinelli se pasee tanto por los corredores y husmee otras oficinas con el fin de darle un poco más de aire al programa.
Apostar tanto por la cantidad -cubrir todos los partidos y concentraciones con notas exclusivas, casi como un noticiero- y descuidar la calidad -la mayoría de las coberturas humorísticas de previas y partidos son previsibles, repetidas, grotescas y sin ideas-, sumado al empecinamiento inútil por hacer el programa en vivo (cuatro, cinco de la madrugada como reitera Tinelli cada dos minutos), a los largos viajes entre una sede y otra, a la llegada sobre la hora de salida al aire de materiales en crudo y al tiempo que lleva maquillar a los imitadores, está agotando las energías de un equipo que trabaja veinte horas por día. Tampoco ayuda que la mayoría de los colaboradores actuales de Tinelli estén creativamente varios peldaños por debajo de los que tenía un par de años atrás, pese a los esfuerzos de último momento.
* * *
Y lo más importante de todo: Tinelli aún está en período de adaptación y de ablande, tras quince estables años de éxito en Telefé y el triple salto mortal al 9, que tan bien le salió, y donde era reverenciado como lo que era (el salvador de una señal que por un rato soñó jugar en las ligas mayores).
Su paso en 2006 a un canal tan institucional y monolítico como el 13, donde lo comercial impone tandas largas e hipervendidas, donde la presencia de la gerencia de Noticias pesa (y fuerte) y donde el programa más visto no es precisamente "ShowMatch", sino "Sos mi vida" (que produce su "jefe" inmediato, Adrián Suar), lo encorseta e incomoda. Pero, empresario al fin, sabe que éstas son las reglas del juego y que, parafraseando el slogan de una conocida tarjeta de crédito, "pertenecer", más que privilegios, tiene sus costos.
Cómo sigue
- Con el triunfo de la Argentina ante México, Tinelli ingresa en un tiempo "de alargue", ya que deberá devolver el pasaje que tenía para regresar a la Argentina y seguirá con su ciclo desde Alemania. La transmisión conjunta de los cuatro canales ayer sumaba 74 puntos de rating. La pregunta ahora es, ¿cómo le irá a Tinelli de acá al próximo partido de Argentina, el viernes, con tanta espera de por medio?
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