
Un cuento de hadas moderno y brasileño
"El sabor de la pasión" , telenovela brasileña producida por O Globo. Libro: Ana Maria Moretzsohn. Dirección: Denise Saraceni. Con Letícia Spiller, Luigi Baricelli, Marcelo Serrado, Liliana Castro, Fernanda Souza, Arlette Salles y elenco. De lunes a viernes, a las 16.30, por Telefé.
Nuestra opinión: bueno
Con pasos de comedia brillante, truculentos secretos familiares, diálogos que recuerdan a lo más artificioso del género y dos protagonistas cuyos personajes sólo parecen cobrar vida cuando se conocen, la permanente rotación de géneros y registros que ostenta "El sabor de la pasión" es infrecuente dentro de la monolítica identidad de las novelas brasileñas contemporáneas, firmemente ancladas en los conflictos y personajes urbanos de las grandes metrópolis de ese país.
Esta nueva telenovela, por el contrario, sabe cómo retomar con astucia algunos elementos centrales a los folletines decimonónicos y transformarlos -con más fantasía y humor que verdadera emoción-, en parte de la vida de una familia de clase media de Río de Janeiro.
Así, el destino hace que la seria Diana (Letícia Spiller, de "Señora del destino"), a punto de casarse con un hombre bueno y acaudalado al que no quiere, decida acompañar a su hermana a una discoteca, donde conocerá, gracias a su zapato perdido, a Alexandre (Luigi Baricelli, de "Lazos de familia"), un playboy cuyo apellido es, precisamente, "pasión" y sus intenciones, las de un príncipe azul. El flechazo entre ambos es instantáneo, público (se besan en medio del escenario donde se presenta "El lago de los cisnes") y poco duradero. Es que ella es hija de un simple "tabernero" -como insiste el robótico doblaje-, mientras que él es todo un empresario y debe volver a su reino (perdón, a Portugal). Pero el destino intervendrá para reunirlos gracias a unas valiosas tierras en el valle del Duero, heredadas por ella y ocupadas por la familia de él, encabezada por la malévola Zenilda (Arlete Salles).
Por el camino, "El sabor de la pasión" presenta una multiplicidad de conflictos familiares (entre los que se destacan el de la apasionada Laiza, cuya hija se ha criado junto a ella como una hermana más), que con el correr de los episodios comenzarán a tejer el atractivo tapiz coral que es marca registrada de las tiras brasileñas y, que en este caso, tiene un papel bastante más secundario y menos inspirado que sus contrapartes de horario central (como "Señora del destino").
Es que aquí, como en toda telenovela clásica, todo funciona como marco para la apreciable química de su pareja protagónica (en la que especialmente se destaca la simpatía de Spiller, que logra dotar de naturalidad a algunos diálogos impronunciables), cuyo amor a prueba de obstáculos y de lógica es la única ley natural a la que obedece ciegamente su entretenida trama, plena de acción y de sentimientos, pero también de altibajos dramáticos.
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