
Un final entre la sorpresa y el compromiso
El último capítulo de la ficción de Telefé se vivió entre lágrimas y el reclamo de justicia de los actores que se subieron al escenario del Opera
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Lágrimas, gritos y suspiros auguraban las cinco cuadras de cola que hacían las fieles seguidoras de Vidas robadas rodeando al teatro Opera para ver el desenlace de la ficción más comprometida del año. A las 22.41 comenzó la transmisión, que alcanzó los 31 puntos de rating, con el gritado saludo de "¡Muy buenas noches!"
del conductor Mariano Peluffo. Un clip a modo de resumen inauguró –aunque con inconvenientes técnicos– la gran pantalla instalada en la sala colmada e hizo gritar, esta vez de bronca, a las fans. Una vez superado la impasse inicial, el público pudo disfrutar de una apresurada pero muy completa recapitulación de la novela. La ansiedad por degustar el último capítulo se respiraba en la sala, donde se repetía una y otra vez la cortina musical "Yo renaceré", de David Bolzoni, para calmar el clamor del público, mayormente femenino. "Astor se lleva la novela", opinó Romina Pérez, de 18 años, a pocos metros del escenario. Su compañera, que no paraba de moverse en la butaca, agregó mordiéndose el labio: "A mí me encanta Dante".
El capítulo final se caracterizó por lo sobrenatural. En primer lugar, por la muerte y resurrección de Bautista Amaya, porque hasta último momento todo televidente fue engañado por su supuesto fallecimiento, que parecía casi irrevocable, si se tiene en cuenta los dos disparos que recibió en el pecho por parte del otro resucitado de la ocasión, Nicolás Duarte (Juan Gil Navarro). Este último, minutos después de arrojarse de un elevado puente metálico y traspasar chapas y caer de espaldas, apareció con la cara teñida de sangre para darle "el último adiós" a Bautista. Quien también ofició de Lázaro fue Ana (Mónica Antonópulos). Luego de horas de yacer bajo tierra, Bautista logró revivirla y hasta se permitió un beso, a pesar del ánimo casi desmayado de su amada.
Cada uno de los personajes que deambularon por la ficción tuvieron su merecido final. Nacha (Virginia Inocenti) y Dante (Adrián Navarro) levantaron encendidos suspiros en la tribuna por la romántica despedida, que incluyó un beso salvaje y, claro, lágrimas amargas. La madama oscura también dejó plantado al más perverso personaje, interpretado por Jorge Marrale, para volver a su pueblo natal. Ambos, Astor y Dante, se enfrentaron cara a cara en un encuentro que sería mortal. En el auto, Astor esperaba apacible para arrancar hacia su nuevo destino hasta que apareció Dante, de traje impecablemente blanco, se sacó los lentes y apretó un botón con el que hizo explotar el auto de su otrora maestro. Pero antes de morir, Astor hizo caer a Claudio Kurtz –interpretado por un renovado Francella sin bigote–, el primer responsable de la organización de la red de trata de personas. Mediante un arreglo con el fiscal Pascale (Jorge D’Elía) que incluía denunciar a Kurtz, Astor logró salvarse de una muerte anunciada y un retiro seguro, que lo fue hasta que apareció Dante en escena. Un final más feliz fue el de Juliana (Sofía Elliot) y Rosario (Soledad Silveyra) que retornaron a sus pagos.
El final llegó con el casamiento de Fabio (Carlos Portaluppi) con Alejandra (Silvia Kutika), que reunió a todos los personajes, los buenos por supuesto. Allí, al momento de citar a los padrinos, tuvo lugar la escena que sacudió las butacas de todos los presentes: Bautista, a quien todos imaginaban muerto, apareció en plena luz del día, para luego tomar un avión junto a Ana y su hijo hacia un destino desconocido, donde tendrán que asumir una nueva identidad. Esa fue la última imagen de un final, que hasta último momento se pronosticaba triste.



