Un idioma universal

La competencia de cocina amateur es uno de los formatos televisivos más populares en el mundo; la versión local se verá por Telefé
Francisco Ganduglia
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26 de marzo de 2014  

En un barrio en el que productoras de televisión y restós gourmet se disputan fachadas y metros cuadrados pero siempre complementándose entre sí, la llegada de un reality que aunara ambos mundos no era más que una cuestión de tiempo. Máxime si se trata de MasterChef, la superpopular franquicia que nació en Gran Bretaña para dar la vuelta al mundo (ver recuadro) y que, a partir de los primeros días de abril, llegará, aún en horario por confirmar, a la pantalla de Telefé.

Erigido en ese circuito que algún osado llamó Palermo Brooklyn (leáse, Chacarita), el set del programa (producido acá por Eyeworks-CuatroCabezas) es una tentación para cualquier espíritu sibarita. Y televisivo también, ya que cada ingrediente, plato y hasta su sofisticado minimercado está acompañado por un arsenal de tecnología en cámaras y luces. La escenografía respeta a rajatabla el diseño original, tanto que hasta suena lógico esperar la entrada del propio Gordon Ramsay por la puerta principal. Pero no. Quien aparece no es otro que "el gran remador", Mariano Peluffo.

Peluffo parece dispuesto a sumar más millaje a su vasta experiencia en realities importados. Sobre ello, y sobre la hipotética muerte del género, el muchacho responde: "A mí me encanta ver gente común en la pantalla. Me interesa ese desafío, en algún punto, porque yo mismo me siento un tipo de lo más corriente que tiene un trabajo distinto: conducir frente a cámara. Quizá por eso genero siempre un buen vínculo con los participantes, lloro, me río, empatizo con las mamás… Me siento una especie de puente entre esta gran burbuja que es la tele y la gente común". ¿Y qué hay de la famosa muerte del reality? Para Mariano, no hay nada más alejado de, justamente, la realidad. "Como a todo género, hay que encontrarle la vuelta. Le sucede a la ficción también. La primera ficción costumbrista de Suar rompió todos los récords de audiencia, lo mismo que los primeros realities de comienzos de 2000. Después, hubo que cambiar ciertas premisas y cosas, pero no por eso dejó de existir la ficción o el realtiy. Yo creo que, en general, la crítica está esperando que un programa de estas características no funcione para labrar el certificado de defunción del género. Y, para mí, es evidente que es al revés, el reality show está más vivo que nunca."

Analista del medio, también le dedica un párrafo a la actual y alicaída audiencia de la televisión de aire. "Hoy, los espectadores ya no distinguen entre ese universo y el del cable. Te diría que nosotros los de 30 y pico somos los últimos que recordamos la época en la que no había cable; para los chicos de hoy, todo es lo mismo. Lo veo en mi hija, para ella, Telefé o Disney Channel son parte del mismo aparato."

La premisa de MasterChef, se sabe, es que 16 cocineros amateurs (de los 5500 que se anotaron inicialmente) compitan entre sí durante los sucesivos desafíos para quedarse con el premio final: 250.000 pesos y la edición de un libro de recetas. Y el beneplácito, claro del gran jurado, compuesto por el italiano Donato de Santis, el francés Christophe Krywonis y el crédito local Germán Martitegui (que, aunque ellos prefieren no decirlo, seguramente jugará el rol de estricto y puntilloso al límite).

Acostumbrado a trabajar "para pasar inadvertido" –jura que jamás saluda en las mesas de su propio y muy prestigioso restaurante, Tegui–, Germán comenta: "Yo siempre trabajé para un nicho de gente, por lo que abrir mi persona y mis opiniones a millones sin duda será algo muy complicado". Confiesa que sí, que tiene muchos pruritos con el medio, pero confía que de a poco se irán yendo. "Lo que más me importa –concluye– es mostrar la verdad de la cocina. Sin caer en críticas excesivas a los canales temáticos de cable, yo siento que hay una idealización del cocinero en la televisión actual. Se lo suele mostrar como un tipo que vive oliendo aceites de oliva, deleitándose con el tomillo fresco y las trufas, y la verdad es que éste es un trabajo muy, muy duro. Gratificante sí, pero muy sacrificado. Si con mis compañeros logro transmitir eso, me doy por satisfecho."

A su lado está Donato, que no para de asentir y que toma la posta con respecto a la tan comentada rivalidad entre chefs (sobre todo entre los mediáticos y los que no lo son): "Yo creo más allá de las escuelas, vertientes y hasta naciones, hay un único denominador entre los chefs profesionales: la pasión por su trabajo. Podemos cocinar platos muy diferentes, pero estoy seguro de que Christophe, Germán y yo sentimos la misma emoción cuando encontramos un ingrediente especial o cuando tenemos que imaginar un menú nuevo. Eso es inalterable". Su compañero galo (también de larga experiencia en la pantalla de Elgourmet) acota: "Esas supuestas internas furiosas entre los chef son una absoluta mentira. Hay que ser categórico en esto. Yo siento que no sólo hay una pasión compartida, sino un profundo respeto entre mis colegas. Un idioma y un universo en común".

Con cierta honestidad brutal, tanto Germán como Christophe admiten que jamás hubiesen intentado probarse en un reality como MasterChef. La razón, claro, es una timidez que ambos aseguran puede llegar a límites insospechados. "En este momento, si me decís que prepare una comida para nosotros tres, me hago pis encima. Imaginate si lo tuviese que hacer frente a las cámaras y para miles de espectadores. No podría, me temblarían las manos como nunca", asegura Christophe, y el remate queda a pedir de boca: "De lo que no tenemos dudas –dicen a dúo– es que Donato hubiese participado a full. Y es más, seguramente, hubiese ganado".

Un ciclo con una vida larga y fructífera

Gordon Ramsay lanzó el reality en 1990

Nació en Inglaterra, en 1990, pero no fue hasta su relanzamiento en 2005 cuando el programa estalló en popularidad y se convirtió en la franquicia de reality más exitosa después de Gran Hermano. La versión más conocida (que acá se emite por Glitz) es la norteamericana, capitaneada por el implacable "escocés de oro" (acumula 15 estrellas Michelin), Gordon Ramsay (el mismo de Hell’s Kitchen). En total, ya hay más de 40 adaptaciones del formato en todo el mundo, incluidos la India, China, España, Australia, Suecia, Filipinas, Arabia Saudita, Malasia, Islandia, Hungría y, por supuesto, la Argentina.

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