
Un país menos en el mapa de la pantalla
En el amplio universo de la televisión paga, los canales internacionales son como aquellos planetas lejanos que sólo pueden ser observados a través del telescopio. No llaman la atención inmediata como las señales cinematográficas, no tienen garantizada una audiencia cautiva como las infantiles ni despiertan fanatismos casi incondicionales como ocurre con las series.
Generalmente subestimados por los cableoperadores (y colocados en consecuencia casi siempre al final de la larga grilla de programación), los canales internacionales cumplen no obstante una función esencial: la de garantizar en buena medida el incontrastable hecho de que la TV es una auténtica ventana abierta al mundo.
Sin ellos, jamás podríamos cotejar del modo más cabal el estado de nuestra televisión, ya que con la notoria excepción de la CNN, los materiales que llegan desde esas señales están conformados por títulos y producciones que en sus respectivos países de origen corresponden a cadenas públicas o abiertas. Seguir lo que muestran las imágenes llegadas desde España (TVE), Italia (RAI), Alemania (Deutsche Welle), Francia y Canadá (TV5), México (El Canal de las Estrellas) y el Reino Unido (BBC), además de su valor intrínseco cuando la más estricta actualidad nos lleva a engancharnos en su sintonía, nos sirve como eficaz punto de comparación. Sin ir más lejos, las señales internacionales de España e Italia mostraron sendas versiones del trajinado Bailando por un sueño con claras ventajas, sobre todo en el primer caso, respecto de la versión local.
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Este mes, sin mediar explicación alguna, los abonados a Cablevisión notaron la ausencia de uno de estos canales, más precisamente el que nos acercaba la programación de la poderosa red brasileña Globo. Y a juzgar por lo que pudo saber esta columna de fuentes autorizadas de la empresa, la situación será difícil de modificar, ya que Globo decidió encarar para la región una nueva estrategia comercial que virtualmente la convierte en una señal premium (que debe pagarse en forma adicional y separada) en vez de seguir, como hasta ahora, en el abono básico. Al rechazar estas nuevas condiciones, Cablevisión decidió prescindir de la señal y colocó en su lugar una guía de programación.
Así las cosas, para quienes seguían las emisiones de Globo Internacional quedaron interrumpidas varias telenovelas de fuste, algunos atractivos programas de actualidad y los buenos informativos que suele entregar la TV brasileña. También quedará un vacío difícil de llenar en febrero próximo, ya que Globo transmitía en vivo y al detalle las celebraciones del Carnaval.
Pero lo más difícil de remediar será la sensación de extrañeza de dichos abonados, que de buenas a primeras se quedaron sin una señal por ellos muy valorada –cuya inclusión en la grilla forma parte del contrato implícito entre cliente y empresa– y sin explicación alguna. Y si, efectivamente, la decisión se conoció luego de ser impresa la revista de programación del mes y no pudo ser incluida allí, ¿por qué no se dieron las explicaciones del caso, que el público seguramente entendería, a través de una placa permanente en la frecuencia hasta ese momento ocupada por la señal?
El episodio deja la sensación de que no sólo en la TV abierta los espectadores son prisioneros de lo que deciden, sin aviso ni explicaciones, los responsables de lo que vemos y lo que dejamos de ver.





