
Una historia de amor con doble identidad
Con una trama prometedora y logradas actuaciones, la novela apuesta al tiempo para consolidar su propuesta
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Vidas robadas , telenovela protagonizada por Facundo Arana, Soledad Silveyra, Jorge Marrale, Juan Gil Navarro, Mónica Antonópulos, Arturo Bonín, Patricio Contreras, Romina Ricci y elenco. Autores: Marcelo Camaño y Guillermo Salmerón. Dirección de fotografía: Pedro Suárez. Dirección de exteriores: Diego Sánchez y Pablo Vásquez. Producción general: Gabriel Krivitzky. Dirección integral: Miguel Colom. Una producción de Telefé Contenidos. Primer capítulo: lunes 3, a las 22.15.
Nuestra opinión: buena
No es casual la semejanza entre el título de la nueva telenovela de Telefé y la película que hace un par de años, alrededor de esta fecha, se llevó en Hollywood el Oscar al mejor film menos esperado de los últimos años.
En el círculo vicioso de agresiones, disparos y muertes señalado desde estas páginas por Fernando López en la crítica de Vidas cruzadas -modelo al que bien podría sumarse el de otro largometraje reciente, 21 gramos - está buena parte de la raíz de esta historia. Como en la obra de Paul Haggis, aquí también se articulan azarosamente historias y personajes, que irán entrecruzándose a partir del denominador común de la pérdida, el desamparo y la búsqueda de la verdad.
Pero, se sabe, los códigos de la telenovela tornan estas circunstancias mucho más verosímiles. Sobre todo -como aquí-, cuando una hábil realización y un sincronizado trabajo de puesta en escena hacen creíble, a partir de una certera progresión narrativa, el reencuentro en Puerto Madryn entre el antropólogo Bautista Carrasco (Facundo Arana) y la fotógrafa Ana (Mónica Antonópulos), un año después de que ambos se conocieran accidentalmente.
Allí, en una vistosa escena con bellos paisajes patagónicos de fondo que funciona como prólogo del relato, el muchacho -por entonces integrante de un equipo de rescatistas- encuentra a la chica, perdida y aterida, casi en la cima del Cerro Catedral. Para sortear un cuadro de hipotermia, no dudará en desvestirse y hacer lo mismo con ella, lo que llevará a ambos a pasar la noche juntos dentro de una bolsa de dormir a la espera de un helicóptero salvador.
Casi al mismo tiempo, el esposo de Ana (Juan Gil Navarro) protagonizará con su auto una mala maniobra que determinará la muerte de la esposa de Bautista. No tardaremos en ver cómo el hombre rivalizará con su suegro (Jorge Marrale) en el control de una tenebrosa red de prostitución y tráfico de personas, que funciona en lugares tan sencillos y provincianos como Río Manso, donde una tranquila enfermera (Soledad Silveyra) enfrenta sin consuelo la desaparición forzada de su hija.
Tiempo
Mientras todos buscan respuestas y explicaciones a sus respectivas pérdidas, necesidades y búsquedas personales, Vidas robadas comienza a delinear su doble identidad. Por un lado, una telenovela en estado puro, en la que la pareja central será llevada por el destino y la voluntad a consumar la pasión que los irá acercando. Y por otro, ese perfil testimonial, que caracteriza desde Resistiré y Montecristo a las producciones de ficción más ambiciosas de Telefé, propósito reforzado anteayer, tras el primer capítulo, con el apoyo de un contundente documental ( Esclavas ) a cargo de Gastón Pauls.
Todo, entonces, se muestra bastante claro en el comienzo de un relato que parece apostar más a decantarse en el tiempo que a algún impacto inicial fuerte. Tal vez, este último efecto haya sido deliberadamente buscado a través de la secuencia de apertura, con espectaculares tomas aéreas de Arana rodeado por la inmensidad de la geografía patagónica. Pero esas imágenes, sumadas a otras de este primer episodio, dejaron en claro que Vidas robadas utiliza de más ciertos recursos publicitarios (cámara lenta, música melosa, imagen bucólica, sentimentalismo) a la hora de narrar visualmente algunas escenas y que Arana, que ratifica aquí su habitual papel de tipo cálido, amigable, auténtico y digno de confianza, responde muy bien como héroe-galán que se impone a fuerza de presencia física y no tanto cada vez que se lo exige dramáticamente. A su lado, la bella Antonópulos (con un aire a Marion Cotillard) ya insinúa una mezcla de fortaleza y debilidad muy apropiada para su personaje.
Con un impecable respaldo actoral (sobresalen el exacto villano que encarna Marrale y una sorprendente Silveyra) y rubros técnicos (fotografía, sonido directo, musicalización), que rayan a gran altura, Vidas robadas pierde en diálogos impostados y condicionados a dar información parte de la potencia que insinúan sus imágenes y los contornos de una historia prometedora. Las expectativas de Telefé reclaman por encima del discurso -no es suficiente con esbozar una atractiva trama romántica o animarse a denunciar hechos ominosos- un compromiso de intensidad dramática que, por ahora, no escapa del boceto. Como se dijo, será porque Telefé apuesta al tiempo. El crédito está abierto.
21,8 puntos
El debut fue para Telefé lo más visto de anteayer, pero quedó segundo en su franja Buena




