
Una serie sobre nada que terminó siendo todo
Seinfeld cumple un cuarto de siglo en el olimpo de la TV
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Una serie sobre nada. El concepto parecía extraño y desafiaba los principios básicos de la comedia televisiva. Sin embargo, el 5 de julio de 1989, hace exactamente 25 años, se estrenó en los Estados Unidos The Seinfeld Chronicles, una serie centrada en la figura de Jerry Seinfeld, un comediante de stand up exitoso, pero con poca experiencia en el medio. Nada indicaba que estaba por nacer una de las mejores comedias de la historia de la TV.
Pero todavía faltaba mucho para que eso sucediera. Después de idas y venidas varias, había un acuerdo entre la NBC, Jerry Seinfeld y su socio, Larry David (comediante que había tenido un paso muy fugaz como guionista en Saturday Night Live) para producir un piloto a modo de prueba para encarar después la serie. La idea de Seinfeld y David era revolucionaria para un género cuyo máximo exponente en ese momento era Cheers. Lo que querían era llevar a la pantalla sus conversaciones triviales y su obsesión por los detalles de la vida cotidiana en las grandes ciudades.
Viéndolo ahora, el piloto de Seinfeld está lejos de lo que llegaría a ser la serie, pero ya muestra los detalles sobre los que se construiría su particular estilo. La conversación entre Jerry (el personaje de Seinfeld, que básicamente hace de sí mismo) y George (Jason Alexander), su mejor amigo (y álter ego de Larry David), sobre la posición de un botón de la camisa de este último, es una buena introducción a la charla seinfeldiana que se desarrollará ininterrumpidamente a lo largo de nueve temporadas. El episodio se centra en la incapacidad de Jerry para descifrar si una mujer que irá a visitarlo está interesada en él.
El análisis de George de los indicios con los que cuenta Jerry, un estudio microscópico sobre gestos y palabras, todavía no tiene el ritmo que adquirirán intercambios similares en futuros episodios pero ya prefigura el nivel obsesivo de atención que se le prestará a las reglas de la interacción sociales (obsesión que David llevará a un nivel superior en su serie pos Seinfeld, Curb Your Enthusiasm).
En ese mismo episodio aparece el vecino excéntrico Kramer, interpretado por un Michael Richards que aún no ha encontrado a su personaje. La que todavía no está es Elaine, la ex novia devenida mejor amiga de Jerry que interpretaría Julia Louis-Dreyfus, incluida en el reparto porque la cadena NBC insistió en que hubiera un personaje femenino. Seinfeld y David aceptaron, pero se negaron a que Elaine formara pareja actual o futura con Jerry. Seinfeld no iba a ser como tantas otras comedias en las que el público está pendiente de si los protagonistas terminarán juntos y felices para siempre.
"Nada de abrazos; ningún aprendizaje" fue el lema no oficial de la serie, postura que sus creadores y guionistas sostuvieron ante cada decisión narrativa importante. Así la ficción tocó temas como el aborto, la religión, las enfermedades y la muerte evitando las enseñanzas, las moralejas y el sentimentalismo. Por caso, un nene que padecía una enfermedad que lo obligaba a vivir en una burbuja fue el chiste central de un episodio ("The Bubble Boy"); en otro, los protagonistas convencían a una mujer sordomuda (interpretada por Marlee Matlin) para que descifrara la conversación de dos personas en una fiesta y -en una de las jugadas más arriesgadas de la serie-, se muestra el alivio de George ante la muerte de su novia Susan, envenenada con el pegamento de los sobres baratos que él había comprado para enviar las invitaciones de su casamiento.
Detrás de la trivialidad de Seinfeld hay una profunda curiosidad por el mundo material y una deconstrucción de los comportamientos humanos de esa especie particular que es el habitante de las grandes ciudades a fines del siglo XX. En sus monólogos -que abren y cierran cada episodio- Seinfeld se pregunta las razones irracionales detrás de nuestras acciones, como aterrorizarnos ante unas gotas de lluvia y luego zambullirnos en una pileta; en otros casos analiza algún objeto de la vida cotidiana llevándolo hasta el extrañamiento. Mucho para una serie sobre nada.
Ganancias
La nada de Seinfeld es en realidad la negación del argumento típico de la comedia de situaciones, con un conflicto que rompe con lo cotidiano, se desarrolla y se resuelve para volver a la normalidad. Eso ya aparece en el piloto, pero se confirma en el episodio en el que la serie se consolida en su estilo: "The Chinese Restaurant". Allí, Jerry, George y Elaine esperan su mesa en un restaurante chino hasta que se cansan y se van, un segundo antes de que los llamen para avisarles que está lista.
En el medio, mientras esperan, George intenta hablar por teléfono con su novia y Jerry le apuesta a Elaine que no se animará a robarse de una mesa un arrolladito primavera. No hay grandes peripecias y, por supuesto, nadie gana ni pierde. Es a partir de ese episodio de la segunda temporada que Seinfeld se convierte en Seinfeld.
Llegar hasta ahí había costado mucho. El piloto pasó inadvertido en julio de 1989, pero los ejecutivos de NBC decidieron que valía la pena apostar por el proyecto y mandaron a producir cuatro episodios más. Casi un año después se emitieron los cinco capítulos juntos. Larry David juraba que lo había agotado creativamente. Esa primera temporada no fue un gran éxito, pero pudieron hacer una segunda y, tras un cambio de horario, el rating empezó a subir.
La serie se convirtió en un fenómeno cultural que hasta tuvo efectos en el vocabulario de su país (yada yada); episodios que fueron clásicos instantáneos (como "The Contest", que desafió a la censura al hablar de la masturbación) y trascendió fronteras (en la Argentina la emitió Sony desde mediados de los 90). David y Seinfeld se hicieron millonarios y famosos, como también ocurrió con Alexander, Louis-Dreyfus y Richards.
En la séptima temporada, Larry David abandonó el barco, pero Seinfeld decidió seguir adelante durante dos temporadas. En 1999, a pesar de una millonaria oferta de NBC, Jerry Seinfeld se despidió con un episodio especial escrito por Larry David, que contó con un desfile de los personajes invitados más recordados de la serie.
Ese final, en el que los cuatro protagonistas eran llevados a juicio por su falta de solidaridad y terminaban en la cárcel, fue considerado polémico. Pero si un mal final es aquel que no está a tono con el resto de la serie, el de Seinfeld es inocente de la acusación. Los protagonistas terminan encerrados, sin remordimientos, hablando de una trivialidad: el botón de la camisa de George. La misma conversación que diez años antes había inaugurado el culto por la nada.




