Una travesía de gran realización
The Amazing Race, reality show. Presentador: Harris Whitbeck. Por Canal 9, los sábados, a las 19. Por Canal 9.
Nuestra opinión: muy bueno.
Acaba de ponerse en marcha la primera temporada con realización latinoamericana del reality show mejor reconocido por la Academia de la Televisión de Estados Unidos. El respaldo de múltiples y sucesivos premios a la versión original (nada menos que 11 Emmy en 15 competencias) bien podría reiterarse si esta versión realizada para nuestro continente aspira a lograr el mismo reconocimiento: estamos ante una adaptación "llave en mano" que reproduce en plenitud la idea madre. Lo que hace Canal 9 es repetir la secuencia de capítulos que con una semana de anticipación puede seguirse en el cable a través de Discovery Channel.
Quienes han seguido las temporadas anteriores de Amazing Race por el cable saben de sobra cuáles son los mecanismos básicos de este apasionante reto: varias parejas surgidas del anonimato (aunque en cualquier momento puede aparecer un certamen con famosos) se suman a un desafío que mezcla espíritu deportivo, resistencia, capacidad de adaptación permanente a los cambios, destreza, ingenio y habilidad. Son matrimonios, parejas heterosexuales u homosexuales, padres e hijos, hermanos, amigos.
Los desafíos van desplegándose a lo largo de extensas geografías, lo que habla tanto de la magnitud de la competencia como de los desafíos que enfrenta la producción. De este modo, las diferentes etapas no sólo muestran a los equipos sorteando obstáculos y buscando la mejor manera de llegar a destino en lugares que se presentan incómodos y desconocidos. La travesía resulta, al mismo tiempo, un alarde de esfuerzo y creatividad en términos de narración, producción y edición de imágenes y sonido.
Destacada realización
En este sentido, Amazing Race logró desde el comienzo llamar la atención por su capacidad para ir más allá de lo conocido en términos de realización. Entre muchos, el mayor mérito consiste en dar cuenta del desarrollo del juego y, a la vez, en valerse de la competencia misma para sacarles el jugo en plenitud a todas las posibilidades del lenguaje televisivo puro.
Este ejercicio es lo que hace único a Amazing Race y, de paso, deja una huella indeleble difícil de soslayar en cualquier reality show de estas características que se conciba de ahora en adelante. Es cierto que, como buen exponente del género, cae en la tentación de hacer retratos a veces forzados de los protagonistas a partir de la acentuación y el subrayado de algún rasgo particular (el caprichoso, el apurado, el que vive haciendo reproches, el distraído), pero, en definitiva, lo que se impone es la adrenalina de la competencia, la notable capacidad de editores y realizadores para mezclar la visión de conjunto de cada tramo con la pintura detallada de cada pareja y, sobre todo, el valor agregado de integrar el certamen al entorno en el cual se mueve. El televidente descubre nuevos lugares junto a los competidores como si viajara con ellos, porque no tarda en identificarse con alguno de ellos. The Amazing Race, en su desembarco latinoamericano, muestra el rostro más virtuoso de los siempre cuestionados reality shows.
3,8
puntos
- El debut del reality en la pantalla abierta quedó cuarto en su franja horaria.
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