
Vuelve el amor tropical
Como ocurría en los años 80, la pantalla chica nacional ofrece una amplia variedad de tiras producidas por México, Colombia, Venezuela y Brasil, país que se perfila como el líder del mercado argentino
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Hubo una época en la que amigo se decía pana, en la que a las 17 no había nada más importante que ser partícipe necesario de la última desventura de esa chica de ojos ciegos y nombre de piedra preciosa, "Topacio"; un tiempo en el que Verónica Castro era la mujer más linda del mundo y en el que llamarse "Cristal" y Luis Alfredo era de lo más normal. Eran los tiempos del reinado de las telenovelas venezolanas y mexicanas que, una y otra vez, definían el amor entre decorados de cartón, hombreras amplias y mucho pero mucho maquillaje. En los años 80 la televisión argentina se nutría de estrellas como Grecia Colmenares, Carlos Mata o Jeannette Rodríguez y las tardes no eran las mismas sin los ojazos de la Castro. Hoy, la pantalla chica local tiene doce tiras diarias, que incluyen telecomedias como "Los Roldán", ciclos juveniles como "Floricienta" y siete telenovelas extranjeras a las que pronto se sumará una octava: "La mentira", por Canal 9.
Así, desde el lunes, ocho culebrones de diferentes orígenes, calidades y con distintos resultados en el rating ocuparán la grilla de las emisoras que tal vez busquen repetir aquel fenómeno que provocaba que Caracas, el D.F. y hasta Río de Janeiro estuvieran cerca, muy cerca.
El único ciclo de ficción que tiene América viene de México, se llama "Mariana de la noche", una historia original de una de las grandes autoras de telenovelas, Delia Fiallo ("Pobre diabla" y "María de nadie", entre muchas otras), que naufraga en el rating aunque tenga todos los condimentos que hicieron grandes a los productos de Televisa: identidades cambiadas, incestos posibles, amores contrariados, una protagonista que no deja de llorar y una villana de armas tomar. Tal vez su poca suerte -en su país tampoco le va bien- tenga que ver con la falta de una protagonista fuerte. Después de Castro llegó Thalía y después de ella, por ahora, nadie más.
Tal vez por eso la nueva repetición de "María la del Barrio" que emite Canal 9 tiene un público cautivo. El carisma de la cantante supera la debilidad del argumento y la horrenda peluca que luce en el principio de la historia. Parte de la llamada "trilogía de las Marías" que incluye a "María Mercedes" y "Marimar", esta tira es el vehículo perfecto para Thalía, que se luce en todas las escenas a pesar de que ésta no es la joya más reluciente del universo Televisa, asediado desde hace años por su competidora TV Azteca.
La telenovela tiene, como pocos otros géneros televisivos, la capacidad de encantar a su audiencia, de generar rating y, por lo tanto, muy buenos negocios. Claro que a los canales muchas veces les resulta más efectivo importarlas que producirlas, aunque en esta cuestión no hay respuestas absolutas. Si bien algunas tiras mexicanas resultan económicas de programar, no sucede lo mismo con las grandes producciones brasileñas, por las que se suelen pagar cifras millonarias con tal de tenerlas en pantalla. Así, en su momento, Canal 13 y Telefé se disputaron "El clon" apostando grandes sumas en la partida que finalmente ganó Canal 13. Después de "Café con aroma de mujer", "Yo soy Betty, la fea" y "Pedro, el escamoso", la televisión colombiana se transformó en un referente de las llamadas telenovelas de ruptura (esas que apuestan al humor o al realismo, más que al melodrama). Ya nadie recurría a las grandes empresas productoras de México o Venezuela si quería asegurarse un éxito. Quizá los productos de Venezuela fueron los más afectados por los nuevos aires. Pocos se acordaban de que cuando la "ruptura" no era un valor argumental en sí mismo, un culebrón como "La dama de rosa" (1986) tenía una protagonista, Rodríguez, acusada de narcotráfico y abandonada a su suerte por el galán de la historia, interpretado por Carlos Mata.
Después de años de quedar fuera de la pantalla chica argentina llegó a Canal 13 el intento venezolano en la novela de ruptura "Mi gorda bella", esfuerzo algo fallido que sigue, sin la misma pericia, las enseñanzas de "Yo soy Betty, la fea" y su cómica segunda parte estrenada hace poco en Telefé. Para el fanático de los culebrones de otros tiempos, "Mi gorda bella" es un verdadero viaje en el tiempo. Es que en la ficción que narra la historia de Valentina, la heroína que no puede dejar de comer, aparecen caras familiares como las de las actrices Amalia Pérez Díaz e Hilda Abrahamz. La primera, que falleció a fines de 2003, era Domitila, la mujer que criaba a Topacio en "Topacio", y la segunda interpretaba a las hermanas María Clara y María Begoña en "Abigail", la tira que hizo de Catherine Fulop una estrella internacional.
Romance en portugués
Ya se sabe, ya se dijo mucho: el doblaje es el peor enemigo de las tiras brasileñas. Lo que se dijo y se dice poco es que más allá de cómo los canales programan las producciones de ese país, hay un público que logra superar las extrañas voces y se apasiona con una intensidad que pocos culebrones provocan en sus espectadores. En los primeros años 80 fue "La esclava Isaura", la historia de una esclava blanca y su sádico amo en el Brasil anterior al abolicionismo; después llegó "Doña Flor", el relato de la vida de una famosa prostituta, y casi sobre los años noventa apareció"Vale todo", para cambiarlo todo. Raquel (la maravillosa Regina Duarte ) y su hija Fátima (Glória Pires) fueron la primera familia disfuncional de las telenovelas y de paso demostraron que las tiras eran más que mero entretenimiento. Por suerte, en los últimos años, la TV argentina recuperó el sano ejercicio de programar telenovelas brasileñas. Así, Canal 13 y Telefé cuentan en estos días con tres impecables ejemplos de lo que O Globo puede hacer. La repetición "El clon" permite hacer un recorrido distinto de la historia de Jade y Lucas, volver a ver ese capítulo imperdible y saltearse aquel otro en que parecía que los amantes nunca se iban a poner de acuerdo.
El estreno de "Siete mujeres" vuelve a dar lecciones sobre el arte de la reconstrucción de época. Situada en el sur de Brasil, en el siglo XIX, la tira cuenta la historia de la lucha del líder Bento Gonçalves contra el imperio portugués. Pero lo hace desde la perspectiva de las mujeres de su familia. Su esposa, su hija, sus hermanas y sus sobrinas serán las mujeres del título. Los primeros capítulos emitidos y la respuesta del público (ver aparte) ya anticipan un nuevo éxito de las producciones de O Globo, éxito del que ya disfruta "Lazos de familia", tira que emite Telefé. Con un relato que se anima a mostrar un romance entre una mujer de mediana edad, Helena (Vera Fisher) y un hombre más joven, Edu (Reynaldo Gianecchini) que después se enamora de la hija de la mujer, la tira, además, explora temas como el cáncer y la donación de órganos con una seriedad que provocó profundos debates cuando se emitió en Brasil.
Hubo un tiempo en que las tardes televisivas no eran terreno exclusivo de los chimentos. Antes de los escándalos en ese espacio habitaba gente de acentos llenos de curvas y suavidad caribeña que contaban encantadoras historias de amor, esas que, de a poco, la TV argentina parece dispuesta a recuperar.
Producción chilena
En Chile se producen algunas de las mejores telenovelas del mundo. Aunque el concepto parezca exagerado, es cierto. Basta con mirar por cable la señal de Televisión Nacional de Chile para comprobarlo. Cada nueva tira (ellos las llaman teleseries) que realizan gira alrededor de una temática o región del país. En su momento contaron una historia desde la isla de Pascua con más exteriores que interiores y en estos días se puede ver "Los Pincheira", una historia de asaltantes rurales ambientada en el siglo XIX. Además de TVN, Canal 13 de Chile se dedica a contar historias más osadas, como "Hippies", situada en los años sesenta.




