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El octavo álbum de estudio de The Black Keys, Turn Blue, abre con siete minutos de fuego lento y furia excéntrica. "Weight of Love" es la clase de clamor que la mayoría de las bandas se guardaría para un gran final. Pero los Keys –el guitarrista y cantante Dan Auerbach y el baterista Patrick Carney– y su coproductor Danger Mouse arrojan toda su osadía ahí adelante en una tensión creciente de guitarra acústica que retrata un paisaje desértico. En cierto sentido, "Weight of Love" es una vuelta a los clásicos para los Keys: al blues pesado. En otros, ese tumulto es un paso gigante hacia el mejor y el más consistente disco que los Keys hayan hecho. Y eso incluye a Brothers, su exitazo de 2010.
Todavía está ese vigor minimalista de los primeros discos de los Keys de hace una década. Pero acá hay una severidad más descarada, más rica y más directa en sus alusiones al hip-hop, su dinámica de rock monumental, sus florituras pictóricas de estudio y una destreza comercial poco convencional.
"Gotta Get Away" tiene un final inesperado: rock directo con un estribillo caliente, al igual que "Train in Vain", de The Clash, el single exitoso que le puso el signo de exclamación a London Calling. Si The Clash era épico, Turn Blue es apocalíptico: lleno de riesgo, angustia y recompensas. Pero cuando Auerbach canta: "No puedo dejar el asfalto" al final del tema, sobre los saltos desatados de Carney, suena como si la banda ya estuviera en su próxima encrucijada.
Por David Fricke




