
En 1980, Pink Floyd levantó una pared que aún hoy sigue aumentando de tamaño. Ahora, la grabación de los escasos shows con los que el grupo presentó la obra de Roger Waters verá por fin la luz, en un lujoso cd doble… veinte años más tarde.
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Julio de 1978. islington, londres. reunión de preproducción para el nuevo álbum de pink floyd. La escena musical inglesa estaba dominada por rabiosos jóvenes punks que querían eliminar las barreras entre los grupos y el público: terminar con la brecha entre los que estaban arriba y quienes estaban abajo del escenario. "¡Basta de grandes escenografías, juegos de luces, hielo seco!", decían. Imagínense, entonces, las caras de asombro de David Gilmour, Rick Wright y Dave Mason cuando Roger Waters les propuso, como leitmotiv de su nueva obra, el levantar una pared en escena, que se fuese construyendo ladrillo por ladrillo, de modo que al terminar el concierto hubiese un muro entre la banda y el público.
Parecía un completo suicidio comercial y artístico; sin embargo, The Wall probó ser la obra más popular y perdurable de la carrera de Pink Floyd, junto con The Dark Side of the Moon.
El álbum lleva vendidas hasta el momento más de 23 millones de copias -lo cual lo ubica en el tercer puesto entre los discos más vendidos de la historia- y la película de Alan Parker, filmada en 1982, con Bob Geldof en el papel principal más la espeluznante y majestuosa animación de Gerarld Scarfe, se convirtió en uno de los grandes films de culto de todos los tiempos y acaba de ser aggiornado para el formato dvd.
Abril de 1968. londres. adiós, diamante loco.
Pink Floyd había sufrido su primer trauma grupal cuando su guitarrista, cantante y compositor original, Syd Barrett, debió ser desplazado de la banda debido a su comportamiento errático, consecuencia de un excesivo consumo de drogas que acentuó problemas mentales subyacentes. Su reemplazante, David Gilmour, tomó las riendas en lo musical y Roger Waters pasó a ocuparse de las letras y del concepto temático del grupo.
Durante los inicios de la década del 70, Pink Floyd se convirtió en el prototípico grupo de rock espacial; sus shows incluían largas exploraciones instrumentales y sofisticados juegos de luces. Con los años, sin embargo, la banda se transformó cada vez más en un vehículo para las ideas de Waters. El primer gran triunfo de Pink Floyd con la tutela autoral de Roger, The Dark Side of the Moon, ya exploraba los temas que se volverían una obsesión en trabajos posteriores: la guerra, el poder, la alienación del hombre contemporáneo y su producto final, la demencia. Wish You Were Here lidiaba con los problemas de la fama y la soledad; mientras que Animals ensayaba una virulenta crítica al dividir a la sociedad en perros, cerdos y ovejas, a la manera de George Orwell en su novela Rebelión en la granja.
El concepto de The Wall, sin embargo, llevaba todas las obsesiones de Waters un paso más allá. Tuvo sus orígenes en la gira mundial de Pink Floyd de 1977, bautizada In The Flesh. A pesar del gran éxito que había tenido con los álbumes The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here, era la primera vez que el grupo inglés hacía una gira completa en estadios, tocando para más de 100 mil personas por noche. Aunque la tournée resultó muy lucrativa, en esa época era desastrosa la comunicación entre los cuatro integrantes de la banda. Waters, en especial, se sentía alienado por la abrumadora experiencia de tocar en estadios y comenzaba a abrigar sentimientos de odio hacia esas audiencias que rugían noche tras noche esperando escuchar "Money". Finalmente, en Montreal, delante de 90 mil personas, a Waters le saltó la térmica. Creyendo que un fan estaba hostilizándolo, lo atrajo hasta el borde del escenario y le escupió en la cara. Desde ese momento, horrorizado por su propia conducta, Waters comenzó a concebir la idea de una barrera física -una pared- entre él y la audiencia.
-Me vino la idea de que cada uno de los ladrillos de esta pared podían ser diferentes aspectos de mi vida y de las vidas de otras personas -dijo Waters-. Así empecé a ensamblar la historia.
La historia gira alrededor de una estrella de rock, Pink, quien, a punto de empezar una gira masiva por los Estados Unidos, sufre un colapso durante el cual revive todos los dramas de su vida: su padre muerto en la Segunda Guerra Mundial (al igual que el de Waters); las humillaciones sufridas en la escuela a manos de profesores tiránicos; una madre sobreprotectora; una esposa infiel y -sumado a todo eso- las presiones que le trae su estatus de rock star. Todos esos traumas lo han llevado a levantar una coraza mental, un muro psíquico que oculta sus emociones frente al resto de las personas. Finalmente, en un cuarto de hotel, su mente sobrecargada entra en cortocircuito y, después de una orgía de destrucción de mobiliario hotelero -en la mejor tradición del rock & roll-, Pink renace como líder de masas, racista, homófobo; en definitiva: un fascista. Ni siquiera esta transformación lo salva del asalto final de sus fantasmas, que se corporizan en un juicio espectral y culminan en una condena: Pink debe expiar su culpa... tirando abajo la pared.
1979. los angeles. sesiones finales de grabación para "the wall" Había otra pared dentro de Pink Floyd. Venía erigién-dose lentamente entre Roger Waters y los demás miembros de la banda. El éxito de The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here y Animals había consolidado su papel de ideólogo del grupo, pero -según sus compañeros- también había potenciado su apetito por el control llevándolo a extremos tiránicos. La fricción entre Waters y Gilmour se fue volviendo especialmente grave a partir de Animals y llegó a un pico de tensión durante las sesiones de The Wall. Waters insistía en que sus ideas temáticas no quedasen sumergidas en la música y Gilmour, responsable del aspecto melódico y estructural del sonido de Floyd, quería asegurarse de que su participación en el álbum fuese tan importante como la de Waters. Para salir de la "zona muerta", el grupo buscó la mediación de Bob Ezrin, un exitoso productor que había trabajado con Alice Cooper, Kiss y Peter Gabriel. Su presencia fue vital para asegurar el balance creativo entre los dos músicos distanciados: Ezrin tuvo la autoridad necesaria como para poder exigir cambios en las letras y darle a The Wall una secuencia lógica.
La guerra de nervios en que se habían transformado las sesiones se cobró, no obstante, una víctima. El tecladista Rick Wright sentía que su colaboración musical era menospreciada por Waters. Eso, sumado a una crisis personal, hizo que su aporte creativo a The Wall fuese mínimo. Exasperado, Waters -con la anuencia de Gilmour- le pidió la renuncia, pero le propuso participar en la gira de presentación de The Wall como músico asalariado.
La presentación en público de The Wall fue una empresa de extraordinaria complejidad. Incluyó cuarenta y cinco toneladas de equipos y una potencia escénica de 45 mil watts. La banda pronto comprendió que el show era demasiado grande como para realizar una gira convencional de rock; por lo tanto, optó por montar una seguidilla de recitales en cuatro grandes ciudades: en el Sports Arena, de Los Angeles; en el Nassau Coliseum, situado en las afueras de Nueva York; en Westfallenhalle y Dortmund, Alemania, y en el Earl’s Court, de Londres. Cada noche, un puñado de operarios construía una pared de 40 metros de frente por 20 metros de alto, mientras Pink Floyd interpretaba la música de The Wall. Al llegar a la mitad del concierto, la pared estaba terminada y los cuatro músicos se hallaban completamente ocultos de la audiencia. Pero ése era sólo el principio: durante la segunda parte, pedazos enteros de la pared de cartón se rebatían para transformarse en decorados y escenas de la obra; por ejemplo, Pink (interpretado por Waters) en su cuarto de hotel. Las siniestras caricaturas de Scarfe atormentaban al protagonista desde gigantescas proyecciones de diapositivas sobre la pared, y podía divisarse a David Gilmour encaramado en lo alto del muro para tocar el famoso solo de "Comfortably Numb". Al final, como en el film, la pared se venía abajo con un gigantesco estrépito que debe haber erizado los pelos de las primeras diez o quince filas de espectadores.
El gigantesco show de The Wall fue un triunfo artístico, pero la magnitud de la puesta, con sus costos faraónicos, hizo que Waters, Gilmour y Mason terminaran con las cuentas en rojo. Irónicamente, el único que ganó dinero fue el desplazado tecladista Wright, que estaba a sueldo.
Abril del 2000. londres. vigesimo aniversario. Hasta ahora no existía documento alguno (oficial, ya que circulaban varios piratas) de los escasos conciertos de presentación de The Wall. No obstante, a la industria discográfica siempre parece quedarle un as en la manga y en estos días, celebrando los veinte años de la edición del álbum original, el sello emi pone en el mercado Is There Anybody Out There? The Wall Live, un cd doble que documenta las actuaciones de Pink Floyd en 1980 y 1981 en el estadio cerrado de Earl’s Court, en Londres. emi publicará dos versiones de The Wall Live: una estándar, con dos cds y un booklet de 28 páginas, y otra de lujo, que tendrá un libro de tapas duras con fotos del show y opiniones de los participantes. El arte estuvo a cargo de un viejo colaborador de Pink Floyd: Storm Thorgeson, factótum de la empresa Hipgnosis, que realizó cientos de portadas de rock entre los años 60 y los 80. La mezcla y el armado fue obra de otro antiguo allegado al grupo, el ingeniero James Guthrie, quien debió escuchar las cintas de siete conciertos de The Wall para ensamblar el máster. Además de los temas conocidos, The Wall Live incluye material que estuvo ausente en el álbum original, como "mc: Atmos" -una serie de segmentos hablados y otros elementos extramusicales, ubicada antes del tema "In The Flesh"- y la canción "What Do We Do Now?", que fue suprimida a último momento del disco de 1979, pero que estaba presente en la versión fílmica de The Wall. Otra novedad es "The Last Few Bricks", un instrumental ubicado hacia el final del primer cd, entre "Another Brick In the Wall, Part 3" y "Goodbye Cruel World". El tema contiene elementos de canciones de la primera parte del show ("Empty Spaces", "Young Lust" y "Another Brick In the Wall", partes 1 y 2) y fue incluida para que los utileros tuvieran tiempo de completar la construcción de la enorme pared de ladrillos de cartón, que era la parte central del espectáculo.
Para Roger Waters, los conciertos de Earl’s Court fueron únicos:
-Fueron los mejores que hicimos con Pink Floyd. The Wall es parte de mi historia, es cierto, pero pienso que sus temas básicos les resultan familiares a muchas personas. En especial la idea de que, como individuos, se nos vuelva necesario evitar o negar los aspectos dolorosos de nuestra experiencia pasada. [Esos aspectos se transforman en] ladrillos de una pared que a veces nos da refugio, pero que también se vuelve una muralla que no deja salir nuestras emociones.
La relación de Waters con The Wall se renueva constantemente. En 1990 montó una puesta monumental de la obra en Berlín, para celebrar la caída del famoso Muro que dividía a las dos Alemanias y que durante tres décadas fue el símbolo de la Guerra Fría. Van Morrison, Joni Mitchell, Sinéad O’Connor, Bryan Adams y miembros de The Band fueron parte del elenco multiestelar. Waters recibe todo el tiempo pedidos de autorización para representaciones estudiantiles de The Wall (por lo general los concede) y actualmente se encuentra ocupado en una adaptación para el teatro. ¿Cómo ve el autor a su obra, a más de veinte años de haberla escrito? La respuesta la da el propio Waters en el libreto que ilustra Is There Anybody Out There? The Wall Live: "Estoy muy orgulloso de haber hecho The Wall. Pienso que tiene un hilo narrativo fluido, buenas canciones, y que es un ejemplo de rock teatral bien concebido. Quién sabe... Tengo apenas 56 años, pero tal vez The Wall sea lo mejor que hice en mi vida".






