
El provocativo productor dance de la nueva generación habla de la pista promiscua y el revival de la rave.
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Tiga es un muchachito lindo de Montreal que, hace algunos años, cuando la cosa en las pistas se puso un poco más solemne de lo quea él y a toda una generación de ravers fritos les hubiera gustado, se calzó unos lentes negros marca cañón y salió a la noche a reflotar un viejo hit descartable de Corey Hart, otro vecino casi famoso de la Nueva York canadiense: la versión de “Sunglasses at Night” (grabada a dúocon Zyntherius) le sirvió para sumar handicap durante el sacudón electroclash (esos días en que Thomas Dolby volvió a ser un nombre en uso) y, de paso, para convertirse en un pequeño gurú estético de lo que sería la música dance de principios del siglo xxi. Ironía, amabilidad dudosa, polisexualidad, mezcla de ritmos, versionismo compulsivo,arrogancia, inteligencia artificial, frivolidad autoconsciente, retro inexcusable, artes combinadas, sentimentalismo cálido y frío, pibes y coqueterías.
El ciudadano del mundo Tiga Sontag, entonces, que curiosamente comparte apellido con la celebérrima Susan (pensadora que escribió uno de los pocos ensayos existentes sobre lo camp tres décadas antes de que Tiga pretendiera trasladar ese concepto al dancefloor), es hijo de un disc jockey que, en la década del 80, se lo llevaba entre sus bártulos de viaje laboral a Goa, India, donde el pequeño asistió a la invención del trance y de ese alucinado y frenéticolenguaje corporal que, en esas noches, se le presentó como lo más cercano al esperanto que podía conseguir un adolescente con ganas desoltar amarras. Previsiblemente, Tiga siguió los pasos de papá y en los 90 fue el pinchadiscos estrella de Quebec, el joven peregrino que llevóel acid house al próspero este de Canadá y que importó las raves. Así fue como Tiga desarrolló la pyme Tiga allá en el norte, atendiendo las demandas de la trasnoche vanidosa y cultivando una elegancia abrillantada y escrupulosa.
Su anhelo de autor comenzaría a cristalizarse a partir del 2000, el tiempo en que se graduó en versiones (de Soft Cell a Nine Inch Nails) y empezó con las canciones propias. En ese periplo, su gran aporte como sintetizador de época puede que sea su disco para la serie dj Kicks, del sello !K7, en el que vuelca esa promiscuidad musical que hoy parece establecida como decreto de necesidad y urgencia en las cabinas del mundo. Aquel disco –pieza clave del diyeísmo de autor– tenía un final que era un alarde de sarcasmo y silicona, dos canciones que trazaban una ruta de polvo estelar entre los condominios de Mulholland Drive y los depósitos electro de la Berlín reintegrada. “The Biggest Fan” (Märtini Brös) y “Madame Hollywood” (Felix Da Housecat) condensaban toda esa magia de cotillón: “Yo soy mi máximo admirador”, decía Tiga usurpando un eslogan bastardo.
Amigo y colaborador de los Scissor Sisters, LCD Soundsystem y Soulwax, el canadiense lanzó este año su demorado primer disco de canciones, Sexor, que si bien no tiene la cohesión de sus álbumes como mezclador, confirma que, además de productor, es un compositor inteligente. Antes de viajar a Buenos Aires para hacer suset en Creamfields, Sontag atiende el teléfono en su casa en Montreal, donde está de escala por una semana entre viaje y viaje. Mientras paga cuentas pendientes a cobradores a domicilio y responde a las exigencias de un perro con síndrome de dueño ausente, el golden boy interpreta el papel del artista bendito y se pronuncia con la suavidaddel plush.
–Proyectás esa voracidad sexual ambigua, y no casualmente tu disco se titula Sexor. ¿Hay una nueva forma de sex appeal en las pistas?
–Durante muchos años, la música dance tuvo mala reputación por carecer de personalidad, de sex appeal, de una identidad real. Era un montón de música hecha por gente anónima para gente que se drogaba mucho, una idea demasiado utilitaria, demasiado funcional alrededor de la música. Y creo que de un tiempo a esta parte, hay un grupo de personas –entre las que me cuento– que, sin renunciaral componente funcional de la música y del oficio del dj, no ocultamos nuestra personalidad, nuestro carácter. Apelamos al style y a elementos de la música pop y del rock & roll. Pero estamos hablando de cosas básicas que todo el mundo quiere. Todos buscamos lo mismo en la música: queremos que suene bien, que tenga algo de misterio, algo de drama, que todo sume a la experiencia. Y en la música dance, durante un tiempo, la experiencia estuvo ausente.
–Hablabas de estilo. Parecés dedicarle un tiempo a tu imagen,tanto en indumentaria como en videos.
–No tengo instrucción en nada, pero me ocupo de todo lo que implica el proceso creativo de mi trabajo: la música, el arte de tapa, los videos. Me interesa que todo el cuadro se vea bien. Lo mismo sucede con la ropa. Podés elegir vestirte mal, como que no te importa, o podés vestirte con ropa buena, o medio loca... Como sea, el proceso deberíaser creativo. Me interesa diferenciarme del resto, ser único. No me preocupa demasiado el resultado, sino ese proceso. Es lo que diferencia la expresión de la moda. Yo no estoy obsesionado con lamoda, ni con ser in, casi no uso marcas caras... Y con la músicaigual: no pienso en componer o producir a la moda, aunque a veces coincida con la moda.
–Pero te fuiste convirtiendo en un ícono de lo cool.
–Es lindo que te lo digan, pero la verdad es que no me siento un ícono: en este momento está lloviendo en Montreal, me fui a comprar una onza de pan, me hice un sandwich. No sé... Me importa es que valoren mi música, que otro productor me diga que le gusta lo que hago.
–¿Cómo es tu relación con Montreal? ¿Estás anclado afectivamente a la ciudad o te considerás más bien un ciudadano del mundo?
–Hasta hace unos tres o cuatro años yo era muy montrealés. Sentía un gran orgullo de pertenecer a esta ciudad. Toda mi vida he viajado mucho, tuve muchas oportunidades de mudarme y siempre terminé volviendo acá. Sin embargo, en los últimos tres o cuatro años he estado viajando tanto que, en verdad, como decimos por aquí, micasa es sólo el lugar donde cuelgo el sombrero. Así que sí, me considero un trotamundos, me siento cómodo en cualquier parte, y de hecho mi conexión con Montreal cambió drásticamente. Antes tenía una vida social híper activa, pasaba música varias veces a la semana, me conocía todos los lugares... Y ahora no conozco nada, soy un visitante;están mi familia, mis amigos y mi club de fútbol. Pero la verdad es que, cuando vuelvo después de un tiempo largo de estar viajando, caigo un domingo a casa y me relajo: me quedo con mi novia, leo, juego al fútbol…
–No te imaginaba futbolero.
–Soy un enfermo. Juego tres veces por semana. Aprovecho para saludar a Messi: lo amo, soy del Barcelona.
–Volviendo a la música, ¿a qué artistas actuales admirás que sean a la vez autores y productores? –
Scissor Sisters son muy buenos compositores de canciones. James Murphy [de lcd Soundsystem], por supuesto, es muy inteligente. También me gusta mucho [el dúo sueco] The Knife: una mezcla de Kate Bush con bases electrónicas, algo de techno. Son mis favoritos actuales.
–En Inglaterra se está hablando de un revival de la rave. Como testigo de las dos épocas, ¿darías fe?
–Mirá, la fiesta de lanzamiento de Sexor la hice en Londres,en la disco The End, y contraté a los Altern-8, una vieja banda de la época raver a la que sacamos del retiro para que viniera a tocar. El show fue increíble, la gente absorbió esa excitación que transmitían. Este revival de la rave, antes que nada, se siente en la música: hay mucho techno y una vuelta al espíritu clubber. Las raves siempretuvieron sentido del humor, y una fuerte noción del impacto. La mentalidad era: podemos hacer cualquier cosa. Podés agarrar un track electrónico e insertarle samples de los Beatles, meterle bronces, flautas, lo que se te ocurra. Esa era su máxima.
–¿Y creés que eso dejó de ocurrir alguna vez?
–En los últimos tres años la música minimalista se había hecho demasiado popular. La reacción fue: pará , no somos androides, no tenemos que estar todo el día escuchando clic, clic, clic... ¿Qué pasa si nos deliramos un poco? Y ahora hay una especie de feeling raver enlas mezclas de los djs, un sonido sucio y fuerte, donde predominanlos grandes estribillos, las líneas de bajo gordas... Cada vez se escucha más ese sonido.
–Y el lado social de la rave: ¿creés que es posible –o necesario–replicarlo a esta altura?
–Lo que pasa es que las raves siempre fueron cosa de chicos: a mí me cambiaron la vida cuando tenía 17, 18 años. Empecé a tomar éxtasis, a usar ropa rara, y me enamoré. Pero es una cosa muy juvenil. Los chicos siempre quieren diferenciarse. Y en los últimos años, después de tanto indie, de tanto rock de guitarras y pantalones achupinados,después de tanto Strokes, lo que está pasando es que muchoschicos empiezan a descubrir la música electrónica. Y no es música electrónica aburrida, sin personalidad, sino una nueva generación de ravers y djs que lo mezclan todo. Eso es lo que está pasando en Inglaterra. Desde luego, las drogas siempre juegan un papel importante.
–¿Creés que hay una vuelta a las drogas de la rave?
–¡Eso espero! Personalmente, prefiero estar en un ambiente con gente que está de éxtasis, ácido u hongos que en un ambiente con gente que tomó cocaína y alcohol.
–En este panorama, tu disco para dj Kicks de hace tres o cuatro años parece adquirir un mayor valor de época.
–Sí, todavía suena fresco, ¿no? Para mí era importante en ese entonces hacer un disco que no fuera obvio, que funcionara con cierta profundidad. Creo que lo que pasó hace cuatro o cinco años es que las paredes que separaban todos estos estilos se cayeron definitivamente. Para algunos djs –como yo– eso siempre había sido así, pero paraotros fue una experiencia reveladora. Ahí está la riqueza: en la combinación. Lo tenés a Robbie Williams con discos bailables cool, Madonna haciendo disco trance británico de los 80... Y hoy hasta los malos djs están buscando combinar géneros, y los peores de todos, los más main y chatos, están tratando de ser irónicos, de poner discos de AC/DC en medio de sus sets. Pero incluso eso está bien. Era hora de que pasara.
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