Siri Hustvedt
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Un hombre casado
Mujeres, el arte y una muerte clave en la novela por la que Siri Hustvedt deja de ser la mujer de.
¿puede una obra de arte llevarnos sin escalas a una relación sexual? Tal vez, si se trata del cuadro de una mujer de espaldas, con una mancha violeta en el brazo, como un moretón, que parece haber sido creada por el pintor con la presión de su propio pulgar, la respuesta es sí. Si en el cuadro, además, se ve un zapato yéndose, dejando la habitación en la que está la mujer, el deseo que despierta es aún mayor. Esta es, al menos, la reacción que esa imagen le provoca a Leo Hertzberg, protagonista de Todo cuanto amé . El cuadro lo conduce a la excitación. Pero también a querer conocer a su autor. Finalmente, la escena en la que Leo ve por primera vez el cuadro de Bill Wechsler es el comienzo de una profunda amistad.
Lo importante, sin embargo, no es que Leo se excite con el cuadro de Bill. Ni tampoco que quiera a toda costa conocerlo y que luego, a pesar de sus diferencias, se hagan amigos entrañables. Lo importante es que la autora bucea en la mente de este hombre casado que ve todo con ojo de crítico de arte, y se mueve en un mundo de relaciones y apariencias que tapan las verdaderas pasiones. Mujeres bellas e interesantes lo rodean y crean el misterio de la tensión sexual. Dos amigos, la esposa de uno, la ex y la actual del otro son personajes suficientes para que los lazos se crucen y se enreden.
Fiel a la tradición norteamericana en la que, a pesar de ser de origen noruego, está totalmente inscripta, Hustvedt incorpora el thriller , el dato macabro, en este drama psicológico. Una muerte desestabiliza el statu quo que logran los personajes. Y eso hace trastabillar el amor, pero, sobre todo, el deseo. La libido se confunde y provoca extrañas reacciones. Y la autora se anima a experimentar, si no demasiado en el plano del lenguaje, por el camino de la psiquis.
Mucho más caliente que su tibio Hechizo de una mujer , Todo cuanto amé es la prueba de que el atrevimiento puede ser un gran amigo de la buena literatura. Aquí los personajes no sólo aman y sufren, sino que también se ven movidos por las pulsiones más primarias. Es probable que, a partir de este libro, Hustvedt se afiance como autora y deje de ser conocida como la mujer de Paul Auster.
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