Trap, el nuevo pop que satisface a la sedienta industria discográfica
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"Despacito" fue solo el comienzo, la piedra que cayó con fuerza en medio de un mar calmo. La onda que despertó un tsunami latino que encontró en el trap a su vocero ideal para seguir expandiendo el sonido que hoy domina la industria discográfica global.
Mientras muchos se preguntan qué es el trap, sus exponentes dan forma a una "nueva religión", como le gusta decir al portorriqueño Bad Bunny, el nombre que encabeza la escena, un Michael Jackson en términos de impacto.

Como el rock and roll en su momento y la cultura rock desde los 60 a la fecha, el trap genera a su paso rechazos, gritos de indignación e insultos. En pararelo, esta música se revela como la que logró el mejor maridaje con la cultura del streaming. Así como la televisión tradicional no entiende o no quiere entender cómo pierde terreno a manos de Netflix, el rock frunce el ceño, mira al pasado y se abraza al vinilo, dejando en manos de los nativos digitales las poderosas herramientas con las que la industria discográfica se regeneró: Youtube y Spotify.
Ni Bunny ni "nuestro" Duki necesitan encerrarse meses en un estudio para salir de ahí con un disco. El peso que antes tenían 12, 14 temas, ahora se logra con una sola canción, un video de alto impacto y, en lo posible, dos o tres voces compartiendo el rol protagónico. El feat o colaboración es una poderosa herramienta que, de Norte a Sur y viceversa, la industria está exprimiendo como nunca antes. Un caso paradigmático es el del nuevo fenómeno del hip hop y el R&B norteamericanos, Cardi B, quien en "I Like It" reúne a Bad Bunny y J. Balvin. Y también se encarga en sus redes sociales de "generar intercambio" cuando canta unos versos de Cazzu, mientras de fondo suena "Toda (remix)", el tema que la jujeña grabó con el portorriqueño Alex Rose.
Duki llegó al Gran Rex en mayo y al Luna Park en octubre; el cordobés Paulo Londra se convirtió en el argentino más escuchado en Spotify (en 2017 y con el impulso del espectáculo del Cirque du Soleil, ese sitio había sido para Soda Stereo): los 13 millones de oyentes mensuales que promedia lo ayudaron a llegar al puesto 149 del ranking global. "N.A.V.E.", una canción que Cazzu lanzó hace dos meses, ya tiene 10 millones de vistas y "Puedo ser", que lleva cuatro meses de vida en Youtube, casi 20 millones. Las comparaciones son odiosas, pero "La pregunta", de Babasónicos, en el mismo período de tiempo, no alcanza aún los 8 millones de vistas. La revolución del trap está en marcha y recién parece haber vivido su primer capítulo. En febrero protagonizará su gran festival en el Hipódromo de Palermo y a fines de marzo, en Lollapalooza , estará muy bien representado en los tres días y en varios de sus escenarios.
Hijo de esa larga noche de amor entre el hip hop y la electrónica, el trap es el espejo en el que se reflejan las nuevas divas del pop global, desde las norteamericanas Cardi B y Becky G (ambas con sangre latina en sus venas) hasta la española Rosalía. Si su "primo mayor", el reggaetón, resultaba y resulta machista, el nuevo sonido, aún lejos de ser equitativo, se descubre como más amplio.
En 2018 el trap avanzó unos cuantos casilleros. Del under al mainstream, de las redes sociales al streaming, la industria discográfica parece haber caído "en su trampa". Mientras otras músicas no saben cómo reformular su propuesta, esta avanza con la naturalidad y el empuje de una nueva generación. Y en lugar de pedir por su lugar, simplemente lo toma.
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