Tres días para el récord
Entre hoy y el domingo actuarán en Buenos Aires Andrés Calamaro, Bob Dylan, los Rolling Stones y De la Guarda, pero el de mañana puede convertirse en un día histórico: entre los tres shows podrían sumar alrededor de 90.000 espectadores.
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Las próximas 72 horas serán a toda orquesta: entre los dos recitales de Andrés Calamaro, los dos de Bob Dylan y los Rolling Stones y las dos funciones de "Período Doma", de De la Guarda, Buenos Aires se prepara para un fin de semana de shows masivos.
El que arranca la serie, que llegaría a su pico mañana, en el que la coincidencia de los tres espectáculos podría reunir a casi 90.000 personas -entre las 65.000 de los Stones, 12.000 de De la Guarda y 7500 de Calamaro-, es este último.
Y se hace difícil llegar hasta Andrés. Pero no por las 180 mil placas vendidas de "Alta suciedad", ni por aparecer en tanta revista, ni por haber hablado de un porrito, de Massera o de Charly García. Ni siquiera por las miles de veces que su tema "Flaca" se escuchó por todos lados.
No, en este caso la dificultad tiene la forma concreta de un hombre que, escopeta en mano (y dedo en el gatillo), recibe a quienes llegan a la quinta de Pacheco, "la quinta de los Abuelos, o de los Buitres, se llama así", diría Calamaro un rato después. Un poco más adentro hay otros custodios: todos ellos están allí desde que el lunes 23, a la mañana, la quinta fue asaltada.
Aquí está, entonces, preparando sus presentaciones de hoy y mañana en el Luna Park. "Que no serán muy distintas de las del Gran Rex. Siempre intentamos cambiar o mejorar un poco el show, pero fundamentalmente es el mismo."
Sigue siendo, entonces, la presentación de "Alta suciedad", su primer disco en la etapa pos-Rodríguez y que no sólo ha funcionado bien aquí. Ya vendió más de 100 mil en América latina y 150 mil en España. Un disco que terminó de grabar hace casi exactamente un año ("un 22 de marzo, a las 6 de la mañana, en Miami. Al salir del estudio llevamos a Joe Blayney, el productor, al aeropuerto y nos volvimos contentos, con el primer sol de la mañana. Habíamos terminado el disco").
Un año intenso con disco, promociones y el desafío de armar una banda para tocar las canciones. Entre mate, zapada y concentración, todo estuvo listo para salir de gira por nuestro país y América latina. "Esta gira -insiste- es la que respeta al disco. Los conciertos tienen que ser independientes de la promoción del disco, pero me parece bien dedicar este primer tramo de la gira al repertorio de Alta suciedad. Aunque, a fin de año, me gustaría haber cambiado por lo menos el 50 % del repertorio que hacemos. Pero sí, fue un año difícil para mí, pero que terminamos con gloria en el Gran Rex ".
Mientras Andrés conversa con La Nación , parte de los músicos y asistentes improvisan una tardía picada en el jardín y, españoles al fin, se quejan del jamón crudo que aquí consiguen. Para evitar tanta nostalgia, Víctor, entretanto, prepara una auténtica paella. La custodia, está visto, no altera los ánimos ni los hábitos.
Calamaro recuerda que su disco salió en España "la misma semana que "Babylon", de los Stones, y "Time Out of Mind", de Bob Dylan". Dos nombres clave que tocarán juntos, en Buenos Aires, la misma noche que él en el Luna Park.
"Cuando salió el disco de Dylan yo estaba en Barcelona, haciendo promoción o grabando el video de "Loco", no recuerdo bien. Sí recuerdo que fui a la Virgin y me compré tres. Uno para regalarle a Sergio Makaroff, y un compacto y un cassette para mí, para ponerlo inmediatamente en el coche. Lo escuché no menos de cien o doscientas veces".
Lo irá a ver, entonces, pasado mañana. "Voy a verlo siempre que puedo." Pero no menciona el parecido que él mismo tiene con Bob en foto de la tapa de "Alta suciedad". Pero asegura: "Me gustaría que se llevara una copia de mi disco. Va a tener dificultades para entender los textos, pero no más de la que tengo yo para entender los de él y sin embargo lo quiero", remata bromeando.
Los Rolling Stones, en cambio, lo atemorizan. Aunque sí, claro, también quiere verlos y sueña con darle la mano a Keith Richards. Pero les teme a los ritos colectivos. "No me gusta ver a una multitud tarada por la misma cosa, soy de esa estirpe. De chico iba al cine Arte a ver películas difíciles y, no sé si será la clase de barrio al que pertenezco, pero no me conmueven mucho esos ritos".
Andrés es, claro, de esa generación que aguardó año tras año, por largo tiempo, que llegaran los Stones. "Me gustaría tener 16 o 20 años y que vengan a tocar los Rolling Stones a la Argentina como le está pasando a mucha gente ahora. Tal vez me hubiera dado cuenta de muchas cosas antes si los hubiera visto quince o veinte años atrás".
En la larga espera debe de haber escuchado infinitas veces los temas que están tocando en esta gira. "De ellos tengo muchas lecciones más aprendidas que estudiadas y siempre los voy a sentir, cada vez que toque o escuche una guitarra los voy a estar adivinando. Pero me preocupa, entre la multitud, no conmoverme esta vez. Para mí la pasión Rolling Stones siempre fue como un código: ellos tienen mucho que ver con nuestras ganas de ser músicos y de tocar música toda la vida".
Entre tanto rock, encontró su rinconcito en las canciones. "Entre mis favoritos están Steely Dan, los Beatles, Bob Marley. Aunque todos ellos están en el cielo y yo en la tierra, metafóricamente. Allí es donde encontré mis posibilidades, con sonidos, armonías, instrumentaciones e intención de rock and roll, hacer canciones con su propia carga de derrota, de sentimentalismo. Esotéricas y metafísicas", arriesga, con su estilo de surfear pensamientos.
Así es como anda por ahí, diciendo lo que no debe sobre Massera ("no me temblaría la mano para apretar el gatillo"). "Qué sería -dice como si olvidara lo público que se ha vuelto su nombre- si todos nuestros diálogos salieran en la tapa de Crónica". Asegura que no esperaba semejante notoriedad. La lección aprendida entonces es: "No siempre hay que decir lo que uno piensa, como diría Vito Corleone. O, pensando en Hunter Thompson, ahora que sale la Rolling Stone en castellano, diría: mucho miedo y asco en la Argentina, parafraseando la suya sobre Las Vegas. Cualquiera puede pensar algo semejante en voz alta y en voz baja, pero mis consiglieri me dijeron "Andrés, no digas nada por segunda vez".
Entre la Sole y Mores
No sólo de rock and roll vive el hombre. Calamaro tocó tangos con Mariano Mores, invitó a Soledad a subir al escenario del Gran Rex y es amigo de la Mona Jiménez.
"Con la Mona somos buenos amigos. El año pasado, en Córdoba, nos invitó a un asado, nos prestó parte de su vestuario, nos abrió las puertas de su casa y de sus amigos y vino al escenario a darnos su bendición cordobesa. Ahora me invitó a hacer algo en su disco número 62. Estoy encantado de grabar con él, de ser su amigo".
¿Consolidación de la apertura del rock hacia el folklore? Andrés está seguro de que es así, y enumera antecedentes: "Laura va", "Yo vivo en una ciudad", los bandoneones de Alas.
"Yo soy de un barrio y de una generación que no despreciaba nada. Crecí escuchando muchos estilos musicales, soy de una clase de porteño que estuvo muy empapado, desde chico, del folklore latinoamericano, combativo en algunos casos, del tango, el jazz y la bossa nova; Les Luthiers y de rock argentino y de Beatles. Tal vez tiene que ver con las palabras de los Twist, te acordás, aquello de Los Twist, Gardel y Perón".
Proyectos
Acaba de grabar "Adagio a mi país", de Alfredo Zitarrosa, para el disco "Pampa del Indio", que está produciendo su hermano Javier junto a la Fundación de Artistas Solidarios. "Participan Gieco, Mercedes Sosa, Las Pelotas, Peteco y otros. Es un disco para ayudar, cada CD que se venda será un pedazo de tierra recuperada".
Servirá, dice, para que las próximas generacioens de tobas tengan su casa. "Sería milagroso que a través de las canciones se pudiera solucionar el problema de una raza argentina. Javier lo está intentando y nosotros lo ayudamos con honor".






