
Tres tiempos para el teatro nuestro
1 minuto de lectura'
Marcado como un acontecimiento para el teatro nacional, Teatro Nuestro propone una alternativa interesante en materia de producción teatral. En la sala Carlos Carella se ofrecen, en diferentes horarios, tres obras breves de autores argentinos. El requisito temporal no disminuye la calidad de la propuesta, que adquiere magnitud por los textos, la actuación de grandes figuras y la dirección de los espectáculos.
A propósito del tiempo
Nuestra opinión: Muy buena. "A propósito del tiempo", de Carlos Gorostiza, con Cipe Lincovsky, Juan Carlos Gené y Ulises Dumont. Escenografía y luces: Tito Egurza. Vestuario: Daniela Taiana. Dirección: Javier Margulis y Rubens Correa.
El tiempo implacable que marca los minutos ya vacíos de esperanza vuelve a estar presente en esta nueva obra de Carlos Gorostiza. No se trata del simple tránsito de las agujas del reloj, sino de un péndulo que golpea como un latido sobre la vida de un matrimonio que está, simplemente porque no puede dejar de estar.
Gorostiza vuelve a retomar ese estilo de "El patio de atrás", donde la realidad se mezcla con situaciones absurdas para mostrar una historia, en este caso muy pequeña, pero muy bien contada.
Con gran maestría, el autor presenta los personajes por intermedio de su relación cotidiana, en un estilo que remite a "La cantante calva", de Ionesco. El matrimonio se define tanto por el diálogo, vacío de contenidos, como por los largos silencios, cargados de significados.
Es el tiempo interno de la relación marital, mientras el real, implacable e indetenible, se pierde en la vaguedad de este opaco y tedioso transitar vital.
Hasta ellos llega un viejo amigo que va a esclarecer un equívoco que sólo se hace evidente, a través de indirectas y malentendidos, con su presencia y sus vagos recuerdos de treinta años atrás .
Una joya de estructura teatral presenta Gorostiza, con mucho humor, donde el tiempo de las acciones y de las pausas tiene una precisión de relojería que desarrolla un fuerte crecimiento dramático hasta alcanzar una elocuente resolución.
En este cuidadoso y efectivo resultado mucho tiene que ver la labor de los directores y la síntesis escenográfica que diseñó Tito Egurza.
Finalmente, el lujo de contar con un elenco que despliega todo su talento en el escenario.
Juan Carlos Gené y Ulises Dumont impecables en sus personajes, a los que se suma, en este caso, Cipe Lincovsky (alterna el personaje con María Rosa Gallo), que demuestra un inagotable caudal de recursos para crear a una mujer conmovedora y embebida de desolación.
Años difíciles
Nuestra opinión: Muy buena. De Roberto Cossa, con María Rosa Gallo, Pepe Soriano, Ulises Dumont y Lito Cruz. Escenografía y luces: Tito Egurza. Vestuario: Nené Murúa. Dirección: José María Paolantonio.
Indiscutiblemente, Tito Cossa vuelve con esta pieza a una vertiente dramática que siempre supo manejar con maestría.
Para no entrar en clasificaciones limitadoras, "Años difíciles" sigue la corriente de "La nona", donde, dentro de un marco realista, el humor pasa del color blanco al negro, casi imperceptiblemente para dar lugar al drama.
Vuelve el autor nuevamente a instalar las acciones dentro de una familia, dos hermanos y la mujer de uno de ellos. Por intermedio de estos personajes masculinos, Cossa se permite una mirada crítica sobre los medios de difusión, especialmente la televisión, y subraya la alienación de cada uno que vive recreando la realidad sugerida por la TV, para unos, y por la radio, para el otro, que los aleja del diálogo cotidiano y de las vivencias familiares.
También en esta obra hay alguien que llega de afuera para modificar la situación. En este caso, es un hijo, de madre soltera, que irrumpe en la casa en busca de un padre desconocido, con la sospecha de que pueda ser uno de los dos hermanos.
Toda la primera parte, jugada dentro del humor, presenta situaciones que sobresalen por la irónica de los diálogos.
La verdad se va a revelar entre medio de hipocresías e inmoralidades, que se manejan como una forma natural de convivencia, y el estallido, con fuerte carga dramática, va a establecer una compensación por las deudas del pasado.
Nuevamente la conjunción de figuras como Pepe Soriano, María Rosa Gallo (alterna con Cipe Lincovsky) y Ulises Dumont es un lujo que no se puede ignorar. Hay un sabroso juego actoral, han compartido escenarios, que no hay lugar para el mínimo reparo.
Lito Cruz, como el hijo, molesto por una congestión nasal, esbozó los dos perfiles de su personaje, anticipando que puede alcanzar un desarrollo interesante.
Desde la dirección, Paolantonio acierta en la marcación de actores y en el ritmo de las acciones, bastante vertiginoso, a pesar de que hay algunos momentos, muy pocos, en que decae, pero esto no impide el lucimiento y concreción de una muy buena propuesta.
Desde la lona
Nuestra opinión: Buena. De Mauricio Kartun. Intérpretes: Ulises Dumont, Alicia Zanca, Pepe Soriano y Fabián Vena. Escenografía y luces: Tito Egurza. Vestuario: Marta Albertinazzi. Dirección: Roberto Castro.
En la galería de personajes fracasados que suele anidar en la dramaturgia de Kartun, brilla en todo su esplendor Bautista, un luchador de catch que conoció épocas mejores. Después de una frustrada presentación en un pueblito perdido, la decadencia de este veterano se acentúa cuando su camión, abatido por el deterioro y el desgaste, renuncia a seguir su camino.
A pesar de esta explícita decadencia, Bautista (Ulises Dumont) se va a transformar en la pequeña ventana de esperanza para un bibliotecario (Pepe Soriano), perdido en el pasado de tiempos mejores, a quien lo desalojan de su espacio natural, y para Romano (Fabián Vena), un falso opa, que encuentra en la simulación una forma de supervivencia.
Allí están los tres, acuciados por Pitusa, un personaje caricaturesco, indiferente hacia el dolor de los demás. Ella cuida el lustre del pueblo.
La salvación se encuentra más allá de los límites del pueblo, y Bautista renace para emprender un nuevo camino en compañía.
Kartun elabora en esta pieza una riquísima descripción de personajes, con diálogos ingeniosos. Pero las acciones no se muestran y, en su lugar, recurre a monólogos, algunos extensos, para revelar el pasado de los personajes. En este caso, el gran soporte es la concepción escénica y la interpretación.
Ulises Dumont, en su tercera participación de la noche, parece crecer en esta composición. Hay un trabajo pequeño, minucioso, con gestos, matices casi imperceptibles, de gran proyección. Por su lado, Pepe Soriano se mete delicadamente en la piel del viejo bibliotecario, cargándolo de humanidad, ternura y compasión.
Que Fabián Vena se mueve con soltura sobre un escenario ya quedó demostrado. Pero nunca en un papel de riesgo como éste en que logra una efectiva composición sin dejarse tentar por estereotipos facilistas.
Finalmente, Alicia Zanca, sin fisuras en la elaboración estereotipada de su personaje.
El artesano es sin dudas Roberto Castro, que sostiene a través de la puesta y de la marcación de actores los vacíos dramáticos del texto.
Teatro Nuestro es una posibilidad interesante para disfrutar del buen teatro argentino.
1
2Julieta Ortega habló de la recuperación de Palito y reaccionó, contundente, a una pregunta directa de Mirtha
- 3
Charly García y Luis Alberto Spinetta: la intención de hacer un disco juntos, el incendio que cambió los planes y “Rezo por vos”, el clásico que cumple 40 años
4En fotos: la fiesta de blanco de Pampita en el Caribe para celebrar sus 48 años


