
Un artista que creó sus propios shows de stand up
Aunque no compuso personajes, hay palabras, frases y maneras de llevar adelante un relato que tuvieron su sello en los grandes sketches del grupo
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Hay actores a los que se los reconoce por sus personajes; incluso, por algunas de las frases que se hicieron famosas a partir de esos roles. Cuando alguien dice: "¿Qué gusto tiene la sal?", la referencia unívoca será la de Carlitos Balá. El "Patapúfete" nos lleva a Biondi; "No, si es una nena", a Francella; "Si no me tienen fe", al manosanta de Olmedo.
A pesar de que el grupo Les Luthiers no hizo carrera en televisión (sólo se vieron, eventualmente, sus espectáculos) los sketches, libretos y gags tomaron la notoriedad que alcanza cualquier programa de televisión de alto rating. Además, la carrera del grupo es realmente extensa. Quizá por todo esto sea difícil elegir una sola frase con la que se pueda identificar a Daniel Rabinovich. El luthier tenía la habilidad de enfatizar sus parlamentos con gestualidad y un tono vocal que hacía de ese texto breve una pieza única, y de un pieza de largo aliento, un relato de lo más entretenido. Éstos son sólo algunos ejemplos de este artista que, muy a su manera, fue una especie de maestro de stand up y un "contestador" profesional.
La gallina dijo Eureka. De Les Luthiers hacen muchas gracias de nada (1976) se puede tomar este hito en el que Rabinovich maneja el clima y le aporta tensión a la situación. Allí era el iracundo relator que hacía contrapunto de preguntas y respuestas con el niño preguntón que encarnaba Ernesto Acher: "Porque todo cuerpo que se sumerge en un líquido experimenta un empuje de abajo arriba, igual al peso del volumen del líquido desalojado. Es el principio de Arquímedes. Arquímedes, ese que cuando lo descubrió dijo: ¡Eureka!".
Payada de la vaca. De Mastropiero que nunca (1977). Una de sus grandes habilidades era el contrapunto con alguno de sus socios luthiers. Así como es recordada ¡Eureka!, "La payada de la vaca" puede ser otro hito de su histrionismo.
Nopol. Además de propiciar diálogos con verborrágicos interlocutores, como Marcos Mundstock, marcó el juego de contrastes que caracterizó al grupo. A veces con largos parlamentos, otras con apenas una onomatopeya. También fue quien mejor ocupó el rol de "opositor", ese que interrumpe con un comentario inoportuno y es capaz de torcer el rumbo de un relato. Su defensa de las polillas, en el recordado aviso Nopol ("La Tanda") es, probablemente, la mejor síntesis de esa tarea quijotesca.
¡Achicoria! Quizás esta palabra sirva para identificarlo, como sucede con otras acuñadas por distintos capocómicos. Pero seguramente no es la única. Es la expresión de un esclavo que interpreta (o más bien morcillea) un canto tribal, "Allá vete quere payá navengová ovayasá, tevetepo ovayasa, tevetepo ovayasa. Achicoira", en la "Cantata del adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierras de Indias, de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto y de cómo se desenvolvió", que aparecía al final de Mastropiero que nunca.
Mal puntuado. Es una catarata de gags; sólo es posible sostenerla con su maestría para confundir palabras, cambiar el sentido de las frases, corregirlas y darle a todo ese relato un crescendo de tensión que dura más de cuatro minutos y, lejos de ser redundante, redobla en cada párrafo la apuesta al equívoco y provoca una risa constante.
Ya no te amo, Raúl. Podría ser la versión cantada -es un bolero de Los Premios Mastropiero- de los tropiezos de "Mal puntuado". Esta vez Rabinovich tiene que pasar de género la canción que una mujer le dedica a un hombre, con todos los contratiempos que surgen a medida que avanza la historia (la gran especialidad de Daniel).
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