
Un caballero francés que conquistó a Hollywood
Como Charles Boyer (1897-1978), Jean-Pierre Aumont -de cuyo nacimiento se cumplen mañana cien años- fue uno de los pocos franceses que sedujo al Hollywood clásico, un poco por el encanto de su acento; otro poco por la apostura y el aire mundano que ya lo había hecho favorito de las espectadoras de su país, y también, claro, por su simpatía. Cuentan que el actor, que era hijo de una actriz de origen judío, había mostrado desde la cuna la voluntad de divertirse en todas partes y a cualquier precio, lo que en los años escolares le dio varios dolores de cabeza a su familia y en los de la adolescencia lo condujo al conservatorio, donde aprendería a divertirse seriamente jugando a ser otros. Puso en la tarea tanta convicción que no tardó en ser "descubierto". El mismísimo Louis Jouvet lo hizo debutar en escena cuando aún no había cumplido los 20. Un año después, sería apenas una silueta en las imágenes de Jean de la Lune, pero pronto forjaría la imagen del galán rubio, deportivo y romántico que lo hizo popular al lado de Simone Simon en Lac aux dames (Marc Allégret, 1934). Al tiempo quiso huir del encasillamiento y poner a prueba su versatilidad. Dos personajes que le confió Marcel Carné confirmaron el acierto de su decisión: el lechero burlón de Drôle de drame (1937) y el amante pusilánime de Hotel del Norte (1938).
Si bien permaneció en Francia hasta 1942, una temporada teatral en Nueva York daría un giro en su carrera: allí lo vio Louis B. Mayer, que lo quiso como intérprete de films de propaganda antinazi, lo que a la larga -después de unirse a las fuerzas libres francesas, combatir en Túnez y en Italia y merecer la Legión de Honor- le daría un lugar de privilegio en Hollywood y lo convertiría en figura internacional. Algunos títulos que contribuyeron a ese progreso fueron La canción de Scheherazade (1947), en la que encarnaba a Rimsky Korsakov, o la ganadora del Oscar Lilí (1953), como el prestidigitador que enamoraba a la ingenua Leslie Caron.
Aumont trabajó casi toda su vida (murió a los 90 años) en cine, teatro y TV, tanto en los Estados Unidos y Francia como en otros países, muchas veces a las órdenes de directores de jerarquía, como Jacques Doniol-Valcroze, Sydney Pollack, Roger Vadim, Sacha Guitry o James Ivory. Tan internacional fue su carrera que hasta incluye un par de títulos locales: Una americana en Buenos Aires (1961), como pareja de la rubia Mamie Van Doren, y la coproducción con Brasil Socia de alcoba (1962), los dos únicos films que -felizmente para el cine- dirigió un ignoto productor de TV llamado George Cahan.
Claro que hay muchos otros papeles por los cuales merece ser recordado. Y quizá más que ninguno el que François Truffaut le confió en La noche americana . Probablemente porque había en él mucho del verdadero Jean-Pierre.






