
Un clásico de Laferrére dirigido por Portales
"¡Jettatore!" de Gregorio de Laferrére. Adaptación de Marina Gacitúa. Intérpretes: Roberto Mosca, Dora Prince, Leopoldo Verona, Maximiliano Paz, Juan Carlos Ricci, Max Berliner, Silvina Acosta, Adrián Azaceta, Carlos Scornik, Carlos Durañona, Victoria De La Rua, María Julia Leiva y Jana Purita. Música: Jorge Valcarcel. Iluminación: Javier Portales y Alberto Bellatti. Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Dirección: Javier Portales. En el Teatro de la Ribera. Nuestra opinión: bueno
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Estrenada en 1904, "¡Jettatore!" es la primera obra que dio a conocer a Gregorio de Laferrére. Escritor y político, Laferrére demostró fuertes influencias de la comedia francesa en su producción y se ocupó de mostrar ciertas debilidades de la clase adinerada porteña, cuando no de una clase media en bancarrota ("Las de Barranco"). Mientras "¡Jettatore!" resulta una comedia liviana, de pobre estructura dramática, "Las de Barranco" expone solidez y un diseño de personajes más profundo.
Una anécdota atractiva y un personaje singular hacen de "¡Jettatore!" un texto interesante. Dos temas sobresalen. Por un lado, la manipulación que puede hacerse sobre una persona para convertirla en un ser peligroso. Por otro, queda al descubierto la malsana intención de dos jóvenes aristócratas frente a la debilidad de un hombre que no tiene el refinamiento que ellos necesitan para darle cabida dentro de su clase. La historia es muy conocida. Don Lucas pretende el amor de Lucía. Ella está enamorada de Carlos y es él quien arma una patraña ridícula: dice a viva voz que Lucas trae consigo la mala suerte.
El espectáculo que se ofrece en el Teatro de la Ribera expresa más una pintura de época que una intención por recuperar este material, al que lamentablemente se le nota el paso de los años. Cabe señalar que esta versión la estrenó Alfonso de Grazia.
Javier Portales parece estar muy preocupado por enfatizar la anécdota, y no está mal. Su trabajo es muy cuidado. Tiene un elenco homogéneo que sabe calzarse muy bien este tipo de personajes, incluso entre los jóvenes -es muy rica la creación de Carlos Scornik, en el papel de Carlos-. Pero aun así el espectáculo no es potente. Y es que le falta profundidad en el tratamiento de las relaciones y, sobre todo, en el diseño de Don Lucas, quien en verdad es la obra.
Roberto Mosca, el protagonista, está muy opacado. Su trabajo tiene matices muy pequeños cuando, en realidad, todo debe ser marcado con trazos gruesos, para que su figura de pelele, de verdadero pobre hombre, trascienda, conmueva a la platea y el mensaje del autor quede claro: esos ricos chicos tontos se están aprovechando y tornando ridículo a un hombre bueno. Es más: hasta asoma un problema en el vestuario que lleva Don Lucas: es demasiado preciosista para él.
De todos modos, si el espectador se acerca al Teatro de la Ribera reconocerá a uno de nuestros clásicos teatrales y seguramente se conmoverá con actuaciones muy sensibles, como las de Dora Prince, Leopoldo Verona, Juan Carlos Ricci o Jana Purita. C.P.






