Un engranaje agobiante

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21 de diciembre de 2001  

"El camión" , de Ernesto Marcos. Versión, dirección y puesta en escena: Pablo Inza. Intérpretes: Rodrigo Monti, Gustavo Durán y Néstor Losada. Música original: Ramírez Obeson & Pabelel. Asistente de dirección: Silvina Mañanes. En El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Sábados, a las 23.30.

Nuestra opinión: bueno.

Dos hombres se encuentran en un bar. La relación resulta extraña. Uno de ellos dice conocer la historia del otro. A partir del asombro de éste, un engranaje comienza a funcionar. Una realidad se hace presente, pero de a ratos parece una ficción. Sus límites son muy difusos. En un principio se trata de un autor que va escribiendo la vida de un personaje-persona, y lo enfrenta. Finalmente el espectador podrá optar por aceptar esa relación o por profundizar en ese mundo, porque también el destino juega un papel importante entre ellos. ¿Se puede modificar con palabras el camino de una persona? En apariencia, no.

El texto de Ernesto Marcos, si bien resulta potente en su planteo, no logra profundizar en el tema. Prefiere desarrollar las historias de los personajes. Es una opción posible, pero las situaciones que construye se prolongan demasiado y los pequeños conflictos que aparecen no terminan de fortalecer a esos mismos personajes que en algún momento no pueden más que reiterar conductas.

Pablo Inza, en tanto director, trabaja a fondo con los intérpretes y cuida que ese mundo sombrío, por momentos cargado de angustia, se mantenga con la misma intensidad al cabo de la representación. Eso fortalece el espectáculo y mantiene la tensión del espectador. Una ajustada banda sonora, además, apoya los climas y por momentos resulta un personaje más, sobre todo cuando esos personajes parecen decaer en sus planteos por falta de una estructura textual más consolidada. Esos ruidos, esa musicalidad, que por momentos parece llegar de la calle y por otros escapar de los propios cuerpos convulsionados de los personajes, tiene un efecto sumamente provocador en escena.

Tanto Rodrigo Monti como Gustavo Durán, el individuo y el escritor, respectivamente, asumen sus roles con convicción. El primero expone lo suyo con miedo, desesperanza, agobio y hasta alguna expectativa en el final; el segundo pasa de la seguridad a la duda y hasta a la decepción. Definitivamente, dos seres sombríos, que parecerían complementarse. Esto abre otra opción al análisis. Como dice el programa de mano de la función, ""El camión" es una obra que arrima más preguntas que respuestas," Sin duda, cada espectador encontrará las suyas. La propuesta logra que eso suceda.

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