Un film de Fellini vuelve convertido, casi, en una ópera
Se trata de "Ensayo de orquesta", de 1979
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En febrero de 1979, la Radiotelevisione Italiana (RAI) estrenó "Ensayo de orquesta", uno de esos films de Federico Fellini considerados "pequeños" o "de transición". Sin embargo, no mucho tiempo después de su estreno y más aun hoy, vista en perspectiva, esta película ha quedado rodeada por un halo especial por ciertas circunstancias concomitantes: se gestó en medio del clima de incertidumbre originado en el trágico affaire Aldo Moro (cuyo secuestro y asesinato acaso obedezca a un operativo siniestro de los "servicios", incluso extranjeros, con el afán de fomentar la confusión) y, además, la deplorable despedida del compositor Nino Rota, el irreemplazable sostén musical de Fellini. A la RAI le había costado menos de un millón de dólares ayudar a Fellini a concretar una película que, a pesar de tratarse de un producto de bajo presupuesto, a nadie le interesaba producir por su carácter de proyecto menor y sin un solo actor profesional. Así y todo, su estreno deparó no pocas controversias e interpretaciones políticas. Hoy, a veintidós años de aquella rara epifanía musical de Fellini y Nino Rota, "Ensayo de orquesta" regresa, triunfal, pero ahora sobre un escenario: se ha convertido en una pieza que oscila entre la ópera, el teatro y el "musical", que será estrenada hoy en el Teatro de la Opera de Roma.
Algo que extrañarán los nostálgicos de un momento todavía fulgurante del cine italiano son los acordes inolvidables de Nino Rota, ya que esta actualización consiste en un espectáculo con música y libreto de Giorgio Battistelli. El flanco fuerte de la aventura reside, al parecer, en el despliegue visual y la concepción escénica: escenografía, vestuario y régie pertenecen a Denis Krief, un revulsivo innovador de los montajes y espacios escénicos de 45 años. De acuerdo a lo que sabemos, se trata de una versión libre de la idea original del film, pero la historia se mantiene intacta, con sus accidentadas situaciones: la rebelión a la dictadura del director de orquesta, la amenaza de catástrofe, el miedo y la necesidad de restablecer el orden y la sumisión.
Nino Rota, más que nunca
La "Prova d´orchestra" original -el film- nació en un paréntesis creativo de Fellini, en 1978, cuando se frustró el primer intento de filmar "La ciudad de las mujeres" por cuestiones de presupuesto. Pero, además, eran momentos de confusión y de clima angustioso en la vida pública, una atmósfera de crisis política y de muerte: Italia estaba conmovida por el secuestro y el ulterior asesinato del líder e ideólogo de la democracia cristiana, Aldo Moro (quien, a la sazón, negociaba un acuerdo con Berlinguer, líder del PCI, acuerdo que no les gustaba ni al ala derecha de la DC ni a los soviéticos, que querían mantener a los comunistas italianos en la oposición). Los artistas, de la extracción que fueran, no dejaban de deslizar en sus trabajos alusiones al momento tenso y dramático que se vivía. Fellini, que nunca se había sentido tentado por los testimonios políticos, planeó realizar "un documental" como para entretenerse hasta que se arreglara la conflictuada financiación de "La ciudad de las mujeres". El "documental" (es difícil imaginar al autor de "La dolce vita" en ese género) versaría sobre la personalidad y la vida de los músicos en la cocina rutinaria de su trabajo, es decir, la preparación y ensayo de recitales y grabaciones: hacía años que el realizador venía observándolos y registrándolos en los ensayos preparatorios de grabación para la banda sonora de sus films.
"No me dejes ahora, te necesito más que nunca porque es una película sobre los músicos", le dijo al fiel Nino Rota, el compositor que le había insuflado una atmósfera inconfundible, desde el "commento" musical, a sus films. Rota no lo abandonó, pero sería su última colaboración con el genio de "8 y 1/2": su muerte sobrevendría unos meses más tarde. Para la ocasión, Rota compuso unos seis temas centrales que no tenían nada de "ambiental" ni de subrayado dramático; eran partes de una composición que se podía identificar con una estructura concertante, un concierto de ficción, una hipotética obra de un también hipotético compositor que la orquesta ensaya cuando se arma el conflicto que Fellini quería filmar. Así resultó esa suerte de concierto "per archi", que en el film sería ensayado por una orquesta de setenta músicos. "Músicos" por cierto también de ficción: Fellini los reclutó en Nápoles por sus rostros y sus presencias y, en rigor, apenas unos quince de esos setenta instrumentistas eran realmente músicos.
El "documental" (cuyo guión armó con su antiguo colaborador Brunello Rondi, quien ya lo había acompañado en varios de sus clásicos, tales como "Las noches de Cabiria", "La dolce vita" y "8 y 1/2"), muestra una sesión de ensayo en un salón un tanto abandonado, con paredes colmadas de graffiti, bajo las órdenes de un director de aspecto germánico, rol confiado a un desconocido actor holandés (Baldwin Bass). En medio del ensayo se producen enfrentamientos entre los músicos, pero también proclamas sindicales y provocaciones irreverentes a las imágenes de compositores clásicos (Beethoven, Mozart). El caos se detiene cuando, sorpresivamente, irrumpe una enorme bola metálica de un equipo de demolición que perfora una de las paredes del salón. Los músicos, saliendo de entre los escombros, se reponen; el ensayo, de nuevo bajo una batuta dictatorial y en un orden más o menos restablecido, se reanuda.
Régisseur audaz
De más está decir que ese final fue interpretado por algunos críticos como la fatídica advertencia de que los tiempos de agitación y crisis recuperan su status de orden y de normalidad gracias a la instauración de una "batuta fuerte", esto es, un régimen dictatorial. Esto, en el momento de convulsión que vivía la sociedad italiana por el caso Aldo Moro, investía una carga significativa. Pero Fellini se desentendió de esa lectura. Tampoco parece preocuparle ahora a Denis Krief, el régisseur que lanzará sus propias provocaciones en un momento en que no hay atentados terroristas, es cierto, pero en el que se viven otros tipos de crisis: los enfrentamientos étnicos, la inmigración, los asesinos seriales (frente a esto, la avanzada del Polo y la derecha han llevado a algunos analistas a comparar a la alianza Berlusconi-Bossi con Haider). Krief revivirá la rebeldía de aquellos músicos y la "catástrofe" que los sepulta en escombros, pero en su versión los que se rebelan ya no son instrumentistas sino cantantes, los miembros del coro. Oriundo de Túnez, pero formado en las vanguardias de la régie operística y en diseños de avanzada en París, Krief vive ahora en Italia y se dispone a sacudir al público romano con sus concepciones y sus impactos de escena (habrá que ver qué ocurre con los peninsulares tradicionalistas de la ópera cuando tengan que enfrentarse con alguna posible "versione alla Krief" de un Rossini o un Verdi...).
Denis Krief aclara que los textos que usará en escena son los mismos del film, sólo que se apoyó más en el guión que en las imágenes fellinianas, "en la misma relación y proporción en que lo hace "Las bodas de Figaro", de Mozart, respecto de la comedia de Beaumarchais", dice. Y agrega: "Lo que en el film hacían los músicos aquí lo hacen los cantantes, de los cuales sólo doce son verdaderos profesionales. Y hay una orquesta de acompañamiento, que también es falsa, actuada, pero, además, como es un espectáculo de corte operístico, la orquesta verdadera también está, a fin de proporcionar la imprescindible base musical". A cierta altura irrumpirá en escena la animadora Simona Marchini, en la actitud de una entrevistadora muda. La obra está ambientada en una sala de ensayo blanca de un hospital, donde se desarrollará lo que este régisseur-diseñador define como "un ámbito en el que todo es aséptico, desinfectado, un arte transgénico, sin sabor ni aroma: es allí donde la orquesta toca y no advierte que ya está muerta".
La ausencia de la música de Nino Rota acaso se haga notoria por una circunstancia coincidente y significativa: la versión escénica de "Prova d´orchestra" se estrena en el Teatro dell´Opera, el templo lírico con el que Rota tuvo su último y frustrado compromiso artístico. Así fue que en mayo de 1979, tres meses después del estreno de "Ensayo de orquesta", Fellini iniciaba el postergado rodaje de "La ciudad de las mujeres", pero una llamada telefónica lo paralizó: a través de esa llamada le comunicaban que el hombre que -como de costumbre- iba a ser su colaborador musical en el nuevo film, Nino Rota, acababa de morir, a los 68 años, mientras ensayaba un oratorio, encargado para la conmemoración oficial del primer año de la muerte de Aldo Moro. La coincidencia reside en que la muerte lo sorprendió ensayando ese oratorio en el Teatro dell´Opera. Parece como si dominara una sombría y fatídica familiaridad, en ese período, entre Moro, la música, la ópera y la muerte. No será raro que esta noche Nino Rota se cuele por algún resquicio del teatro en el que acabó sus días para escuchar, entre bastidores, cómo reemplazan su música por otra en esta nueva versión de un ensayo histórico.





