
Un homenaje musical
Nosotros... los amantes / Intérpretes: Christian Giménez, MagalÍ Sánchez Alleno, Sebastián Holz, Daniela Pantano, Natalia Volonnino, Marcos Rauch, Julieta Gonçalves, Santiago Ibarra, Fernanda Vallejo, Marcelo Amante, Ana Rodríguez, Matías Prieto Peccia, Celeste Gómez Ríos y Esteban Segovia / Músico, dirección musical: Hernán Matorra / Coreografía: Alejandro Ibarra / Escenografía: Magali Acha / Vestuario: Danny Di Luciano / Luces: Gonzalo González / Idea, libro y dirección general: Alejandro Ullúa / Duración: 80 minutos / Sala: Teatro 25 de Mayo / Nuestra opinión: buena.
Con este espectáculo, Alejandro Ullúa quiso ofrecer un homenaje a sus padres. Pero no es una historia de vida, sino una idealización sobre la relación sentimental de sus padres que los llevó al matrimonio y a la formación de una familia. Lo interesante es que la evocación de esa época está ilustrada con temas musicales y ritmos que se imponían a partir de mediados del siglo XX, que remiten inexorablemente al pasado: "Tu vuo fa l'americano", del italiano Renato Carosone, canciones de Cole Porter, George e Ira Gershwin, Gardel y Lepera, mambos, jazz, samba, bossa nova, boleros.
No falta el recuerdo de los intérpretes que movilizaron los sentimientos de generaciones cuando Hollywood llegaba con sus films y sus discos: Doris Day con el famoso "Que será será", de Livingston; Judy Garland con "Sobre el arco iris", de Harold Arlen y Yip Harburg; "Sonríe", de Charles Chaplin; Rita Hayworth y Fred Astaire, con "I'm Old Fashioned", de Jerome Kern; Charles Aznavour, con "Venecia sin ti"; Frank Sinatra con su versión de "Extraños en la noche", de Bert Kaemperfert; Elvis Presley con su tema "Always on my Mind", el famoso "En un bosque de la China", de Roberto Ratto, "Fuimos", de Homero Manzi y José Dames; "Tú me acostumbraste", de Frank Domínguez,y otros temas y cantantes que componen el recorrido nostálgico de los recuerdos del autor.
Desde el primer encuentro de sus padres en una fiesta, el pedido de mano, el matrimonio, el nacimiento de los cuatro hijos, la etapa de alcoholismo del padre, la separación y la muerte de sus padres, todo está ilustrado con estas canciones que el autor rescata de su memoria. Para darle más fuerza a esta evocación, el autor se coloca a sí mismo en escena como personaje, en un rol de observador y, por momentos, también participante de la acción.
Para darle encarnadura a la historia, el director convocó a intérpretes que se destacan tanto en la actuación como en el canto, dando brillo a la propuesta que no encuentra su equivalente en la iluminación (ya desde el primer encuentro de sus padres, en una fiesta, que recurre a la composición de conos de sombra que opacan el rostro de los cantantes y deslucen la puesta). Más allá de este reparo, Ullúa puede resolver las exigencias ambientales y lograr al mismo tiempo un ritmo preciso para sostener las acciones con precisión. Por lo demás, buenas voces, un vestuario propicio y la creación de un tono emotivo, que envuelve a todo el espectáculo.
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