Un poco de aire fresco
"Hotel room" (España/1998). Presentada por Prodifilms. Dirección: Cesc Gay y Daniel gimelberg. Con Bárbara Boudon, Eric Kraus, Xavier Domingo, Heidi Wolfe, David Jacob Ryder, Gary Dennis, Nicholas Devine, Barry Papick, Mike Kimmel. Guión: Cesc Gay, sobre una idea original de Cesc Gay y Daniel Gimelberg. Fotografía: Nick Hoffman. Música: Joan Díaz y Jordi Prats. Montaje: Larry Walkin y Frank Gutiérrez. Duración: 86 minutos, Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: buena.
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Ahora que el uso y el abuso han deformado o vaciado de contenido la expresión "cine independiente", este film que el catalán Cesc Gay y el argentino Daniel Gimelberg rodaron hace tres años en Nueva York con escasos medios pero abundante imaginación sirve para devolverla a su justo lugar.
"Hotel room" es cine independiente en estado puro: está hecha al margen de cualquier soporte industrial, con un presupuesto ínfimo, sin estrella alguna, despreocupada de todos las recomendaciones del marketing y libre de cualquier concesión a los gustos del mercado. Es el precipitado experimento narrativo que dos entusiastas del cine que se conocieron mientras trabajaban como carpinteros en un edificio de Manhattan emprendieron como "un acto de irresponsabilidad", por el mero placer de filmar, con las limitaciones, el atrevimiento y la dosis de improvisación que pueden esperarse de una aventura de este tipo, y también con su frescura y su originalidad.
Todo transcurre en un cuarto de hotel que no es sino el modesto departamento de uno de sus realizadores y propone una extraña serie de situaciones vividas en ese ámbito por un puñado de personajes heterogéneos.
Las leyes que los rigen son las del azar, el vínculo entre todos ellos, fortuito; el tono que impera, el del humor, cargado con una buena dosis de absurdo. Y la estructura, circular, lo que quiere decir que el film empieza y termina por el mismo episodio.
Huéspedes extraños
En él hay una pareja de casados tan flamante que ella todavía anda con el vestido blanco cuando se produce la primera discusión por culpa de un dinero malgastado. El conflicto termina tan mal como puede esperarse, pero no es más que la señal para que comience el singular desfile de huéspedes.
El primero es un viejo mago solitario de dudosa categoría que llega con su paloma y anda en busca de compañía femenina. Y la consigue, aunque la joven visitante que recibe trae también una sorpresa. Después aparece un fotógrafo que curiosea en lo que no le corresponde durante su breve escala en Nueva York antes de llegar a casa. Más tarde, es un par de técnicos de aire acondicionado muy dados a las confesiones íntimas; un gordito suicida y travesti en cuyo "auxilio" viene el agente de una empresa especializada en la asistencia de los desesperados, y otra vez la parejita del comienzo. Sin olvidar a la mucama, cuyo ajetreo bien puede deducirse teniendo en cuenta la sucesión de inquilinos que recibe este remedo de camarote de los hermanos Marx.
Los juegos del azar
La vida es extraña. Y muchas veces las cosas que suceden no tienen explicación posible. Se ve que a Cesc Gay y Daniel Gimelberg les ha divertido esa idea -que se expone en el film con todas las letras- y por eso se han puesto a observar qué puede suceder en un cuarto de un hotel cualquiera, quiénes son los personajes que circulan por allí y cuáles los secretos que guardan y que pueden ser revelados en una circunstancia como ésa.
Hay un ánimo desenfadado y zumbón -y no está ausente la infaltable pizca de humor negro- en la observación de esta peculiar galería humana. Y una mirada juguetona y ligera recorre toda la en tretenida aventura, si bien es cierto que algunos tramos -el del que ha elegido para morir el mismo lugar donde nació o el de la confidencia entre los operarios, por ejemplo-, parecen mejor logrados que otros.
El experimento, en blanco y negro y desarrollado con apreciable destreza formal y soltura narrativa a pesar de las limitaciones del presupuesto, muestra una saludable vocación por apartarse de las fórmulas conocidas y por investigar nuevos caminos narrativos. Y hasta es posible descubrir debajo de su aparente superficialidad alguna agudeza sin alardes en la descripción de más de un personaje.
En medio de una producción tan previsible y adocenada como la que la gran industria ofrece en nuestros días, no cabe sino agradecer el soplo de frescura que intentos como éstos, aun con su modestia y sus altibajos, traen consigo.



