
Un tenor atrapado por la ilusión
En su nuevo disco, Andrea Bocelli interpreta arias de Verdi, Puccini y Donizetti
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"La música popular fue un paréntesis, una casualidad en mi vida", le dijo Andrea Bocelli a la agencia EFE durante la presentación de su nuevo disco "Aria, el álbum de ópera".
Es que, desde 1993, Bocelli vende discos por millones, pero con un repertorio integrado mayoritariamente de obras populares.
Lanzado a la fama internacional con el padrinazgo de dos compatriotas, el rockero Zuchero y Luciano Pavarotti, Bocelli llegó a número uno de los rankings de todo el mundo con "Romanza", un CD del género crossover, denominación que se le da a ese ambiguo territorio en donde las tradiciones pop y clásicas se reúnen.
Para reforzar la idea de "regreso al redil", el propio Bocelli explicó que a él siempre le impresionaron los grandes cantantes, como Franco Corelli, Beniamino Gigli o Enrico Caruso. "La primera música que recuerdo haber escuchado fue ópera -amplía-, por eso es que es este álbum incluye toda la música que está muy cerca de mi corazón. Grabarla fue para mí un gran sueno hecho realidad."
Las FM argentinas programaron a Bocelli dentro de su ecléctico menú al lado de cantantes pop, melódicos y hasta de la folklórica Soledad, como un tenor lírico acercándose con éxito al terreno de la canción.
También la industria discográfica hace hincapié en la condición esencialmente lírica de este italiano nacido hace 39 en la campiña Toscana.
Dentro del mundo pop, esta idea no es discutida: siempre se habló de Bocelli como de una de las estrellas surgidas al calor de la alianza que establecieron los tres tenores y, particularmente, Pavarotti con los grandes artistas del género, plasmados en exitosos megaconciertos y discos compactos con fines benéficos como, por ejemplo, el destinado a los chicos de Bosnia.
Lejos de la ópera
Sin embargo, Bocelli no es para el mundo de la ópera un cantante de los suyos, y siempre fue seguido con muchas reticencias por los conocedores. "Aria", seguramente les confirmará esas sospechas.
Para este CD, Bocelli grabó 17 arias junto a la Orquesta del Maggio Fiorentino, con la dirección de Gianandrea Noseda, que Philips editó en la Argentina el mismo día del lanzamiento mundial.
Hay bastante Puccini (de las óperas "Tosca", "Madama Butterfly" y "La Fanciulla del West"), un solo Verdi (Questa o quella , de "Rigoletto") y un abanico de autores que recorre un espectro amplio: Donizetti, Leoncavallo, Bellini, Bizet, Massenet y Richard Strauss.
Como se trata de un disco con fragmentos de ópera y el propio Bocelli asegura que éste es su terreno natural, debe ser analizado con los parámetros del canto lírico.
Y en este sentido Bocelli ofrece demasiados flancos débiles.
No existen a lo largo del registro matices de ningún tipo: parecería que cantar piano no está dentro de sus criterios interpretativos (o de sus posibilidades).
Cada vez que se acerca al registro agudo, la voz deja de correr con naturalidad y suena cerrada y nasal.
"Aria" deja muchas dudas con respecto a la potencia de su voz. No hay que olvidarse que en un CD el balance entre cantante y orquesta se puede manejar fácilmente desde una consola y que en este caso grabó una serie de "canciones" que duran a lo sumo cuatro minutos.
En un teatro, en cambio, todo depende del caudal de volumen que desarrolle con la técnica lírica y a lo largo de por lo menos un par de horas de todo tipo de exigencias vocales.
Sin duda, Bocelli es un amante de la ópera y su voz, de forma natural, se acerca mucho a ese tipo de canto. Sin embargo, tiene todavía mucho camino por recorrer. Esta técnica no implica tan solo tener un registro amplio y un generoso vibrato.
No es un capricho estético. Nació como una herramienta para que los cantantes puedan vencer, sólo con sus pulmones y sus resonadores naturales (y sin ayuda de micrófonos o amplificaciones), la potencia sonora que les impone una orquesta con por lo menos varias de decenas de instrumentistas.
De todos modos, y a juzgar por el tipo de presentación del booklet de "Aria", este disco apunta más a los fieles seguidores del tenor italiano que al público operístico.
A modo de ejemplo: están incluidas todas las letras de las arias con sus respectivas traducciones y una brevísima "composición de lugar" sobre el contexto en el que se inserta la escena dentro de cada ópera.
Esto, sumado a la fidelidad de sus seguidores, permitirá que -por ahora, a través de la voz de Andrea Bocelli- mucha gente descubra a compositores, también populares en su época, como Donizetti, Verdi o Puccini.
Bemoles de una carrera
A punto de cumplir los 40 años, Andrea Bocelli logró por fin empezar a realizar muchos de los sueños que albergó desde chico, cuando vivía en Lajatico, una comunidad de granjeros en la región de Toscana, Italia.
Los padres de Andrea apoyaron su vocación musical llevándolo a tomar clases de piano a los 6 años y luego de flauta y clarinete. Por supuesto, ya por esa época también se dedicaba a cantar: "Era uno de esos niños a los que les piden que canten para los familiares", recuerda Bocelli.
Sin embargo, el camino hacia el profesionalismo tuvo sus vueltas. Primero viajó a Pisa, donde estudió y se recibió de abogado -pese a su ceguera-, profesión que ejerció durante un tiempo.
En forma simultánea, para poder tomar clases con el legendario tenor Franco Corelli, Bocelli comenzó a cantar en bares y clubes nocturnos.
Fue en una de esas noches que Zuchero lo conoció y lo invitó a cantar su obra "Miserere", que el rockero quería ofrecer a Luciano Pavarotti.
Pavarotti y Zuchero se transformaron en una especie de padrinos musicales, lo que, sumado al espaldarazo que le significó ganar el premio en el tradicional Festival de San Remo en 1994, lo instaló definitivamente en la cima de los charts clásicos y pop.
Después de tres años trajinando escenarios masivos y participando de conciertos multitudinarios, Bocelli decidió apostar por el mundo de la ópera. Además de grabar "Aria" hizo su debut en "La Bohéme", de Puccini, en un teatro de Cagliari, y seguirá probablemente con "Madama Butterfly".
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