Un western renovado para abrirse a las diferencias
La remake de Los siete magníficos, que abrió el festival, está a tono con la diversidad que se le reclama a Hollywood desde los últimos Oscar
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TORONTO.- El comienzo del gigantesco y siempre inabarcable Festival Internacional de cine de Toronto (TIFF 2016) podría verse como una sutil y actualizada muestra de lo que fue creciendo a lo largo de los últimos tiempos como atributo esencial y dato clave de esta muestra: su condición de primera puerta de entrada a la temporada oficial de premios y, más precisamente, al Oscar.
Sin esta mención no podría entenderse la razón que llevó a los meticulosos programadores de TIFF a abrir este año el festival con la remake de un western clásico que por su impronta hollywoodense inmediata jamás podría ocupar ese lugar en cualquiera otra muestra de su tipo alrededor del mundo. Pero la nueva versión de Los siete magníficos, exhibida anteanoche en carácter de estreno mundial para inaugurar oficialmente la muestra, es por encima de todo una rotunda afirmación de la diversidad, el tema que marcó a fuego durante 2016 la relación entre la Academia de Hollywood y buena parte de la inmensa comunidad que la integra.
Después de todo un año cargado de quejas de los sectores que se sintieron segregados (especialmente los afroamericanos) y de la campaña marcada por un símbolo explícito en las redes sociales (el #Oscarsowhite) aparece en el arranque del festival que funciona como punto de partida de la carrera hacia el Oscar una película que afirma la diversidad desde todas las perspectivas posibles.
"No fue una cosa deliberada, pero reconozco que es algo digno de atención", dijo sin embargo el director Antoine Fuqua (Día de entrenamiento, El justiciero) al hablar del único tema (la diversidad) sobre el que giró la rueda de prensa posterior a la primera proyección de Los siete magníficos para la prensa especializada y la avalancha de compradores, vendedores y gente de la industria llegada hasta aquí en las últimas horas. La primera (y casi única) gran diferencia entre esta versión y el clásico original de 1960 dirigido por John Sturges, e inspirado a su vez en Los siete samuráis, de Akira Kurosawa, es que los siete héroes de esta aventura del Oeste responden a múltiples identificaciones étnicas.
La historia comienza cuando el cazador de recompensas de raza negra Jim Chisholm (Denzel Washington) convoca a un grupo de marginales y renegados de la ley para librar a una pequeña comunidad de la amenaza de un temible empresario minero (Peter Sarsgaard) dispuesto a emplear junto a su ejército de mercenarios los métodos más sanguinarios para llevar adelante su negocio. Tras aceptar el ofrecimiento (y la paga) de una mujer que acaba de enviudar y busca revancha, Chisholm arma un equipo que a primera vista integran un buscavidas hábil con las cartas (Chris Pratt), un duro montañés (Vincent D'Onofrio) y un infalible tirador (Ethan Hawke). La novedad es que se unen a ellos un fugitivo mexicano (Manuel García-Rulfo), un asiático experto en lanzar cuchillos (Byung Hung-Lee) y un comanche (Martin Susmeier) que siempre se mueve con la cara completamente teñida de rojo y el clásico tomahawk en una mano. Un seleccionado multicultural.
La película, cuyo estreno en la Argentina es inminente (el jueves 22 de este mes), cuenta con la sólida y reconocida pericia técnica y narrativa de Fuqua para manejar situaciones y escenarios de violencia, como la espectacular batalla final, y constantes alusiones en clave de homenaje a todas las etapas posibles del cine del Oeste, desde el cine de John Ford en la necesidad de preservar una comunidad hasta la sobrecarga de violencia estilizada propia de los spaghetti westerns de Sergio Leone, incluyendo la aparición estelar de la célebre ametralladora Gatling que en su momento identificó a la primera aparición de Django (Franco Nero), además de referencias a clásicos como Río Bravo y El jinete pálido. La película entretiene y permite el lucimiento de varios de sus protagonistas, en especial Washington, Pratt, Hawke y D'Onofrio, pero a la vez carece de un sello personal y retrata de manera pueril y casi grotesca a los villanos.
Para hoy se espera un doble capítulo fuerte e intenso en materia de debates y controversias. Por un lado, las primeras palabras de Oliver Stone luego del estreno mundial de Snowden, la película sobre el contratista de la CIA que reveló datos sensibles para la seguridad del gobierno estadounidense. Seguramente habrá declaraciones de alto perfil político del realizador alrededor de la campaña preelectoral en Estados Unidos y de la figura de Donald Trump. Casi al mismo tiempo todos están atentos a la reaparición pública de Nate Parker, el director, autor, productor y protagonista de Birth of the Nation (la gran revelación de Sundance 2016), envuelto en una gran polémica desde que fue acusado de violar a una joven compañera de universidad hace 17 años. La mujer se suicidó en 2012. Parker también es afroamericano y lo que ocurra aquí con él seguramente marcará el futuro de una película que parecía afirmarse en su temprana carrera hacia el Oscar antes de que se revelaran sombríos hechos del pasado de su principal figura.
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