
Una figura multifacética
Fue actor, autor, director teatral, guionista, realizador de cine
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Era el menor de cinco hermanos y al morir sus padres, a los 10 años, fue a vivir con su hermano Armando (catorce años mayor), dramaturgo y fuente de inspiración para la labor literaria de Enrique Santos Discépolo. No era la única actividad que lo seducía. Siendo muy joven se inició como actor, pero a los 18 años ya tenía escrita su primera obra: "Los duendes", en colaboración con Mario Folco.
Dos años después presenta "El señor cura", drama inspirado en un cuento de Guy de Maupassant, que escribió en colaboración con el actor Miguel Gómez Bao. El mismo año se estrena la comedia "El día sábado" y continúa con una producción que incluirá sainetes, comedias, revistas musicales, hasta que se ve envuelto en las luces de los estudios de cine y enredado entre los pentagramas tangueros. Su debut en el cine como actor fue el corto mudo "Muñeca", de Mario Soffici (1924).
Entre los dos medios, su veta artística se desarrolla tanto con la pluma como en la actuación y en la dirección. Ya en 1925 se iba a notar su solidez dramática al conocerse "El organito", grotesco escrito por los dos hermanos Discépolo. En 1931, escribe "Caramelos surtidos", de la cual es el único autor. Y éste es el punto de partida para iniciarse como guionista de películas.
La atracción del celuloide
En cine, su actividad fue múltiple. Como guionista, entre los títulos más importantes figuran "Melodías porteñas" (1937), en la que actuó; "Cuatro corazones" (1938), como actor y director; "Caprichosa y millonaria" (1939), que dirigió; "Un señor mucamo" (1940), también en la dirección; "En la luz de una estrella" (1941), guionista y director; "Fantasmas en Buenos Aires" (1942), autor y director; "Cándida, la mujer del año" (1943), autor y director; "Yo no elegí mi vida" (1949), también en la actuación; "El hincha" (1951), su última película en la que asumió el rol protagónico.
Con el aporte de Julio Porter, Discepolín escribió para el teatro "Blum" (1949), haciéndose cargo del papel protagónico. Como director teatral consiguió sus mejores triunfos dirigiendo a Fanny Navarro en "La fierecilla domada", de Shakespeare (1950), y en "Antígona Vélez", de Marechal (1951), en el Teatro Cervantes.
Su paso por la radio quedó registrado en el microprograma "Pienso y digo lo que pienso" (1951), de corte político, donde confrontaba sus ideas con un "contrera" apodado Mordisquito.
El resto de su tiempo lo dedicó a la poesía del tango. Lástima que murió tan joven.
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