
Una flor para Paul Misraki
"La mujer que al amor no se asoma/no merece llamarse mujer: / es cual flor que no esparce su aroma,/como leño que no sabe arder...". ¿Quién que tuvo veinte años, en 1945, no bailó alguna vez el bolero al que pertenecen estas palabras que, a fuerza de cursilería, llegan casi a lo sublime? A Manuel Puig le encantaba la letra de "Una mujer"(podría haberla firmado, tranquilamente): "Una mujer/debe ser/seductora, coqueta y ardiente,/debe darse al amor/con frenético ardor/para ser/una mujer". ¿Quién recuerda hoy de dónde proviene esta canción y quién la escribió?
Se llamaba Paul Misraki. Falleció en París, a los 90 años, en la madrugada del pasado viernes 30 de octubre. Había nacido en Constantinopla, hoy Estambul, el 28 de enero de 1908, pero se crió y educó en Francia. A lo largo de una extensa carrera escribió más de cien canciones que se hicieron populares en las voces de Tino Rossi y Suzy Solidor, antes de la Segunda Guerra, y en las de Edith Piaf, Yves Montand y Juliette Gréco, después. Durante la contienda, Misraki vivió primero en el Brasil y luego en Buenos Aires, donde obtendría uno de sus éxitos más perdurables, el bolero "Una mujer", entonado todavía hoy, tras medio siglo y pico de su estreno.
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¿Qué tiene que ver esto con una columna de teatro? Ocurre que "Una mujer" es el fragmento sobreviviente de algo bastante inusitado en nuestros escenarios: una comedia musical. Y de gran éxito, además. El público argentino no es muy adicto a ese género. Le ha concedido a veces su aplauso: "Mi bella dama" y "Hello, Dolly" tuvieron aquí notable repercusión, pero son excepciones. Otros títulos que enloquecieron a Broadway pasaron por Buenos Aires sin pena ni gloria.
Presentar un musical autóctono al promediar el decenio del 40 implicaba un riesgo grande. En julio de 1944 se estrenó en el teatro Astral, de Buenos Aires, "Si Eva se hubiese vestido", libro de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, autores teatrales y afortunados guionistas de cine, y música de Paul Misraki. Fue un triunfo sensacional. Bien fundado, por cierto: una comedia ligera, brillante, próxima al vodevil, con un Mefistófeles muy porteño (Enrique Serrano, impagable) que tienta a una Eva con algo de Doctor Fausto con polleras (Gloria Guzmán, verdaderamente gloriosa), mientras por ahí circulaban también Juan Carlos Thorry y Blackie, por entonces todavía morocha. El vestuario, espléndido, lo firmaba un profesional injustamente olvidado, Eduardo Lerchundi.
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Desde la noche del estreno, "Una mujer" encantó a los porteños con su melodía pegadiza. Misraki contaba ya en su haber con otros títulos famosos en Francia y en toda la Europa de los años 30: "Madame la marquise" ("Tout va trés bien...", etcétera), "Vous qui passez sans me voir", "Insensiblement" ("sin darnos cuenta, te deslizaste en mi vida; sin darnos cuenta, te alojaste en mi corazón"). Escribió también la música de varios films argentinos: "Eclipse de sol", de Saslavsky; "Delirio" de Arturo García Buhr (un título muy adecuado), "El fin de la noche" de Alberto de Zavalía. En "La casta Susana", de Benito Perojo, con Mirtha Legrand, adaptó la opereta de Jean Gilbert y escribió una canción adicional, "Appelez-moi Madame". De aquí se fue a Hollywood y, tras la Liberación, de vuelta a París.
Por lo visto -y oído- Misraki tiene asegurada esa forma de la inmortalidad reservada a la canción popular, cuando se la tararea, o se la silba, distraídamente, sin darse cuenta, incorporada ya para siempre a la vida cotidiana y a la sensibilidad de varias generaciones.
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