
Una gaita en estado de mutación sonora
Actuará el asturiano Juan Carlos Hevia
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La gaita, que durante buena parte del siglo XX fue vista apenas como un instrumento autóctono, recuperó posiciones con fuerza en los últimos años. De la mano de Carlos Núñez, Budiño y Juan Carlos Hevia, volvió a resurgir y a mezclarse, en cada una de las propuestas, con otros géneros y estilos, en esa mezcla viva que es desde siempre la música popular.
Hevia, que se presentará pasado mañana en el Gran Rex, es quien ha puesto su mirada en el futuro. Mientras Núñez buscó las conexiones de la música gallega con otros ritmos del mundo, el asturiano Hevia eligió trabajar sobre la antigua gaita y convertirla en un instrumento midi, lo que él llama la gaita electrónica multitímbrica.
"Me parece muy bien que otra gente siga investigando en las raíces. Son muy necesarios los trabajos de campo e investigación para recuperar los viejos repertorios." Pero a él, dice en una charla telefónica antes de cruzar el océano, se le ha dado por mirar hacia el futuro.
Hacia la electrónica
Así, dice, encontró su camino. Que ya es bastante largo. Lleva 23 años soplando la gaita y piensa que "hay que mantener siempre un componente de raíz, pero también hay que evolucionar. Creo que ésa es la esencia de la tradición: además de mantenerla, que haya evolución, si no incorporamos algo de nuestro tiempo, de la época que nos tocó vivir, se convertirá en un resto arqueológico sin vida".
En esos años anduvo varios caminos. "Mis primeros pasos fueron en las romerías de los pueblos, interpretando la música más tradicional. Después, en los años de universidad, entré en contacto con el folk. Allí, al tocar con distintos grupos, comenzó a cambiar mi concepto de la gaita, y fui desde la romería al escenario, y como se utiliza dentro de grupos de rock, de pop o de folk."
En 1996, Hevia decidió "bajar" a Madrid desde su Asturias natal a intentar conectarse con las grandes compañías discográficas. Así, editó un disco, "Tierra de nadie", que pensó destinado a una minoría pero que se convirtió en un éxito. Vendió más de un millón y medio de copias en 40 países.
"Luego apareció la electrónica, una gaita que sería el equivalente a un teclado electrónico para un pianista. A ella llegamos después de varios años de investigación en la escuela de gaitas de Villaviciosa, donde yo nací, y porque se dio la circunstancia de que trabajamos juntos un informático, un electrónico y yo, músico. Con ese equipo salio un instrumento como éste."
Según Hevia, la modificación permitió ampliar el espectro musical. "Así puedo llegar a campos y sonoridades que estaban vedados para los gaiteros. La alternativa era aprender a tocar otro tipo de instrumentos. Yo he tocado el acordeón y las flautas, pero quería llegar a otro tipo de posibilidades con la gaita, con mi propio instrumento."
Esta será la tercera visita de Hevia a la Argentina. En la primera, en 1994, dio clases de gaita, durante un mes, en el Centro Asturiano. Un año y medio atrás, volvió a pasar por allí. "En esa visita escuché una banda de gaitas asturianas, que antes no existía, y que ya no es un embrión sino una institución consolidada. También escuché a Xeito Novo, un grupo de descendientes de gallegos, de muy alto nivel".
Moñtañas, lluvias y sidra
El terreno sembrado ha dado sus frutos y Hevia espera que, en el recital del viernes -en el que presentará también su último disco, "Al otro lado"- estará su grupo de bajo, teclados, guitarra, batería, percusión, violín y varias gaitas, además de la suya. "Algunos gaiteros los llevaremos desde Asturias, pero también estará la gente del Centro Asturiano colaborando con nosotros", cuenta mientras se escuchan los ladridos de sus perros y sus intentos de apaciguarlos.
Para el asturiano, la música de su tierra está condicionada, como toda música tradicional, por el paisaje, el clima, los modos de vida y la lengua, que "no sólo determina los modos de cantar, sino también los de tocar". Y agrega de su patria, con evidente orgullo, que es una "comunidad del Norte, muy verde, porque llueve mucho, y muy montañosa. Por lo tanto, ha estado aislada del Sur, de la meseta, y es una zona donde no se bebe vino sino sidra, y eso implica un ritual de convivencia".
Está seguro de que hoy la música que engendró ese entorno está más vital que nunca. "La tradición está muy viva, y lo mejor que se puede hacer por ella es, sin más, usarla. Usarla con la naturalidad con la que se usaba hace unos cien años, cuando era natural bailar con una gaita o con un tambor, y casi más que plantearse la tradición como bandera, como recuperación del pasado, hay que adueñarse de ella".
Con respecto a la etiqueta de world music que suele ponérsele, el asturiano confiesa que no le molesta. "Las etiquetas son relativas, ya lo sé, pero no me molestan de ningún modo, porque cuantas más se le apliquen a mi música, más estantes diferentes de una disquería pueden ocupar mis discos", y ríe de su ocurrencia.
La gaita, que durante buena parte del siglo XX fue vista apenas como un instrumento autóctono, recuperó posiciones con fuerza en los últimos años. De la mano de Carlos Núñez, Budiño y Juan Carlos Hevia, volvió a resurgir y a mezclarse, en cada una de las propuestas, con otros géneros y estilos, en esa mezcla viva que es desde siempre la música popular.
Hevia, que se presentará pasado mañana, en el Gran Rex, es quien ha puesto su mirada en el futuro. Mientras Núñez buscó las conexiones de la música gallega con otros ritmos del mundo, el asturiano Hevia eligió trabajar sobre la antigua gaita y convertirla en un instrumento midi, lo que él llama la gaita electrónica multitímbrica.
"Me parece muy bien que otra gente siga investigando en las raíces. Son muy necesarios los trabajos de campo e investigación para recuperar los viejos repertorios". Pero a él, dice en una charla telefónica antes de cruzar el océano, se le ha dado por mirar hacia el futuro.
Los gaiteros locales
El terreno sembrado ha dado sus frutos y Hevia espera que, en el recital del viernes -en el que presentará también su último disco, "Al otro lado"- estará su grupo de bajo, teclados, guitarra, batería, percusión y violín y varias gaitas, además de la suya. "Algunos gaiteros los llevaremos desde Asturias pero también estará la gente del Centro Asturiano colaborando con nosotros", cuenta mientras se escuchan los ladridos de sus perros y sus intentos de apaciguarlos.
Para el asturiano, la música de su tierra está caracterizada y condicionada, como toda música tradicional, por el paisaje, el clima, los modos de vida y la lengua que "no sólo determina los modos de cantar, sino también los de tocar". Y agrega de su patria, con evidente orgullo, que es una "comunidad del norte, muy verde porque llueve mucho y muy montañosa. Por lo tanto, ha estado aislada del sur, de la meseta y es una zona donde no se bebe vino sino sidra, y eso implica un ritual de convivencia".
Está seguro que hoy, la música que engendró ese entorno, está más vital que nunca. "La tradición esta muy viva, y lo mejor que se puede hacer por ella es, sin más, usarla. Usarla con la naturalidad con la que se usaba hace unos cien años, cuando era natural bailar con una gaita o con un tambor, y casi más que plantearse la tradición como bandera, como recuperación del pasado hay que adueñarse de ella".
Con respecto a la etiqueta de world music que suele ponérsele, el asturiano confiesa que no le molesta. "Las etiquetas son relativas, ya lo sé, pero no me molestan de ningún modo, porque cuantas más se le apliquen a mi música, más estantes diferentes de una disquería pueden ocupar mis discos" y ríe de su ocurrencia.





