
Una guitarra milagrosa
"Sólo guitarra" recital de Luis Salinas. Músicos invitados: Hugo Fatorusso (piano), Martín Ibarburu (batería), Lucho González (guitarra), Jaime Torres (charango) y otros. Teatro Nacional Cervantes. Próxima función: sábado 14. Nuestra Opinión: muy Bueno
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Luis Salinas es un milagro argentino. Eso es lo que se piensa cuando se ven esos dedos gordos _aparentemente más apropiados para un albañil que para un guitarrista_ que surcan todo el diapasón para dejar una deslumbrante versión del tango "Uno".
El guitarrista, que es muy creyente, también sabe que los milagros son posibles, ahora que está sobre el prestigioso escenario del teatro Cervantes y puede ver las plateas y los palcos llenos de gente en su primera presentación grande.
"Es un sueño", dirá en uno de los pocos momentos en que hablará, y dedicará legítimamente el concierto a su madre, que está internada, y "a los que creyeron en mí". La frase que aparece en el programa no es casual. Durante años, Salinas tuvo que lidiar contra esa creencia que dice: "Cómo va a ser bueno si es mi vecino".
El mismo público que por ahí paga una entrada para pavonearse con las visitas extranjeras ni siquiera le había prestado atención al guitarrista argentino, a pesar de que ya había grabado para un sello internacional, había tocado con B. B. King y había sido elogiado por Chick Corea y Hermeto Pascoal. Ahora que Salinas tiene esta especie de desquite popular, se dedicará a tocar por más de dos horas para demostrar, nuevamente, por qué es considerado por pares y público uno de los mejores músicos argentinos de la actualidad.
En su amplio universo musical caben el tango, el folklore, la bossa nova, el latin jazz, la balada y el be bop. En la primera parte del recital, el guitarrista comenzará a tocar solo. En ese clima aparentemente despojado logrará los momentos de mayor inspiración. Todos los recursos técnicos, armónicos y expresivos se conjugarán en un sonido que llega a su ecuación ideal en el tango y el folklore. Cuando apela a esa identidad musical no hay quién le haga sombra.
Cuando aborda "Alfonsina y el mar", quedan expuestas su expresividad melódica y su insuperable digitación. Se saborea con un bossa nova en homenaje a Baden Powell y pasa de la guitarra criolla a la eléctrica para regodearse en la exquisita "You are the sunshine of my life", al estilo Joe Pass.
Salinas aprendió tocando de todo, y eso lo lleva a mezclarse en diferentes ritmos e influencias que surgen en el vuelo de sus dedos, en cada picado, en la utilización de acordes y en la ductilidad que muestra en su instrumento cuando interpreta "Velas", de Ivan Lins, o "Nubes", de Dyango Reinhardt.
El músico necesita de otros estilos para divertirse, pero en los ritmos populares, Salinas encuentra una comunicación ideal y fluida con la guitarra y la gente. En el tema que hizo para Horacio Salgán, se luce con un género que le viene como anillo al dedo y se evidencia esa diferencia que hace con el resto: ahí aparece un Salinas único.
El músico elige por la diversidad que le permite abrir el juego a otras sonoridades y a los encuentros con otros músicos.
Salinas y amigos
En la segunda parte invita a Jaime Torres para hacer la zamba "La pobrecita", donde hubo tiempo para un contrapunto de charango y guitarra en el que se sacaron chispas y reunió swing, silencios y ritmo, despertando la ovación de la noche.
Luego subirán Hugo Fatorusso, piano de lujo, y Martín Ibarburu, en la batería, para transitar climas más tranquilos y otros más calientes, cuando el jazz gana el escenario. También Lucho González será de la partida para una especie de guitarrazo en "Salsa pa´ Coco" y en el regreso a las cadencias de la bossa nova. Salinas se reserva para cerca del final las baladas dedicadas a su mujer, Silvia, donde aparece su costado instrumental más reposado.
El clima se vuelve a encender con la "Chacarera para Adolfo". El bombo de Luis Tula contagia al público, que se anima a palmear a ritmo de la chacarera. Otra vez, Salinas parece poseído por la guitarra, echa su ancho lomo para atrás y se deja llevar por el duende salamanquero, a pesar de ser porteño.
El músico logra redondear un show bien armado, donde pudo decir todo en menos tiempo, con más climas y menos acrobacias. Logró equilibrar la vorágine que impone su increíble virtuosismo para que la técnica y la capacidad estén al servicio de sus solos. Cada vez que Salinas le daba el poder a su imaginación otra vez se producía la sorpresa de la gente y el milagro de la música en su guitarra.
"Nadie puede tocar así", decían sus seguidores, que ahora son más y sintieron en este salto a un escenario más grande un triunfo propio. En todo este tiempo, Salinas se dedicó a desparramar no sólo música, sino humanidad. Quizá por eso en el teatro se percibe un clima tan familiar y todos están tan felices como Luis Salinas.





