
Una hormiga de teatro
El director estrena hoy una pieza basada en Hormiga Negra, el personaje con el que Eduardo Gutiérrez convirtió en leyenda al gaucho matrero Guillermo Hoyos.
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Hay ideas que quedan dando vueltas durante años. El proyecto de llevar al teatro la historia del gaucho Hormiga Negra era una vieja ilusión de Lorenzo Quinteros. En la década del setenta, el escritor Osvaldo Lamborghini se convirtió en un aliado de lujo para darle forma. Pero eran tiempos duros y la famosa realidad nacional también sesgó este sueño de un puñado de actores. La idea de montar el espectáculo "Hormiga Negra" estaba lista para parir, llegaron hasta un ensayo general, pero vino el golpe de 1976 y no hacen falta más explicaciones.
Así, el sueño de Tina Serrano (que hacía de Hormiga Negra), David Di Nápoli, Mónica Galán, Noemí Morelli y María Elena Mobi quedó en la nada.
Dos años después,Quinteros partió para España. En ese mismo continente, en 1985, moría Lamborghini. La fabulosa historia de "Hormiga Negra" quedó en el cajón hasta que volvió a instalarse el año último en la mente de Quinteros. Y para darle forma, se juntó con un viejo compañero de ruta, el dramaturgo Bernardo Carey, con quien ya trabajó en varias oportunidades.
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"Hormiga Negra tiene 13 años cuando pelea ferozmente con su padre por el rapto de la paisanita Marta, a quien finalmente hace su esposa y poco más cuando castiga a su suegra con sucesivas y homéricas palizas a puro rebenque mortal. Hormiga ya comienza a ver, en la mirada aterrorizada de sus adversarios ocasionales, el calendario de las horas contadas".
(Bernardo Carey)
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Sin bien la historia de este personaje tiene conexión con lo gauchesco, a Quinteros más que lo costumbrista le interesa trabajar el mundo de las pasiones a la manera de una tragedia campera o de un policial trágico. "Eso es más inquietante que pintar un paisaje criollo -asegura-. La escenografía y el vestuario tienen que ver con ese mundo de dagas y facones, pero también los personajes se pelean con palos. Porque me gusta recorrer las aventuras de estos seres desde un ángulo primitivista, por eso los palos", asegura.
-En ese aspecto parece existir un tono semejante a "Los escrushantes", tu pieza anterior, en la que los personajes también poseen conductas primitivas.
-Sí. Pero entre esa obra y esta hay diferencias fuertes. En "Los escrushantes" había una estructura realista, me interesaba plasmar lo cotidiano. Pero este texto tiene un vuelo poético, gracias a la mano de Lamborghini y de Bernardo Carey, que no tenía la pieza anterior. "Los escrushantes" remitía al presente. Con "Hormiga..."me interesa mezclar lo real con lo onírico. Hay momentos en los que el relato se traslada de la realidad de los personajes al radioteatro sin ninguna explicación. Como si el radioteatro fuera la manera de pensar de estos seres.
Y el radioteatro tiene mucho que ver con la historia de Hormiga Negra. Básicamente en las provincias, varias generaciones merendaban escuchando la historia de este gaucho Guillermo Hoyos, alias Hormiga Negra, gracias a los folletines escritos por Eduardo Gutiérrez en 1881.
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"A Gutiérrez le basta mostrar un hombre, le basta "darnos la certidumbre de un hombre", para decirlo con las palabras duraderas de Hamlet. No sé si el "verdadero" Guillermo Hoyo fue el hombre de viaraza y de puñalada que describe Gutiérrez; sé que el Guillermo Hoyos de Gutiérrez es verdadero. He interrogado:¿Qué aporte peculiar el de Gutiérrez en el mito del gaucho? Acaso puedo contestarlo:refutarlo."
(Jorge Luis Borges)
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Pero la intención de este talentoso hombre de teatro no es refutar ninguna historia. El prefiere dejarse llevar por los impulsos.
"Si hay algo que no me preocupa en lo más mínimo es el estilo. La textura también cuenta, no sólo las palabras. Me acuerdo de que cuando hice "Saverio el cruel" yo leía la obra y me parecía que Roberto Arlt estaba chiflado. En los tres actos cada uno tenía un estilo distinto. Y me acordaba de que una vez alguien le preguntó qué quería decir con una obra que no recuerdo y él contestó: "Quiero provocar que cada espectador tenga ganas de acariciar la pierna de la persona que está al lado". Ya ves, un teatro sensorial.
-Arlt quería que el espectador le tocara la pierna al que estaba a su lado. ¿Vos apuntás al manoseo?
- No sé. Cada vez tengo menos pretensiones intelectuales. Si tengo ganas de ver una cosa, la pongo. La unión entre las partes no se logra por una cuestión de racionalidad, sino por ciertos impulsos. Ultimamente están confundiéndose mucho las cosas, parece que los directores de escena son más semiólogos que directores. Y creo que el director de teatro más que un interpretador tiene que ser un propositor, debe generar sentidos, pero no leerlos; para eso están la crítica o los estudiosos.
- Da la sensación de que, en estos últimos años, venís profundizando esa pulsión. Tener tu propia sala parece responder a ese impulso de hacer lo que tengas ganas sin darle explicaciones a nadie.
-Está ligado. Tener mi propio teatro es no tener que dar explicaciones a un empresario o a un director de un teatro oficial. Y es importante justamente en este período de mi vida, en el cual trabajo a partir de los sentimientos.
Lorenzo Quinteros se entusiasma. Y mientras habla de su nuevo montaje suenan de fondo unos golpes que obligan a levantar la voz. "Esos martillazos también son de "Hormiga...". Estamos remodelando el escenario", dice desde su oficina en El Doble.
Por lo cual, aquellos que a partir de hoy, a las 21, se acerquen a Palermo Viejo para ver "Hormiga Negra", encontrarán que la pared del fondo ya no está. Allí, Quinteros armó otra caja escénica. "¿Ves lo bueno de tener un espacio propio? No tuve que pedirle permiso a nadie. En realidad, las paredes de una sala de este tipo son paredes escenográficas", se jacta el director de la obra y maestro mayor de obra.
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"¡Padre!Yo no me he redimir ni me he de rendir. No han nacido aún las estrellas... Esto es el campo. ¡Padre! ¡Madre! ¿Qué es esto? ¿Una melancolía? Me han humillado pero no me humillo. Yo le temo, padre, como nadie le ha temido. Pero lo que es yo, no me humillo."
(Osvaldo Lamborghini)
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La vida de Hormiga Negra dio para todo. "Creo que si el espectáculo llega a gustar es porque se conecta con elementos de nuestra identidad, con nuestras formar de imaginar o de soñar. Esta obra se ubica en ese universo tan insondable de la pampa y aparece otro tiempo que poco tiene que ver con el de los porteños", asegura este señor de la escena nacido hace 54 años en un pueblito del sur cordobés.
"La trama de "Hormiga Negra" -cuenta Quinteros- está relacionada con un delirio. Hormiga es un hombre enamorado. Es realista, es un típico argentino que no tiene límites claros y si mata es casi un acto involuntario, cosa que lo vuelve un poco mítico. Si la muerte es parte de una viveza criolla, se pedirá disculpas. En él, la muerte no tiene grandilocuencia. A mí me hace recordar a personajes que conocí en mi infancia. De tipos que mataban por 20 pesos, que al poco tiempo terminaba jugando en el equipo de fútbol del pueblo como si nada. Es cierto, aquello era otra época. Luego viene la concepción de que el crimen se tiene que pagar en una acción ejemplificadora. Pero antes no era así. A fines de 1800 la justicia pasaba por otro lado. Era una Argentina no institucionalizada."
Tal vez Quinteros haya reparado en que si bien la justicia, en el siglo XIX, no estaba institucionalizada, en este principio de siglo la institución judicial tiene sus cuentas en rojo con la gente. En cierta forma, parece haber un eje que permanece. O, en todo caso, el tiempo no cambie, ni tanto ni tan rápido, el orden de las cosas.
Sobre la muerte real
Estos son algunos fragmentos de la noticia necrológica de Guillermo Hoyos, apodado "Hormiga Negra", publicada en La Nación el 2 de enero de 1918 .
"Ha muerto ayer, octogenario, en los suburbios de San Nicolás de los Arroyos, Guillermo Hoyos, que gozó en vida su propia leyenda, que llenó con sus hazañas de gaucho matrero las crónicas policiales, que dio tema a Eduardo Gutiérrez para uno de sus más interesantes libros y hasta pasó al tabladillo de los primitivos circos criollos, levantando enorme entusiasmo popular por su coraje, por sus diabluras, por sus rasgos de bandido generoso, sus episodios amatorios y su dolor de paria perseguido de las policías de campañas.
"En los tiempos que corren sus andanzas habrían sido resumidas en una ficha de sección antropométrica y el terror que sembró en estancias y pulperías y peringundines habría sido a muy corto plazo.
"Carne de cepo y de fortín, soldado en los batallones de la lucha contra el indio, bravo entre los bravos, Hormiga Negra tuvo sus admiradores y sus cómplices, unas veces por miedo a sus represalias, otras por la viva simpatía que inspiraba a la paisanada su figura ciclópea, su maravilloso manejo de la daga y el trabuco naranjero.
"Cuando no estaba preso lo andaban buscando. Acribillado de balas, lleno de cicatrices, salvó su vida en cien entreveros. Por su valor probado, los caudillos políticos lograron acortarle las penas carcelarias.
"Desde su última condena en la cárcel de San Nicolás -y de esto hace veinticinco años-, sentó sus reales en un rancho vecino al Arroyo del Medio.
"Más feliz que sus congéneres Juan Cuello, Juan Moreira, Pastor Luna y los Barrientos, el gaucho Hormiga Negra no sucumbió en su luchas con la partida y ha vivido hasta los ochenta y cuatro años."
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