Vinyl es una nostálgica guía turística por el mapa del rock clásico

Vinyl.Creada por: Martin Scorsese, Mick Jagger, Terence Winter y Rich Cohen. / Protagonistas: Bobby Cannavale, Olivia Wilde, Ray Romano, Juno Temple y James Jagger. / Emite: HBO, los domingos, a las 23
Hernán Ferreiros
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23 de febrero de 2016  

Bobby Cannavale, al frente de un elenco ajustado
Bobby Cannavale, al frente de un elenco ajustado Crédito: HBO

Richie Finestra (Bobby Cannavale) es el presidente de American Century Records, una compañía discográfica en sostenida decadencia que, tras haberse establecido como un sello importante gracias a la capacidad de su fundador de reconocer a los músicos más relevantes, en el presente -1973- lucha por mantener entre sus filas a Donny Osmond. El declive profesional no es el único problema de Richie: al tiempo que intenta recomponer su vida matrimonial con Devon (Olivia Wilde), una ex "superstar" de la troupe de Andy Warhol, debe aplacar al insufrible Buck Rogers (Andrew Dice Clay), el dueño de una cadena de radios que se niega a difundir a los artistas de su empresa. Todo esto mientras cultiva una rampante adicción a la cocaína, que suele peinar con la tarjeta personal de un detective de homicidios: un notorio indicador de que nubes más negras se aproximan al eterno frente de tormenta que es su día a día.

La cocaína ocupa el rol protagónico en el primer episodio de Vinyl, dirigido por Martin Scorsese, quien siempre encontró una simbiosis perfecta entre la manía provocada por la droga en sus personajes y el ritmo sincopado, violento y neurótico que impone a su cámara. Es el caso de este debut, aunque aquí Scorsese no encontró nada que no haya usado antes y mejor: sus recursos provienen de una caja de herramientas que viene utilizando desde hace 30 años y están desgastados. Desde el punto de vista argumental, la serie muestra una tendencia compartida por buena parte de la producción cultural norteamericana reciente: la necesidad de recompensar de manera simbólica el abuso real que sufre la minoría negra. A esto se debe, en Estados Unidos, la sobreactuación de la corrección política que genera escándalo e indignación ante cualquier mínimo rasgo de racismo en el lenguaje o la cultura (horror: no hay actores negros nominados al Oscar), al tiempo que se perpetúan, sin cambios políticos significativos, las exoneraciones de blancos que asesinan a jóvenes negros. Es más, se podría decir que la corrección política es la válvula de escape que mantiene a raya el malestar colectivo que provocan esos actos y previene una explosión y una transformación real; en su lugar propone un insólito pacto social: "Cada tanto los blancos vamos a matar a un negro, pero jamás les vamos a decir «niggers», ¿de acuerdo?" Este es el estado de cosas del que participa esta serie al presentar a la cultura negra como instantáneamente más valida, auténtica y original que la blanca. Es cierto que incontables artistas negros fueron explotados por la industria discográfica y que sus invenciones fueron saqueadas y pasteurizadas por artistas blancos, pero esa no es toda la verdad ni toda la historia. Es, sin embargo, el punto de vista que este relato elige para pagar su diezmo a la corrección política y ofrecer así su compensación imaginaria.

La serie va en busca del momento de autenticidad musical supremo: Richie lo encuentra en un sonido desconocido con el que se topa por casualidad cuando pasa por un barrio negro con su limusina. "¿Qué es esto?, ¿cómo se llama?", inquiere con la expresión transfigurada de Juana de Arco cuando escucha la voz de Dios. En verdad lo que suena no debería ser ajeno a un ejecutivo discográfico: es el breakbeat del hit "Give it up or Turn it Loose", de James Brown, sólo que loopeado en vivo por un DJ. Es decir, este momento mistificado por la revelación casi religiosa no es otro que el nacimiento del hip hop: nuevamente la cultura negra como fuente de origen y descubrimiento. Como una suerte de Forrest Gump del A&R, Richie, durante el primer episodio, atraviesa momentos cruciales de fines del siglo XX: el inicio del hip hop, sí, y también el prototipo del punk rock -en un concierto de los New York Dolls y en los ficcionales Nasty Bits, liderados por James Jagger, el hijo de Mick, canalizando a Richard Hell-. Del mismo modo forzado que el personaje de Tom Hanks, el protagonista de esta serie se cruza con figuras legendarias ("Hey, Robert Plant", saluda al joven líder de Led Zeppelin durante un show), pasa por varios episodios fundacionales y, en su búsqueda de la "autenticidad" rockera, termina en el lugar opuesto: como una suerte de guía turística por el mapa del rock clásico para el disfrute de espectadores nostálgicos. Vinyl no es un total despropósito, pero dado el calibre de los involucrados era lícito esperar más.

Nuestra opinión: buena.

Segunda temporada confirmada

Luego de la muy buena repercusión que tuvo entre los críticos de su país, HBO acaba de confirmar una segunda temporada de Vinyl. Unos de sus creadores, Terence Winter, dio algunos detalles acerca del rumbo que tomará la historia en la nueva ronda de capítulos. "La serie progresará en el tiempo. Probablemente avancemos hasta 1974. La primera temporada recorre desde julio del 73 hasta el final de ese año. El 74 fue cuando se abrió el CBGB, y fue el año en que se formaron los Ramones", comentó el productor. Más adelante, Winter agregó como dato de contexto que ese año fue el de la renuncia de Richard Nixon y el final de la Guerra de Vietnam. En cuanto a lo que ocurrirá con Richie Finestra, el protagonista de la serie, adelantó: "Él está en una búsqueda para encontrar algo nuevo que impacte en el negocio. Continuará con la electricidad que sintió en el concierto de los Dolls que es lo que impulsa luego del piloto, lo que ocurre en el resto de la serie".

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