
Una red social exigente
Lejos de Internet y con acceso limitado, la Guía Social va por su edición 22
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En días en que las redes sociales están de moda, también está de moda que sean abiertas a todo el mundo, como Facebook, Myspace o Linkedin, aunque también existe A Small World, donde sólo se puede formar parte si se es invitado por un miembro. Pero en nuestro país hay una red social que es la más exigente de todas: el requisito para entrar es ser presentado por tres de sus miembros. Se trata de la Guía Social, claro, que todavía no está en Internet, sino en una edición impresa de tapa dura, con encuadernación cosida y letras doradas en el lomo.
Con una tirada de 3000 ejemplares, editada cada dos años desde 1965, y por su edición número 22, esta guía tiene los nombres, las direcciones y los teléfonos de las familias consideradas tradicionales. Y aunque más de uno se moriría por figurar en sus páginas, no todos pueden entrar en esta guía que hace años mantiene estable el número de 8000 familias.
"La Guía Social es un punto de encuentro", sintetiza Poppy Aparicio Argüello, su editora.
La primera guía apareció en 1897, con nombres y apellidos de las familias, las direcciones, los teléfonos y los días en que recibían visitas. "Una de las razones de la creación de las guías sociales fue saber cuándo se podía visitar a una familia", comenta el investigador histórico Lucio Pérez Calvo, además coleccionista de guías sociales.
Las viejas guías anunciaban casamientos, compromisos matrimoniales y muertes del año anterior. Y sumaba páginas en blanco para agendarse las misas por los aniversarios de muerte. "La guía presentaba a las mujeres y los varones que iniciaban su vida social", agrega Pérez Calvo. Por eso tenían un listado de caballeros mayores de 18 años listos para ser presentados a una señorita en edad casamentera.
Las guías más antiguas son el Libro de Oro, de 1897, y el Libro de las Familias, más conocido como Libro Azul, por el color de su lomo y no por el de la sangre de los que aparecían, como alguno puede pensar cuando se lo nombra, que surgió en 1914 y era editado por las monjas de la Congregación del Divino Rostro.
Poppy Aparicio Argüello, que comenzó a familiarizarse con los apellidos y sus historias trabajando en la sección de sociales del diario La Razón , tomó la posta de estas guías primigenias y en 1965 sacó la Nueva Guía Social, ahora Guía Social. "Mantenemos siempre la cantidad de familias, y los requisitos para entrar en ella son como en el Jockey: hay que ser presentado por al menos tres miembros", explica.
Utilidades impensadas
Los fanáticos que las coleccionan con fervor y las rastrean por cuanta librería de viejo hay, reconocen que la actual inestabilidad de los matrimonios, que la gente no viva toda la vida en el mismo lugar y que se haga pública mucha información atenta contra la continuidad de la guía, y por eso valoran que siga saliendo. Es que la guía tiene sus ventajas y saca de apuros a más de uno.
Inés Fernández Cronenbold de Alzaga Ungaro figura junto a su suegra y sus tres cuñados. "Mi suegra nos puso a todos -cuenta algo nerviosa porque aparezcan así sus datos personales-. Me da no sé qué estar, se está muy expuesto", confiesa. De todas formas, la guía le fue muy útil para su casamiento. "Mamá y mi suegra la usaron para hacer las participaciones."
"Soy un bien bárbaro, siempre aparecí -comenta divertido Oscar Arce, un marino retirado que no se toma la guía muy en serio, pero que de todas formas la compró-. Hace poco se casaba una de mis hijas y mi mujer la compró para ver a quiénes participábamos e invitábamos a comer."
La Guía Social sirve hasta para solucionar problemas burocráticos. Una señora de San Isidro fue a la Anses a pedir su pensión por viudez. Pero como ella y su marido tenían en sus documentos domicilios distintos le pidieron una prueba de convivencia. Así llevó de todo: una escritura de una propiedad en común, una cuenta de banco en común, tarjetas de crédito, avisos fúnebres y hasta cartas de pésame. Todo fue rechazado.
"Ya no sabía qué hacer, hasta que pensé: Los voy a desconcertar ", cuenta la mujer. Se fue hasta la Anses con la Guía Social y les dijo: "Vine a acreditar la convivencia". Les explicó de qué se trataba la guía y les preguntó: "¿A ustedes les parece que un hombre va a ponerme a mí, con el mismo domicilio, mismo teléfono, quinta y campo, para que lo vean miles de personas que figuran acá, si no soy su mujer legítima?" Entonces, una de las mujeres que la escuchaba le dio las gracias, sacó una fotocopia del libro y le dijo "es suficiente".
Al mes empezó a recibir la pensión.






