
Van Damme ataca de nuevo
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Calificación: Buena
"Desafío mortal" ("The Quest"/1995), producción norteamericana en colores presentada por Líder en el Ocean, Alto Palermo, Paseo Alcorta, General Paz, Rivera Indarte y simultáneos. Hablada en inglés. Guión: Steven Klein y Paul Mones, basado en una historia de Frank Dux y Jean-Claude van Damme. Fotografía: David Gribble. Música: Randy Edelman. Intérpretes: Jean-Claude van Damme, Roger Moore, James Remar, Janet Gunn y otros. Dirección: Jean-Claude van Damme. Duración: 93 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Jean-Claude van Damme es siempre el mismo. Y, claro, el actor belga que triunfó ampliamente en los Estados Unidos no tiene necesidad de cambiar para continuar entusiasmando a sus seguidores.
Su físico musculoso, su rostro pétreo y su habilidad para las artes marciales son sus signos distintivos. Esos sellos que lo llevaron al éxito y que, él bien lo sabe, debe mantener incólumes.
En "Desafío mortal" no se conforma con ser protagonista de la historia. Ideó la trama original del relato y hasta se atrevió a dirigirlo.
La anécdota se desarrolla en torno de Chris, un muchacho huérfano que, en la década del veinte, es líder de una pandilla de ladronzuelos que operan a la sombra de la Quinta Avenida neoyorquina.
Educado en la calle, sin más amigos que los adolescentes que lo secundan y lo admiran en sus pillerías, Chris comete un error por el que la policía se pone tras sus pasos. No le queda otra alternativa que alejarse de la ciudad a bordo de un buque tripulado por una banda de traficantes turcos de armas que navegan hacia Oriente.
En alta mar, la nave que traslada a Chris, ya convertido en esclavo, es abordada por un barco comandado por un ex aristócrata ambicioso que, sorprendido de las habilidades del joven como luchador, lo ofrece a un delincuente dueño de un centro de entrenamiento de boxeadores Chris ya está seguro de que ha pasado de las manos de un negrero a otro, e imagina cada vez más lejano su anhelado regreso a casa.
Luchas sin cuartel
{Texto} Así, sin proponérselo, el protagonista deberá intervenir en un concurso de artes marciales cuyo acceso está restringido a los dieciséis mejores luchadores del mundo. Y el premio al vencedor será un enorme dragón de oro macizo.
El ex aristócrata y un gordo y caricaturesco secuaz desean fervientemente quedarse con el valioso trofeo, en tanto Chris deberá hacer frente a cada uno de sus adversarios, a los que derrota en sucesivos encuentros y, al mismo tiempo, impedir que el premio quede en manos inescrupulosas.
La aventura es ágil, entretenida y, por momentos, está imbuída de un humor que pone cierta distancia entre las sangrientas luchas de los contendientes y se inserta en las travesuras por las que ya atravesó Indiana Hones en la pantalla.
Con un guión que no da respiro, Van Damme demuestra, otra vez, que no perdió su agilidad ni pretendió salirse de ese camino que, desde hace años, lo elevó a la popularidad mundial.
Como director, supo cumplir sin fisuras con lo pedido por el guión. Eligió bellos y exóticos escenarios para ubicar su relato, manejó la cámara con el adecuado nerviosismo y se rodeó de un elenco que, entre golpes, astucia, suspenso y cierta ternura se aunaron para que la aventura contase con el resultado requerido.
Ahí están Roger Moore, el ex agente 007, en esta oportunidad casi desconocido tras una tupida barba, que se encarga de animar al ambicioso lord; James Remar, especialista en papeles de acción, y un habilísimo plantel de luchadores que, como muñecos de trapo, caen vencidos por la fuerza y la destreza del protagonista.
Los rubros técnicos supieron, también, cumplir a la perfección con sus respectivos cometidos en esta vuelta de Van Damme a la pantalla. Un regreso que, sin duda, no defraudará a los seguidores de este tipo de género cinematográfico que, mucho más allá de la credibilidad, permite pasar una hora y media de entretenimiento.





