Voces que capturan el paisaje del Norte
"El encuentro" es su cuarto disco
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El Dúo Coplanacu logró generar un espacio de encuentro en su música, donde la pertenencia a la identidad deja de ser un signo regional para convertirse en un diálogo con la sensibilidad de la música de raíz. Por eso, su presencia y el repertorio de zambas y chacareras de autores fundamentales con el que cabalgan por todo el noroeste se constituyó en un símbolo de independencia de todo un movimiento compuesto por musiqueros que trabajan en silencio y renuevan con su presencia el discurso folklórico de estos días.
Para quienes no los descubrieron en sus tres discos anteriores "Retiro al Norte", "Paisajes" y "Desde adentro", el clima de comunión de sus conciertos, donde la gente se apropia de las canciones para bailarlas o cantarlas, aparece en este nuevo álbum, "El encuentro", que registraron en vivo, para DBN; durante sus presentaciones en La Trastienda, en agosto.
El disco es una excusa para sintetizar los quince años del grupo, andando los caminos de la música de raíz folklórica. En ese espacio construido de forma independiente lograron ser representativos de ese legado ancestral de la tierra -exhumando composiciones olvidadas de Chazarreta o desenterrando reliquias anónimas- sin quedar anclados en una postal del pasado: en sus voces los temas suenan como una memoria viva de los ritmos populares.
Estos santiagueños, Julio Paz (voz y bombo) y Roberto Cantos (guitarra y voz), con la invitada permanente Andrea Leguizamón en violín -más el plus de Pablo Aznarez (segundo violín), Roberto Segret (cello) y la Vasilly (grupo de percusión)- incorporaron a este disco otros timbres a la propuesta acústica y criolla de los arreglos.
Aunque los Coplanacu siguen logrando los mejores momentos cuando se quedan en dúo o trío. La guitarra y el bombo pulsan chacareras y escondidos, que se nutren de los contrapuntos vocales y el violín, en un ambiente festivo que el público complementa con arengas y coros improvisados.
De las versiones "nuevas" (temas grabados en otros discos) lucen renovadas "La olvidada", "Escondido de la alabanza" y "Alma challuera", con todo ese pulso y tempo que sólo saben darle los santiagueños. El clima del disco capta también esos momentos litúrgicos que generan cuando abordan zambas que son su especialidad, como la sentida "Rubia moreno", de Cristóforo Juárez y Agustín Carabajal. En el disco el grupo aprovecha para incorporar dos nuevas zambas a su repertorio:"La resentida", de Julián Ferro, y "Zamba del carnaval", del Cuchi Leguizamón, con una versión que seguramente la volverá a poner de moda, como sucedió con "Agitando pañuelos", de los Hermanos Abalos.
No faltan del propio Cantos, "Mientras bailas", que no desentona en comparación con los clásicos; el candombe "Arboles cantores", y la canción "Peregrinos", que genera uno de los momentos más especiales del disco y el recital: el público cantando a capella el estribillo cuando ya había terminado el tema y que obliga al grupo a empezar de nuevo.
Parte de esa mística que Los Copla generan en sus encuentros aparece solidificada por ese imaginario, donde caben las utopías no declamadas, pero palpables. En ese correlato artístico y humano el grupo logra una reconstrucción de todo un tiempo folklórico, una relectura que les permite tejer este presente y ser protagonistas de una cultura anónima y popular que sigue andando.






