
Washington, todo un huracán
"Huracán" ("The Hurricane", EE.UU./ 1999, color), producción hablada en inglés, presentada por Buena Vista. Basada sobre los libros "The 16th Round", de Rubin Carter, y "Lazarus and The Hurricane", de Sam Chaiton y Terry Swinton. Guión: Armyan Bernstein y Dan Gordon. Intérpretes: Denzel Washington, John Hannah, Deborah Kara Unger, Vicellous Reon Shannon, David Paymer, Dan Hedaya, Harris Yulin y Rod Steiger. Fotografía: Roger Deakins. Música: Christopher Young. Montaje: Stephen Rivkin. Diseño de producción: Philip Rosenberg. Dirección: Norman Jewison. 145 minutos. Nuestra opinión: Buena .
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En lo exterior, es notorio que Washington ha hecho un formidable esfuerzo físico para encarnar al boxeador desde los años juveniles, cuando su fogoso ímpetu en el ring lo señala como futuro campeón, hasta la madurez, tras el calvario de permanecer en prisión durante casi veinte años, en una lucha denodada y casi constante en reclamo de justicia.
Pero es la transformación íntima la que más sorprende. El intérprete _justo candidato al Oscar_ hace visibles los sucesivos estados por los que atraviesa el protagonista, declarado culpable junto a un ocasional compañero, también negro, y sentenciado a tres sucesivas penas de reclusión perpetua por otros tantos asesinatos en los que no tuvo intervención alguna. Primero, resistiéndose a aceptar las reglas del presidio; después, aprendiendo que su fortaleza reside en despojarse de todo aquello de lo que el mundo pueda privarlo _incluido el amor_; más tarde, concentrándose en la lucha por demostrar su inocencia y descubriendo el poder de la palabra escrita.
Su libro, "El decimosexto round" es, precisamente, el que lo pondrá en contacto con un adolescente que se identifica con él y que arrastra a su grupo de benefactores canadienses (algo así como una minicomunidad hippie) a comprometerse con la batalla judicial del ex boxeador.
La voz de Dylan
"Todas las cartas de Rubin/ estaban marcadas de antemano/ El juicio fue un circo de cerdos...", cantaba Bob Dylan en el largo himno que le dedicó cuando muchas figuras públicas del arte y la política impulsaron hace 25 años, sin resultado positivo, una revisión del caso: "Para la gente blanca que observaba él era un vago revolucionario/ Y para los de color, sólo un negro loco".
Dylan, puede inferirse, comprendió mejor que Jewison y sus guionistas que "Hurricane" fue la víctima del prejuicio racial y de la indiferencia antes que la codiciada presa de un policía infinitamente perverso que lo persiguió desde la infancia y fue capaz de armar complejísimas conspiraciones con tal de darse el gusto de hundirlo, como muestra el film.
Los norteamericanos han puesto el acento de sus críticas en las excesivas licencias que la película se toma respecto de la historia real, entre otros motivos porque desdibuja la actuación de los abogados de Rubin, prácticamente olvida a Artis (el otro condenado) y sobrevalora el aporte de los canadienses, que por otra parte no eran tres, como en la ficción, sino nueve.
El cine suele tomarse estas libertades, y no está mal que lo haga si benefician dramáticamente el relato sin tergiversar lo esencial. El problema con la adaptación de Bernstein y Gordon y la dirección de Jewison es, además del énfasis discursivo que despunta aquí y allá, la simplificación.
La ambigüedad no existe; los personajes son burdamente demoníacos -como el implacable Della Pesca, que Dan Hedaya lleva con sus excesos al borde de la caricatura- o increíblemente angelicales, como esos tres canadienses inseparables, eternamente serenos, altruistas y comprensivos de cuya condición el film no da mayores explicaciones.
Química y emoción
Como contrapeso, afortunadamente, está el dibujo minucioso, vibrante y conmovedor que hace Denzel Washington de su personaje, a punto tal que vuelve creíbles momentos tan riesgosos como el diálogo entre los dos Rubin que conviven en él durante la pesadilla del encierro en el calabozo. Y está la química que se establece entre él y Vicellous Reon Shannon, el joven actor que transmite en la turbación de la mirada y la sinceridad de su sonrisa el entrañable sentimiento de solidaridad que mueve al adolescente y que Jewison quiso poner en el centro de su noble relato.
"Huracán" se sigue con interés, a pesar de su extensión y de algunos fugaces baches, gracias a la vivacidad del lenguaje de Jewison y a la emocionante humanidad que se desprende de la historia, a lo que se suma una atractiva banda sonora _en la que se concede algún espacio a la difundida balada de Dylan, además de otros temas muy bien seleccionados_ y un puñado de escenas de boxeo muy bien filmadas, en las que Washington puede exponer un poco los resultados de su extenuante período de entrenamiento.
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