
“Me sorprende que no nos haya quedado un daño cerebral.”
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En la gira gratuita de Limp Bizkit, patrocinada por Napster y realizada junto con Cypress Hill, el guitarrista Wes Borland salía a escena con la cara pintada de blanco y el cuerpo cubierto con sangre artificial. Pero en un principio los planes eran otros: Borland había diseñado un traje de cuero cubierto de bombitas de luz, pero cuando se probó el traje, un día antes de empezar la gira, las luces hacían que la guitarra acoplara. "Ya les encargué a los técnicos trogloditas que arreglen la cosa para nuestro próximo tour", explica Wes en camarines, antes del recital de Bizkit en Nueva York. "Es más divertido salir al escenario con alguna armadura." El músico, de 25 años, vive en Los Angeles con su esposa Heather. Sus gustos musicales son excéntricos y los piensa incorporar en su proyecto solista: Big Dumb Face. El próximo enero, bdf editará un álbum. Pero, antes, el 17 de octubre (véase pág. 32), sale el nuevo disco de Limp Bizkit: Chocolate Starfish and the Hotdog-Flavored Water. Borland lo describió como un retorno a la densidad pesada del álbum debut del grupo, Three Dollar Bill, Y’all$, de 1997, pero con mejores canciones. "Pero si antes no te gustaba Limp Bizkit", promete Wes, "tampoco te va a gustar ahora".
Vos citás entre tus influencias a John Zorn, el saxofonista de avant-garde, y al artista electrónico Aphex Twin. Comparados con Bizkit, parecen demasiado "cultos"…
Limp Bizkit es, definitivamente, un grupo de rock estúpido, en tanto y en cuanto hacemos canciones dentro del formato pop. En la escena underground hay muchas ideas frescas, bandas que hacen música porque quieren expresarse. Eso es lo que me gusta como oyente. Si puedo trasladar algo de ese sentimiento a lo que hacemos nosotros, entonces estaremos siempre un paso adelante. Podría nombrarte cien grupos que hacen música tarada: (con tono sarcástico) "¡Dale, vamos a tocar estos acordes pesados en Mi y les metemos ritmo!".
¿No estás cansado de oír nuevas bandas de funk-metal?
Hace cuatro años, pensábamos que éramos nosotros los que movíamos la historia (se ríe). Tenías a Rage Against the Machine, a Korn, a los Deftones, y a nosotros. Y ahora toda esta caterva de grupos se nos prendió atrás. Nunca pensé que zafaríamos del pelotón. Creí que íbamos a tocar en el escenario secundario del Ozzfest para siempre.
Y ahora ahí está ese pelotón...
Y se puso realmente aburrido. Sé que esto va a sonar como la mierda porque se supone que yo debería estar dándole manija a este estilo y no sé qué más, pero, la verdad, no me importa para nada. Somos una banda de rock-rap, pero también incorporamos otros estilos y tratamos de crecer. Nos mantuvimos lejos de las drogas y creo que lo más importante es que ninguno de nosotros adoptó esa actitud de "vamos a llenarnos de cocaína, salir con putas y prenderle fuego al escenario".
Vos parecés bastante sensato y feliz. ¿Son así los demás?
Fred [Durst] es un tipo feliz, pero tiene opiniones fuertes, sobre todo con lo que le molesta. Yo tiendo más a bancarme las cosas. Nos llevamos bien, pero no siempre fue así. Ahora discutimos, en lugar de pelearnos.
¿Qué fue lo que cambió?
El éxito te permite tener un poco más de espacio propio para respirar. Fred y yo finalmente llegamos a un acuerdo. No soy tan cabezadura. Estuve medicado con Dexedrine casi seis años por algo que para mí ni siquiera existe, llamado desorden de atención deficitaria por hiperactividad. Creo que es un invento de la sociedad, porque no todas las personas encajan en el mismo sistema educacional. Tenía 19 o 20 años y mis padres me dijeron: "Te portás todo el tiempo como un boludo y no te interesa nada que no sea la música o el arte".
¿Y te portabas como un boludo, nomás?
Sí, pero todos los varones de 19 o 20 años se preocupan sólo por sí mismos. Estás desbordante de semen y todo lo que querés hacer es voltearte mujeres y meterte en problemas con otros tipos. Después salís de esa etapa y pensás (hace como que llora) "Oh, Dios mío, fui un boludo durante tanto tiempo". Yo me salí del Dexedrine hace tres o cuatro meses. Me había convertido en tal freak que ni yo me daba cuenta.
¿Y componías en ese estado?
Muchos de los temas de este nuevo disco los escribí cuando estaba así [bajo la acción del Dexedrine], pero la mayor parte de la grabación se hizo después. Las sesiones de Significant Other fueron la peor experiencia que tuvimos, porque Fred y yo nos agarrábamos a trompadas todo el tiempo. ¡Teníamos las frentes hundidas por los golpes! Me sorprende que no nos haya quedado un daño cerebral. Ahora, en cambio, todas son rosas (se ríe).
Tus fans son chicos enojados y alienados. Cuando los ves, ¿sentís algo así como "ésta es mi gente"?
Sí. Es loco estar del otro lado. Y cualquier cosa que yo pueda hacer para que la experiencia de vernos les resulte inolvidable, la intentaré. Porque sólo nos dejarán seguir haciendo esto por, tal vez, cinco o seis años más.
¿Por qué pensás eso?
Porque no nos veo con el mismo show de acá a veinte años. Sería patético. Con el tiempo, me encantaría tener mi propio bar y editar discos en una escala más reducida. Y así, cuando tenga 80 años, poder seguir tocando la guitarra sentado en un taburete, en un club, haciendo música rara, sin tener que andar saltando por ahí, como un petardo.




