
Yendo de la publicidad al cine
El director, el debutante Lucho Bender, realizó muchos comerciales conocidísimos
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"En este país de los encasillamientos y los prejuicios lo primero que quiero decir es que no soy un publicista, sino un realizador de cine que se gana la vida filmando comerciales."
Esta suerte de declaración de principios corresponde a Lucho Bender, considerado -junto a Pucho Mentasti, Daniel Bohm o Carlos Sorín- como uno de los directores top del ambiente publicitario argentino.
Este rosarino de 43 años, al que el público conoce por comerciales como los de Oreo (el chico con síndrome de Down que ayuda al hermano), Taragüí (el ajedrecista ruso) y Telecom ("Te llamo desde Río Turbio") resultó consagrado como New Talent en el Festival de Cannes de 1997.
Ahora está a punto de estrenar su ópera prima para la pantalla grande, "Felicidades".
Bender transitará, así, idéntico camino que el elegido por varios de sus colegas, que trabajan en ambos terrenos, como Esteban Sapir, Fernando Bassi, Gregorio Cramer, Ariel Rotter, Luis Puenzo, Rodolfo Pagliere, entre muchos otros.
"Filmé más de 250 publicidades, que para mí fueron como peliculitas de un minuto y medio. Yo nunca filmo el producto, porque no sé hacerlo, y me remito a contar una historia, muchas veces a través de un plano-secuencia, a elaborar un humor ácido y a trabajar mucho con los actores", indica.
"En la Argentina -agrega- si dirigís publicidad son un frívolo, un fashion , pero mis trabajos no tienen nada que ver con eso. En los últimos años apunté a romper con el viejo paradigma publicitario según el cual uno tiene una vida tremendamente desdichada hasta que llega el producto y descubre la felicidad. Yo estudio la estructura dramática, el protagonista y el antagonista, los puntos de giro, planteo un clímax, una resolución y un epílogo. El corto del Banco Itaú es un homenaje a "El gran salto", de los hermanos Coen, y el de Energizer, con Marcelo Mazzarello, es como una road-movie norteamericana. Yo siempre jugué a hacer cine en la publicidad."
Por eso, Bender siente que el salto al largometraje ("algo que me había prometido cuando tenía 18 años") es una continuación lógica a su carrera publicitaria.
Con toda esa experiencia -infrecuente en un realizador debutante- llegó a su primera película, una historia coral ambientada durante una Nochebuena, en la que participó un ecléctico elenco encabezado por Pablo Cedrón (también coguionista), Gastón Pauls, Carlos Belloso, Luis Machín, Marcelo Mazzarello, Alfredo Casero, la española Silke y Cacho Castaña.
También hay pequeñas participaciones de Mariana Arias y hasta del baterista Pocho Lapouble tocando en un delirante bar-mitzvah.
"La génesis de la película -explica el director, que se tomó un año sabático para concretarla- es un caso policial real que se produjo un 24 de diciembre a la noche. Durante el curso de esa Nochebuena, varios policías y vecinos se dedicaron a vaciar un departamento." -¿Por qué eligió para su debut una historia tan compleja en cantidad de situaciones y personajes?
-Con Pablo (Cedrón) trabajamos a partir de la premisa de que la gente se vuelve miserable por muy poca cosa y por eso necesitábamos varias historias. Para una primera película pensé en hacer algo que supiera manejar. "Felicidades" es una tragicomedia emotiva que maneja un humor muy ácido y sarcástico.
-Pero la estructura narrativa es bastante compleja.
-Es verdad. En algún momento renuncié al guión porque me parecía muy complicado para una ópera prima y nos pusimos a escribir "Pavorosa primavera", una historia más convencional y ortodoxa sobre las Invasiones Inglesas, pero resultó que era el doble de cara. Entonces, retomé "Felicidades".
-¿Cuáles son sus referentes cinematográficos?
-Somos muy aficionados al cine de Fellini, especialmente a sus películas de los años 50, y al de Kurosawa. "Derzu Uzala" es un modelo de cómo dar vuelta las situaciones en el transcurso de la historia. Una parábola en la que no hay buenos ni malos. Personajes con volumen, verdaderamente humanos.
-Sin embargo, la película tiene un tono ligado con el del cine independiente norteamericano.
-Es cierto. Admiro al Coppola de "El Padrino". El tema de la lealtad, la nobleza, me apasiona. Me encantan Scorsese, Lynch, el Kubrick de "Dr. Insólito", los hermanos Coen de "Fargo" y "De paseo a la muerte", el Woody Allen de "Zelig" y "Crímenes y pecados", una obra maestra con la que espero que "Felicidades" tenga aunque sea un poquito en común.
-No nombró a ningún director argentino...
-Es que no tengo referentes nacionales. Puede ser el Favio de la primera época, pero nada más. La única película argentina que vi este año fue "76 89 03", de Flavio Nardini y Cristian Bernard ( N. de la R.: también reconocidos directores publicitarios ). Nos juramos no repetir los viejos errores o los lugares comunes del cine argentino. Odio el mal sonido de las películas nacionales y por eso le encargamos el diseño sonoro a Pepe Salcedo, colaborador habitual de Almodóvar. Trabajamos todo con sonido directo porque en el doblaje no conseguís la coloratura que lográs en la improvisación. Filmamos siempre de noche porque en esas horas hay menos ruidos de la calle. Durante el día, actores como Cedrón y Casero grababan sus tiras televisivas y luego venían al set: pasaron varias noches sin dormir.
-¿Qué otros "males" del cine argentino intentaron sortear?
-Que la dirección de arte, la escenografía cuente algo, que no sea decorativa, que no haya que achicar el plano porque no hay fondo y se arregle todo con una cortinita. No hablar de temas bastardeados, que se venden bien en Europa. Que ningún personaje grite ni diga "car...". No apostar al realismo mágico ni al surrealismo. No usar tango, no apelar al costumbrismo para pintar un Buenos Aires. Queríamos una ciudad inquietante, que no es la real, pero tampoco es mentirosa, reconocible por sus climas, sus "olores". Que no haya que explicarla, sino sentirla. Que parezca una pesadilla, que el espectador se sienta transportado al mundo del cine.
-Como hombre de la publicidad, ¿tiene pensado algún lanzamiento especial del film?
-Confiamos en la creatividad de Agulla & Baccetti porque yo no tengo idea de cómo vender la película. Soy un desastre en las relaciones públicas, no conozco los mecanismos de promoción en los festivales de cine. No soy un buen cliente para mi amigo Carlos Baccetti. Cualquiera pondría fotos de Alfredo Casero, pero el afiche es muy sobrio, muy sutil. Esta vez, el director de cine le ganó al empresario publicitario.
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