
Yes trajo un show con sabor clásico
Recital de Yes, integrado por Jon Anderson (voz, percusión), Steve Howe (guitarras, mandolín, voces), Chris Squire (bajo, voces), Alan White (batería), Igor Khoroshev (teclados) y Billy Sherwood (guitarra). Estadio Obras. Hoy, nueva función, a las 22.
Nuestra opinión: buena
Es cierto que el rock, como producto de los jóvenes, tiene una vida de cambios constantes. Una moda tras otra se superponen (cada vez a mayor velocidad), y los nuevos sonidos parecen (o pretenden) cumplir el rol de supresores del movimiento anterior.
Yes, como casi todas las bandas del rock progresivo sinfónico, sufrió el corte abrupto de su vida artística con el desafiante entusiasmo del punk y su propio abuso por utilizar complejas construcciones sonoras que terminaron cerrándose en sí mismas.
Hoy, el tiempo depuró los sobrantes y, en el caso de Yes, se puede hablar de un clásico. Ya dieron todo lo que podían dar creativamente, por eso los que llenan Obras esperan escuchar sus temas preferidos, así como quienes van a ver a los Stones quieren escuchar "Satisfaction".
Ahí está Yes en su tercera visita a Buenos Aires, pero esta vez con un cambio fundamental que no se dio ni en 1985 ni en 1994: la presencia de Steve Howe.
Y es un cambio fundamental, no sólo por su virtuosismo en las seis cuerdas, sino por las posibilidades que le da a la banda para desarrollar sus temas más complejos. Y si bien uno puede suponer de antemano que Yes bien puede decidir no correr riesgos, se dedican a encarar viejas composiciones y ofrecerlas con nuevos arreglos, más allá de saber que con temas como "And You And I", por ejemplo, tienen el aplauso asegurado.
Y ahí está Howe. Es quien guía a la banda. Sólo hay que esperar que Jon Anderson caliente su garganta para sentir que aquella música pretenciosa y espacial toma vuelo nuevamente. Es evidente que esto es lo que les sale naturalmente.
El promedio de edad del público supera los treinta años. Por eso, comenzar con "Siberian Khatru" es un acierto, porque si bien señala cómo es la selección del repertorio, también deja entrever que están en condiciones de hacerlo. Los amantes de este rock con toques cósmicos, de fiesta.
Los clásicos esperados
Hay buena parte de lo mejor de Yes, con esa posición un tanto mística de Anderson, el entusiasmo de Chris Squire, el acento rockero de Alan White, la solvencia del guitarrista de apoyo, Billy Sherwood, la solvencia del ruso Igor Khoroshev (que impacta como un pequeño Wakeman) y, sobre todo, la exuberancia de Steve Howe.
Basta echarles un vistazo a los temas seleccionados, como "Heart Of The Sunrise", "Wonderous Stories", "Long Distance", "Fish" (con un solo excesivamente largo de Squire), "All Good People", "Roundabout" y "Starship Trooper", entre los más notorios de la carrera del grupo.
La mayoría, además, con nuevos arreglos, que incluyen esos cortes y cambios de clima tan característicos de la época en que Yes contaba, además, con Wakeman y Bruford. Claro, los años dorados pasaron, pero queda la obra que todavía puede disfrutarse.
Es llamativo el trabajo que hicieron sobre temas que podrían sonar remanidos. "Wonderous Stories" o "Long Distance" son buenos ejemplos de que para este regreso la banda también asumió un desafío, el de renovarse más allá de que el repertorio sea a todas luces un retorno a los clásicos cuyas nuevas versiones se ven facilitadas por la presencia de Howe, que es buena parte del sonido histórico de Yes.
Por supuesto, el protagonismo de Howe es casi exclusivo, y tiene su set en solitario donde vuelve a dar vida a "Food For A Day" y "The Clap".
Lo nuevo, evidenciado en el tema que da título al último álbum, "Open Your Eyes", está más inclinado al pop, pero en las más de dos horas de show es lo que menos espacio ocupa. Una tranquilidad para los mayorcitos que decidieron acostarse tarde un jueves para revivir épocas pasadas en esta música que logra momentos de gran intensidad.
Yes recrea lo mejor de sí mismo. Es lo que todos esperan. Y no lo hacen nada mal.
Steve Howe, el Maradona del mítico grupo
La presencia de Steve Howe es, más allá del significado histórico que tiene en Yes, una presencia que facilita el desafío del grupo para volver a escena con cierta seguridad sobre el camino recorrido hace tiempo, haciendo a un lado los lugares más pop a los que se inclinó en los ochenta.
Tener a Howe en las filas de la banda es como tener en el equipo a Maradona. Todos juegan para él, como si el trato (implícito o explícito) fuera "OK, vuelvo, pero todos esperan mi señal para ver adónde vamos".
Y con el guitarrista, las cosas son mucho más fáciles. "And You And I" o "Wonderous Stories" llegan con su esencia al escenario de Obras. Y eso es lo que esperan los antiguos fans del grupo, que no olvidan los veloces punteos ni los ásperos contrapuntos característicos de la etapa de mayor explosión creativa del grupo, como en "The Yes Album", "Fragile" o "Close To The Edge".
Yes es una banda del llamado (caprichosamente) rock sinfónico y parece que, finalmente, ha decidido no intentar renunciar a su historia. Y hay dos razones: en primer lugar, ellos no logran la efervescencia en una canción pop y, además, deben hacer demasiado esfuerzo para lograrlo. Lo más natural en ellos es lograr climas, atmósferas espesas, habitadas por los sueños con toques místicos que narra Anderson y los complejos tramados musicales que forman redes de teclados, cuerdas y solventes cruces rítmicos.
Pero más allá de las virtudes de cada músico, que las tienen, está Howe, y Yes entonces puede jugar, animarse al renacimiento de sí mismos con los temas de siempre, la abundancia de siempre, el virtuosismo de siempre.
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