Franz Ferdinand
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Los principitos del rock bailable se repiten en un resplandeciente segundo álbum.
“Do you want to” –el primer single del segundo álbum de los escoceses Franz Ferdinand– comienza igual que todos los grandes discos de rock & roll bailable y fiestero de mediados de los 60: en mono. En los primeros 18 segundos, la banda entera está, si la escuchás con auriculares, incrustada en tu cráneo: las afiladas guitarras de Alex Kapranos y Nick McCarthy al unísono, el sacudón fragmentado del bajista Bob Hardy y del baterista Paul Thomson, la voz arrogante y segura de Kapranos –“I’m gonna make somebody love me” ["Voy a lograr que alguien me ame"]–, azucarada con dulces armonías. Después la música se expande. Las guitarras suenan en envolvente estéreo; el bajo y la batería dan pasos de ganso. Y cuando entra el gancho vocal, suena como si una banda de drogones estuviera saqueando una sesión de los Beach Boys en 1965.
Franz Ferdinand ganó fácilmente el podio de Reyes del Revival New Wave –triunfando sobre sus pares británicos de Bloc Party y The Futureheads– con su presencia y los estribillos explosivos de su debut de 2004, Franz Ferdinand. Pero la extraña luminosidad de You Could Have It So Much Better muestra raíces mucho más profundas en la primera ola de la música dance eléctrica de blancos: específicamente con la guitarra crujiente de r&b y la onda de garage de los Kinks entre el 65 y el 67. La crispante intro de guitarra y la batería rápida de “Evil and a Heathen” me remonta a “Milk Cow Blues” de The Kink Kontroversy, y el modo en el que Kapranos y McCarthy encienden “Fallen” y “You’re the Reason I’m Leaving” con rechinos picados en lugar de acordes power, parece salido del manual del compositor de “You Really Got Me”. Encima de todo eso, Kapranos canta con una voz de suspiro de tenor que hace pensar en un Ray Davies menos brillante, con un toque del tedio de moda de Julian Casablancas de los Strokes.
Por accidente o por homenaje consciente, Franz Ferdinand hizo un álbum que, en más momentos de los que uno espera, está más cerca de Face to Face que de Entertainment!, de Gang of Four. En el resultado no hay nada viejo. “This Boy” es una canción acerca de la venganza, construida con concisión letal: dos minutos y dieciocho segundos de guitarras surf sucias encima de una impaciente base disco. “Evil and a Heathen” es como si los White Stripes hicieran “Itchycoo Park” de Small Faces.
Una de las mejores canciones del disco no tiene nada que ver con la distorsión y el baile. En “Walk Away”, Kapranos hace alarde del dolor que ha sabido transformar en triunfo (“Yes, I’m cold/ But not as cold as you are/ I love the sound of you walking away” ["Sí, soy frío/ pero no tan frío como vos/ Me encanta el sonido que hacés mientras te vas"] con un opaco glam mezcla de guitarra acústica y órgano circense.
El problema de You Could Have It So Much Better, como el de muchos segundos álbumes, es la consistencia. Franz Ferdinand nunca se quedó sin cambios de ritmo ni giros vocales. Pero hacia la mitad del disco, algunas de las combinaciones parecen más esquemas que canciones. Los saltos de tono y tempo en “Well That Was Easy” son irritantes, irresolutos, son dos ideas buenas en el lugar equivocado. “I’m Your Villain” es un extraño riff estilo Metallica editado en la extensión de Buzzcocks, aunque el final es un impresionante estallido de una guitarra descendente en staccato y explosivos redobles. E incluso con trece canciones en cuarenta y un minutos, el álbum termina con dos temas más de lo que necesita: la desvaída balada “Fade Together” y el saludo final de “Outsiders”.
A Franz Ferdinand le hubiera ido mejor cerrando con el décimo primer tema, la canción del título del disco. En la letra hay un guiño a “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones: “Hay un idiota/ en mi pantalla de TV/ diciéndonos que […] si uno compra uno de estos/ todo va a estar bien”. Pero Kapranos no compra, y Franz Ferdinand resiste y rockea con sus golpes de guitarras y sus estribillos desafiantes. “You could have it so much better/ If you try” ["Podrías ser mucho mejor/ si lo intentaras"], canta Kapranos con profunda intensidad. Por esos resplandecientes dos minutos y medio, vas a pensar que mejor, imposible.
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