Zapping
Play. La programación televisiva del Día de Navidad, se sabe, no debe presentar demasiados desafíos a sus espectadores, agotados de tantos festejos y reuniones familiares que nunca se parecen a las que muestran las películas. Sin embargo, siempre hay excepciones. Clic. Entre tanto film ya visto y tanta nieve navideña que hace que el verano parezca aun más inclemente, aparecen en I.Sat un par de documentales para poner en funcionamiento el cerebro. Primero Rejoice and Shout, la historia de la música gospel y luego Religulous, la oda al ateísmo de Bill Maher. Clic. Porque no hay feriado navideño sin maratones de series, ahí está la de The Big Bang Theory . Ideal porque los capítulos se mantienen frescos y no exigen más atención de la que el espectador puede darles. Clic. Ver un rato las desventuras de los muchachos de ¿Qué pasó ayer? Parte 2 sirve para alegrarse un poco y de paso comprobar que hay festejos que pueden terminar mucho peor que el propio. Clic. Y nada mejor para acompañar los delirios de Zach Galifianakis que seguir a su película con otra igual de delirante pero en otra clave: James Franco interpreta a Allen Ginsberg con una de las peores barbas que el cine haya mostrado nunca. Play. Y de los poetas torturados a los adolescentes reprimidos de la remake de Footloose. No está mal la cosa, si no fuera porque la versión original de 1984, con Kevin Bacon y la insulsa Lori Singer, es indeleble. Y entonces, por omisión, lo peor que puede provocar la TV, lo único que debe evitar como la peste, sucede: un aire de nostalgia se instala mientras en la pantalla bailan.
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