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Lifestyle

A los 26. Le diagnosticaron osteoporosis, cambió sus hábitos y mejoró su calidad de vida

Jimena Barrionuevo
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17 de septiembre de 2019  • 08:51

"Tené cuidado, no te golpees ni con una mesa ratona la pierna", le dijo un traumatólogo mientras evaluaba los resultados de la densintometría que le habían indicado realizarse. Es que a Noelia Dehesa (40) le acababan de diagnosticar celiaquía y, junto con la batería de estudios que se había realizado para evaluar su estado de salud, la prueba para determinar la densidad mineral ósea, figuraba entre las más importantes.

Los resultados del examen arrojaron que alguna partes de su cuerpo tenían osteopenia y otros osteoporosis. "¡Y yo, 26 años! Un médico llegó a decirme: tené cuidado, no te golpees ni con una mesa ratona la pierna. Esa frase me generó una cantidad de emociones poco felices. Por suerte, siendo una veintiañera podría revertir mucho el diagnóstico, y así fue trabajando arduo por ello, mis huesos se volvieron fuertes", recuerda.

Algo no andaba bien con su cuerpo desde hacía un tiempo. En ese entonces, Noelia -que es productora de TV y guionista- trabajaba muchas horas al día, viajaba por el mundo, hasta vivía en hoteles algunos meses al año, en un torbellino de vida y fascinada por su profesión. Desde chica había entendido que en el mundo de la televisión estaba su vocación. Lo que no sabía era que había otras pasiones, otros colores, otros caminos por andar y que tan feliz me harían". Su convicción la había llevado lejos. Con solo 18 ya trabajaba como meritorio de producción en un noticiero en vivo. Llegaba al canal América a las 6 am con todos los diarios leídos. Programas, viajes, amigos entrañables, aprendizajes, reglas por romper, coordinaciones, equipos amorosos que tuvo a cargo y la compañía de muchos profesionales formaban parte de su rutina.

Pero su cuerpo, al que tal vez en aquel entonces no escuchaba atentamente, le daba señales constantemente. "Si bien actualmente tengo talla pequeña, estaba muy delgada y con pancita (hoy sé que esa pancita era la inflamación que me generaba el gluten, entre otras cosas). Vivía con la boca llena de aftas, podía tener 6, 7 ampollas en la lengua y el paladar, lo cual no solo era doloroso sino que contribuía a un mal humor importante, porque no podía comer y me dolía al hablar. Pero estaba acostumbrada y el malestar me había anestesiado".

A esa altura de su vida, recordaba casi con exactitud las frases de los médicos que visitaba. "Hace terapia porque las aftas son emocionales". "Tenés pancita porque así es tu cuerpo" ; "Para la acidez tomate un vaso de leche cada mañana". Todo eso no la ayudó, sino que demoró el diagnóstico. Hasta que un día, después de largos meses de insistencia de su mamá, pidió un turno con una hematóloga y en cuanto la médica la vio entrar, le dio una orden para una análisis con la consigna de verla luego con el resultado. Fue entonces cuando descubrieron la celiaquía y desde ahí, un mundo nuevo para ella.

Diagnóstico y nuevo rumbo

Coincidentemente con el diagnóstico, Noelia acababa de mudarse sola por primera vez y cree que eso quizás le facilitó el cambio a una vida sin gluten. "Hoy vivir sin gluten ya no es tan tremendo, pero hace 14 años era una odisea. Solo algunas marcas, solo algunos productos especiales y el proceso que las marcas libres de gluten iban haciendo en un camino por mejorar sabores, texturas. ¡Y ni hablar de comer afuera! Desde el diagnóstico no volví a comer gluten y mi vida cambio. Nuevos hábitos, nuevos horarios, nuevas maneras de ver la vida y empezar a escucharme, a escuchar a un cuerpo que habla".

En un camino que ya lleva 14 años de aprendizaje, Noelia fue descubriendo muchos mundos, muchas medicinas y ciencia pero sobre todo, asegura que empezó a priorizarse. Hoy lleva una alimentación basada en evitar distintos nutrientes que le generan daño a su intestino, como el gluten, los lácteo, las legumbres, y algunos azúcares y procesados. "Es una nutrición basada en grasas buenas, mariscos, palta, pescado, frutos secos, aceite de coco, vegetales, frutas, fermentados. ¡Como de todo! Y todo es rico, todo es sano, todo me hace bien. Las excusas están siempre dispuestas, solo se trata de organizarse y luego, todo fluye, pero sobre todo, vos fluís, porque estás sano, feliz, contento y hasta sus decisiones se vuelven más claras".

Huesos fuertes

A los 26, cuando aquel traumatólogo le dijo que debía evitar golpearse porque sus huesos estaban muy débiles, Noelia vio como su vida se le proyectaba mentalmente en cuestión de segundos. Recordó las zapatillas de ballet rosas que amaba y que aún conserva; el atuendo de la clase de danza, la barra; sus manitos en busca de la forma, los empeines estirados, sin rigor académico pero con un profundo disfrute. Luego se había conectado con el mundo del yoga. Acompañaba a su mamá, profesora de yoga y discípula directa de Mataji Indra Devi, el abrazo de aquella entrañable maestra, los mantras que cantaba, correr por casa tarareándolos en un sánscrito que apenas descubría, probar asanas con la flexibilidad de un niño, cerrar los ojitos y perderse en un om eterno.

"Cerquita tal vez de los 10/12 años, en épocas donde no existían las redes sociales ni las cámaras en los celulares, pero que en mi recuerdo sigue intacta la instantánea de aquel entonces, participé en un torneo de yoga artístico, llevándome una hermosa medalla por la postura Pada Sirsasana (cuando sentada llevas ambas piernas detrás de la nuca, como abrazándote con los tobillos el cuello). Recuerdo perfectamente la emoción, las ganas, el lugar, lo recuerdo en mi corazón. Y así fue, que desde muy pequeña, transité ambos caminos como forma de vida, orgánicamente, siendo algo natural y cotidiano para mí".

Pensó que no iba a poder hacer actividad física nunca más, que la debilidad de sus huesos la iba a limitar. Pero decidió no darse por vencida. "Si bien nunca dejé de hacer Yoga con mamá, de ser su fiel alumna cada tarde, con los años, me empecé a acercar aún más. Para mí el Yoga es un bálsamo, un mimo, una caricia al alma. Es volver a encontrarme con mi sonido más íntimo, con mi respiración, con mis emociones, con mi cuerpo, yendo de una secuencia dinámica a la quietud más profunda".

En ese nuevo estilo de vida, también decidió que era momento de despedirse a su trabajo como productora y se sumergió en sus clases de Yoga y de Vinyasa, y sus clases de Funcional Barré. "Y cuando me pregunto ¿qué quiero hacer cada día de mi vida?, me respondo: ¡esto mismo que estoy haciendo! Aprendí que a veces hay que volver a ese niño que fuimos y que aún somos en nuestro interior. Volver a la emoción de las zapatillitas de danza, emoción que hoy reflota cada vez que me paro frente a mi clase de Barré y veo a mis alumnas disfrutando. Volver a flexibilizar el cuerpo, soltando la estructura, la rigidez, en el mat de yoga como en la vida, poder quedarte un ratito con vos, porque en vos están todas las respuestas a esas preguntas que andas preguntando en el afuera. Aprendí a escucharme, a saber qué necesito (con dudas por supuesto), a descubrir qué me hace feliz. Aprendí que es un camino que se recorre toda la vida, y que ese camino te necesita ahí, en cada paso, caminando este viaje, haciendo camino al andar".

La voz del especialista

Diana González es médica y directora asociada del Centro Mautalen Salud e Investigación. En este audio explica qué es la osteoporosis, cómo se diagnostica y cómo se trata.

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