
Al almacenero en su día
Aunque todavía perduran, hay cada vez menos. Un oficio que consiguió cimentar el compromiso con el cliente
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El oficio. En el paisaje urbano de los barrios quedan pocos almacenes. Ser almacenero era un oficio que se ejercía con compromiso hacia los clientes que llegaban con la libretita que registraba las compras adeudadas para pedirles un plazo más. Las estanterías llegaban hasta el techo, los cajones de madera contenían alimentos que se fraccionaban y todo olía a limpio de lavandina. En algunos, la mano de la dueña –la señora del almacenero- aportaba algo casero y especial para la picada del fin de semana. El tiempo y la modernidad se fueron llevando costumbres, avanzaron los supermercados y autoservicios, quienes nunca podrán aportar la respuesta que los clientes, especialmente los más jóvenes, siguen necesitando en tiempos de cambios: ¿y a usted qué le parece? Los almaceneros se dispersaron y agruparon en diferentes entidades. Algunos continúan en el Centro de Almaceneros, la más antigua, la Liga de Almaceneros y la Federación de Autoservicios, almacenes y polirubros.
Don juan SÁnchez tiene 82 años. En 1964 se hizo cargo del almacén La Dalia, en Boedo, abierto en 1936 por su padre. "Eran otros tiempos, el almacenero siempre detrás del mostrador, el papel de estraza acompañaba los paquetes, la chaqueta oscura o blanca era infaltable y la sonrisa también. Trabajar era trabajar siempre y con alegría." Los hijos ya no heredan porque los padres se esforzaron para que estudiaran y no terminaran como almaceneros. Carmelo Isola, del Centro de Almaceneros, destaca la lealtad del único empresario, don Pascual Mastellone, de La Serenísima, quien los recuerda todos los años con sincero agradecimiento, "porque sabe que todos los empresarios se hicieron grandes con los almacenes; los restantes, se olvidaron de nosotros".
POR LOS BARRIOS
- En el terriorio nacional hay 7000 almacenes
- En Capital son aproximadamente 500






