
Alain Delon, seductor abandonado
A los 67 años, el actor acaba de separarse de Rosalie Van Breemen, madre de sus hijos Anuchka y Alain Fabien. A causa de su colapso emocional, aceptó realizar un racconto de su vida ante los medios
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¿Qué le pasa al ex galán más deseado del cine europeo? O, como se preguntó algún comentarista de TV en Francia: “¿Se quebró Delon?” Ocurre que se separó de su joven mujer, Rosalie van Breemen, y se refugió en su casa de campo, hecho una piltrafa. Sin embargo, las circunstancias de esta ruptura matrimonial tuvieron derivaciones que van más allá de la cotidianidad familiar y le han dado un interés especial, sobre todo para los medios. Y el centro de ese interés recae en Alain Delon, el astro que durante tres decenios se instituyó en uno de los hombres más codiciados del mundo. Pero hoy de aquel erotismo no queda ni la sombra.
Así, la revista Paris Match logró convocarlo con un señuelo: la escritora Christine Angot. El semanario confrontó a los dos en un jugoso diálogo aprovechando que tienen experiencias parecidas: el actor y la escritora han transitado por ilusiones, enamoramientos, convivencias conflictivas, rupturas. Y algo muy especial: ambos han vivido pulsiones suicidas. La de Delon es más reciente, sobrevino hace ocho meses, cuando Rosalie lo abandonó y se fue a vivir a su Holanda natal con sus padres. Con ella se fueron los dos chicos que tuvo con el astro. Y Delon se quedó solo.
Quienes lo entrevistan coinciden en afirmar que el ídolo vive la ruptura más dolorosa de su vida al ver pulverizado su reino familiar. Sus hijos Anuchka y Alain-Fabien, de 11 y 8 años, ahora viven a cientos de kilómetros. El niño abandonado que fue este exitoso ex galán, con los años había logrado construir un hogar propio. Y de pronto, paf.
A pocos días de cumplir 67, habla de sus parejas del pasado, de la incansable búsqueda de un amor eterno, de la utópica armonía de la pareja. Y aflora un recuerdo de 30 años atrás, de su matrimonio (el primero) con Nathalie Barthelemy, unión de la que nació el primer heredero de Delon, Anthony: “Nuestra historia con Nathalie tambaleó cuando también ella decidió ser actriz. ¿Por qué?" Se alejaron; él rehizo su vida con una modelo de apenas 20 años y, de pronto, su segunda esposa, a los 35, decide abrirse camino sola, en busca de su identidad. En medio de su casi adolescente sufrimiento por la pérdida de su mujer, en ningún momento parece acertar a objetivarse, a comprender que algo más arduo que la vejez es permanecer inmaduro en la edad de ser abuelo.
Una de las imágenes que el actor eligió forjar de sí mismo fue la del solitario, una soledad que, sin embargo, la mundanidad y el jet set vulneraron muchas veces. Pero Delon sigue aferrándose a ella, como publica Paris Match: “En mi caso –dice–, el culto de la soledad fue creciente. La viví desde mi tierna infancia. Nací mal parado. Me pusieron una nodriza hasta los 7 u 8 años. Después, como mis padres habían rehecho sus vidas separadamente, con otros hijos, me dejaron pupilo; más tarde, como no querían volver a tenerme con ellos, ingresé al ejército a los 17 y permanecí dos años en Indochina. En 1954, en Saigón, vi, deslumbrado, a Jean Gabin en Touchez pas au grisbi. ¡Quién hubiera dicho que un día yo iba a darle el pie en los diálogos de un film! Y ahí vino el milagro: el cine me atrapó. Pero la soledad no se terminó; al contrario, es más inmensa hoy, por razones más personales. Cuando veo las fotos del Delon estrella pienso: Eso no soy yo. Vuelvo a ver las lágrimas de mi tierna infancia. ¡Alain fue sobrepasado por Delon!”
Y esa soledad, según él, se afirma cuando piensa en el cine, donde no le preocupa tanto no encontrar un personaje a su medida, sino otra cosa: “Son los directores los que temo no volver ya a encontrar. Los Visconti, los Antonioni, los Clement, los Melville, los Deray, los Losey, ya no existen más. Claro, si Besson, Spielberg, Polansky o Almodóvar me convocaran...”
“¿Quiere hablar de su ruptura con Rosalie?”, le preguntó hace unas semanas la periodista Catherine Schwaab. “Quince años de vida en común, dos hijos... Todo explotó –atinó a responder Delon, con la mirada en el vacío–. Tuve una hija a los 55 y un hijo a los 59. Soñé con eso toda mi vida. Son mi fuerza, mi equilibrio, mi parte indestructible. Y un día eso se esfumó.” El actor se concentra, revisa las dos últimas décadas de su vida y finalmente ensaya una respuesta a la incógnita de su destino: "Es, por cierto, una cuestión generacional: nos separan 32 años. Cuando tenía 20, Rosalie me dio sus mejores años. Como contrapartida... ¡ella ahora quiere recuperar su vida!”
Hoy el astro se ha quebrado. Cuando ya no se hable de él, ¿cómo habrá que recordarlo? ¿Como el gángster que mata sin pestañear mientras seduce mujeres con su porte implacable? ¿O, como Jacques Brel, llorando ante a la foto de Rosalie y rogando Ne me quittes pas (No me dejes)?






