Alzheimer: cómo empiezan los síntomas y cómo seguir con la vida diaria

Crédito: Pixabay
Daniela Chueke Perles
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23 de mayo de 2019  • 15:19

¿Por qué tanta gente cuando no se acuerda de las cosas o se equivoca las palabras suele bromear y decir "tengo Alzheimer". ¿Podría haber algo de cierto en ese chiste?

De acuerdo al doctor Julián Bustin (Matricula Nacional 99336), jefe de la Clínica de Memoria de INECO, en general la enfermedad de Alzheimer se presenta en sus inicios síntomas como la pérdida de la memoria inmediata, es decir, que la persona experimenta problemas en recordar hechos recientes.

Si bien muchas personas en condiciones normales experimentan olvidos o dificultades para recordar una palabra, cuando en una persona estos síntomas son cada vez más frecuentes y comienzan a interferir con su desempeño en las actividades diarias, es fundamental realizar una consulta médica porque podrían ser los síntomas iniciales de una enfermedad de Alzheimer. ¿Pero de qué se trata esta condición a la que tanto se teme? ¿Qué dice la ciencia al respecto?

A continuación, las explicaciones del doctor Bustin, para entender mejor esta enfermedad y sus consecuencias.

¿Qué es el Alzheimer?

Existen muchos tipos de demencia, la enfermedad de Alzheimer es la más frecuente, constituyendo alrededor del 70% de los casos. La demencia es un síndrome caracterizado por un deterioro cognitivo progresivo que afecta ciertas funciones cerebrales superiores, como la memoria, el lenguaje, la percepción, la atención y el pensamiento, alterando la capacidad de la persona para desenvolverse en forma independiente en las actividades habituales de la vida cotidiana.

En la Argentina, hay aproximadamente 450.000 personas que padecen esta enfermedad progresiva e irreversible que ataca al cerebro y afecta la memoria, la identidad y la conducta. Finalmente, sus síntomas terminan imposibilitando el funcionamiento social y actividades básicas de la vida diaria como higienizarse, alimentarse y vestirse en forma independiente.

La enfermedad de Alzheimer no es una expresión del envejecimiento normal del cerebro. Actualmente los mecanismos de cómo se genera la enfermedad no se terminan de dilucidar. Sin embargo, sabemos que están involucrados factores genéticos y ambientales que culminan en la acumulación de sustancias tóxicas en las neuronas del cerebro como la proteína beta-amiloidea y la proteína tau con la consecuente muerte neuronal y el funcionamiento anómalo en diferentes zonas del cerebro, entre ellas el hipocampo, una estructura cerebral muy asociada a la generación de memorias recientes.

¿ Es una enfermedad de personas mayores o puede afectar a niños o gente joven?

Si bien el principal factor de riesgo conocido para la EA es la edad y afecta mayoritariamente a personas mayores de 65 años, también existen casos menos frecuentes (2-8% de las personas con EA), en que puede desarrollarse en personas más jóvenes. Muchos de estos casos corresponden a variantes genéticas y hereditarias de la EA y en ocasiones con formas de presentación atípicas donde los problemas de la memoria no es uno de los síntomas principales.

¿Cómo evoluciona el Alzheimer? ¿Se puede detener o empeora con el tiempo?

Típicamente, la EA progresa lentamente en tres etapas: temprana (leve), intermedia (moderada) y avanzada (severa).

En la etapa temprana, las personas con la EA se desempeñan en gran medida en forma independiente, aunque con ciertas limitaciones en actividades de alta complejidad de la vida diaria. En la etapa moderada, las personas con EA requieren mayores niveles de cuidado debido a una mayor afectación en las posibilidades de desarrollar las actividades de todos los días como viajar, utilizar el dinero, acordarse de distintos compromisos, etc. En las etapas avanzadas de la enfermedad, las personas presentan dificultades en las actividades básicas de la vida diaria como higienizarse, alimentarse y vestirse en forma independiente necesitando generalmente cuidados y acompañamiento permanente.

Aunque actualmente no existe una cura para la enfermedad de Alzheimer, los distintos tratamientos pueden ayudar a retrasar la progresión de la enfermedad, tanto en los síntomas cognitivos como en los del comportamiento.

¿Qué tratamientos se usan en la actualidad contra el alzheimer?

Existen dos tipos de medicamentos que actualmente se utilizan para tratar la EA:

  • Los inhibidores de la enzima acetilcolinesterasa, entre los que se encuentran el donepezilo (aprobado para tratar las tres etapas de la enfermedad), la rivastigmina y la galantamina (aprobados para tratar las etapas leve a moderada). El segundo tipo de medicamento funciona mediante la inhibición del receptor de NMDA (un receptor de glutamato). La memantina es el único fármaco aprobado de esta clase y está indicado en las etapas moderadas a severas de la enfermedad.
  • También sabemos de la importancia del tratamiento no farmacológico para hacer más lenta la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida. Un buen tratamiento debe incluir además de los medicamentos, estimulación cognitiva, terapia ocupacional y recreacional, musicoterapia, psicoterapia y ejercicio físico entre otras.

El énfasis de estas estrategias terapéuticas está en mejorar o mantener el funcionamiento en la vida cotidiana, aprovechando las fortalezas de la persona y encontrando formas de compensar las dificultades apoyando y promoviendo su independencia.

¿Cómo se puede prevenir o en todo caso, predecir si hay riesgo de contraerlo?

Si bien no podemos decir que no existan medidas definitivas para prevenir la aparición de la EA, diversas investigaciones confirman que ciertos patrones de nuestro estilo de vida pueden disminuir el riesgo de desarrollar la EA. Se sabe que controlar los factores de riesgo cardiovascular (tensión arterial, glucemia, colesterol, triglicéridos, tabaquismo) es fundamental para proteger nuestro cerebro del deterioro cognitivo. La realización periódica de ejercicio físico y una dieta balanceada: rica en frutas, pescado, vegetales, cereales, aceite de oliva y que evite las grasas, las frituras y la sal en exceso disminuye el riesgo.

Además, es de suma importancia mantener una buena salud emocional, ya que el estrés, la depresión y la ansiedad tienen consecuencias negativas para las funciones intelectuales. Si bien niveles moderados de estrés pueden ser estimulantes, cuando es demasiado alto o se mantiene por períodos prolongados de tiempo, puede afectar las conexiones del hipocampo, una estructura asociada a la capacidad de adquirir y retener nuevos conocimientos.

Otro factor del estilo de vida que puede disminuir el riesgo de deterioro cognitivo es el grado de educación formal, actividad y ejercicio intelectual que tengamos a lo largo de la vida. Ya que esto nos permite aumentar nuestra reserva cognitiva cerebral que nos sirve de escudo protector cuando se empiezan a acumular las sustancias tóxicas que producen la enfermedad de Alzheimer en el cerebro.

También sabemos que una vida social activa y no sentirse aislado es otro factor importante para disminuir el riesgo de desarrollar la EA. Por lo tanto, se necesitan campañas de salud pública que faciliten y fomenten estos factores.

La clave para convivir con el Alzheimer: tratamiento y psicoeducación

Es importante destacar que la enfermedad de Alzheimer no solo afecta la vida diaria de las personas que la padecen, sino que también condiciona la de su entorno familiar. Por eso, familiares y allegados que quedan expuestos a situaciones de un alto nivel de estrés, tienen una mayor incidencia de depresión y ansiedad, toman más psicofármacos y faltan más al trabajo, entre otras dificultades. Por lo tanto, es fundamental para un adecuado tratamiento, realizar psicoeducación y terapia de apoyo al grupo familiar.

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