
Un antiguo playroom tenía que abandonar su espíritu de espacio común para convertirse en el dormitorio –ordenado, alegre y, sobre todo, propio- de una niña
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Producción y texto: Silvina Bidabehere | Fotos: Javier Csecs.
Julia tiene tres años y es la menor de cinco hermanos. Antes de que ella naciera, su dormitorio era un playroom con escritorio, y hoy su cama y sus muñecas conviven con pizarrones y juguetes que fueron quedando de sus hermanos. ¿Cómo hacer que su cuarto sea un espacio más ordenado y que sintiera propio? Miramos qué sobraba, sumamos espacio de guardado y aprovechamos los recursos que ya tenía su habitación. Como pauta deco, potenciamos el estilo rústico general, sin caer en lugares comunes típicos de cuarto de niñas. Acá, los detalles.

Dulces sueños: la cama de Julita es tesoro de familia y fue restaurada por su mamá. Para aprovechar su altura, reemplazamos la vieja colcha, heredada de una de sus hermanas y ya percudida por los años, por otra más nueva ($249 Falabella) y con resto para tapar el espacio debajo de la cama. De esa manera, se pueden disimular objetos de menos uso, como el teatro de títeres.
Disfraces: "Esta ménsula antes sostenía el escritorio, y es tan difícil de sacar que quedó puesta" explica la mamá de Julita. Entonces, decidimos forrarla con varias vueltas de cinta de seda color crema y colocar perchas rosas ($16 el par, Falabella) para convertirla en un vestidor para disfraces (antes ocultos en el canasto de mimbre).
Pequeñas pinceladas: muchas veces los padres no sabemos dónde exponer los dibujos que nos hacen los chicos. Por eso, se nos ocurrió utilizar la pared libre del cuarto y crear un rincón de arte con un recurso muy simple: dos ganchos de pegar y un metro de tanza. Allí se colocaron los últimos dibujos que trajo Julia del Jardín de Infantes.
Pies descalzos: una alfombra de pura lana de oveja de 1,50x2m ($1.350, Elementos Argentinos) convirtió el piso en un deleite para jugar descalza o tirarse a mirar libritos.

Cuenta cuentos
Como a Julia le encantan los cuentos, en su habitación no podía faltar un silloncito ($520, La Guardilla) donde tanto ella como su mamá pudieran sentarse a leer y escuchar grandes y pequeñas historias. ||
Cama mullida
Para hacer más cómoda y mullida la cama, sumamos un almohadón de pura lana de 40x60cm ($360), un pajarito de fieltro ($180) y otro a rayas hecho en telar ($195, todo de Elementos Argentinos), que van cambiando de lujar según la ocasión.

Colores atemporales
Como la arquitectura del dormitorio es de un estilo rústico muy marcado, la idea fue continuarlo sin caer en los rosas bebé o lilas, tan comunes en los cuartos de niñas. El acolchado a cuadros tipo Vichy en rojo, la alfombra de lana y los detalles en fieltro suman calidez y potencian la personalidad del espacio. ||
Osos y muñecas
Muchos de los juguetes de Julia estaban sobre la cama o desparramados por el cuarto. En el canasto (que se encontraba en otro rincón del cuarto y donde Julia guardaba sus disfraces) colocamos muchos de sus peluches. Ahora, además de ser un coqueto pie de cama, es un excelente lugar de guardado.





