Bienvenido, Mr. President: los mandatarios de EE.UU. que llegaron a la Argentina
1 minuto de lectura'

No la tuvo fácil Franklin D. Roosevelt en su primera visita oficial a la Argentina como presidente de Estados Unidos, en diciembre de 1936, para participar de la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz. Primero, tardó cinco semanas en llegar a Buenos Aires en el crucero Indianápolis, el mismo que casi una década más tarde transportaría en su bodega a la bomba de Hiroshima. Después, fue trasladado en descapotable desde el Puerto de Buenos Aires hasta la Casa Rosada, donde saludó a una multitud en el balcón, y luego hasta el Congreso. Allí, cuando estaba por dar su discurso, que fue transmitido por radio para todo el continente, retumbó un grito agudo en el recinto: "¡Abajo el imperialismo!". Resignado, el presidente argentino, Agustín P. Justo, bajó la cabeza y apenas atinó a decir: "Ese fue mi hijo".
Liborio Justo, hijo del primer mandatario, había convencido a su madre para que lo dejara entrar al Congreso minutos antes del inicio de la sesión. Después de aquel grito, pasó varias semanas desterrado en La Pampa y no se habló con su padre por dos años (tan enojado estaba Don Justo que no movió un dedo para hacer regresar a Liborio). El resto del periplo de Roosevelt siguió en picada: su custodio, alguien muy cercano que lo ayudaba a moverse –la polio había dejado al presidente en silla de ruedas– murió en un cabaret porteño, en un episodio que la prensa catalogó de "confuso".
Esta y otras anécdotas poco conocidas y bastante insólitas se narran en el libro Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina, de Leandro Morgenfeld, doctor en Historia de la UBA e investigador del Conicet. "La frase de Liborio en el Congreso es una metáfora del vínculo complejo entre la Argentina y Estados Unidos", entiende el autor.

En 82 años de historia, solo seis presidentes estadounidenses hicieron pie en la Argentina en ejercicio de su mandato: Roosevelt (1936), Dwight Ike Eisenhower (1960), George H. W. Bush (1990), Bill Clinton (1997), George W. Bush hijo (2005) y Barack Obama (2016). En unos días llega el séptimo, Donald Trump, para participar de la cumbre del G-20 junto a los líderes de las naciones más desarrolladas del planeta. "Es su primer viaje a una región que él estigmatizó durante toda su campaña", afirma Morgenfeld. Muchos analistas políticos consideran que la de Trump es una visita "de riesgo" desde distintos puntos de vista: es la primera vez que cruza el río Colorado para bajar a América Latina, luego de cancelar su participación en la Cumbre de las Américas en Lima, el 13 de abril pasado. En aquella oportunidad, la Casa Blanca se excusó así: "El presidente permanecerá en Estados Unidos para supervisar la respuesta estadounidense a Siria". Esa madrugada, su país iluminó el cielo de Damasco con bombardeos, en represalia al supuesto uso de armas químicas del régimen de Bashar al-Ássad.
El patio trasero
En la campaña electoral presidencial de 1952, Eisenhower había criticado a su antecesor, Harry Truman, por descuidar el patio trasero, como llamaban a América Latina y el Caribe los medios políticos estadounidenses. "En esos años, durante el plan Marshall, un país como Bélgica había recibido más ayuda económica que toda América Latina", explica Morgenfeld.

En 1960, casi a punto de terminar su mandato, el presidente viajó a Buenos Aires con un antecedente bastante malo: dos años antes, su vicepresidente, Richard Tricky Dick Nixon, había realizado una desastrosa gira regional, con manifestaciones antinorteamericanas en las principales capitales latinoamericanas. En Caracas, incluso, su delegación fue atacada a piedrazos. Eisenhower arribó el 26 de febrero, como retribución a la gira de Arturo Frondizi a Washington en 1959. "Con la revolución cubana como telón de fondo, vino a sondear el posible apoyo a una intervención en Cuba", desgrana el autor de Bienvenido Mr. President.
Eisenhower fue el primer presidente norteamericano que conoció Bariloche (se hospedó en el hotel Llao Llao), previo paso por Mar del Plata. "Una anécdota es que Frondizi elogió tanto el avión en el que vino Eisenhower que el presidente norteamericano pensó –de acuerdo con lo que le habían dicho era una antigua costumbre latinoamericana– que quería que se lo regalara. Por eso, en una acción completamente fuera de protocolo y quizá preocupado por tener que ofrendarle un avión que no podía regalar (ya que pertenecía a la Fuerza Aérea), invitó a Frondizi al vuelo de tres horas entre Mar del Plata y Bariloche, en donde tuvieron la primera de sus tres conversaciones privadas", narra Morgenfeld. En Bariloche, Ike inauguró la costumbre de jugar al golf en las visitas presidenciales y se fue de pesca al río Limay, en donde pasó tres horas sin sacar nada.

Entre los aspectos más delicados del intercambio, el libro plantea un interrogante: si Eisenhower y Frondizi discutieron sobre la cuestión nuclear y los ensayos prohibidos que estaba realizando Estados Unidos en Puerto Deseado, Santa Cruz. Eisenhower temió que lo acusaran de que esas pruebas nucleares hubieran sido responsables del movimiento sísmico registrado en Valdivia, Chile, el 22 de mayo de 1960, en el que murieron unas 2000 personas y más de dos millones resultaron damnificadas.
Escoltado por granaderos
George H. W. Bush estaba preocupado por tener que hacer la caminata a cielo abierto para colocar una ofrenda floral en el Monumento al general José de San Martín, en Retiro. Se evaluó que recorriera la explanada en The Beast, el auto blindado que transporta a los presidentes de Estados Unidos, pero el coche pesaba siete toneladas y se temió que destruyera el piso y quedara enterrado. Finalmente, por temor a un atentado, las autoridades eligieron granaderos especialmente altos, apostados en dos hileras, para que Bush, que medía casi 1,90, caminara por el medio.

Era 5 de diciembre de 1990 y habían pasado treinta años sin presidentes norteamericanos en estas tierras, desde aquella incursión de Eisenhower. Bush venía a inaugurar las famosas "relaciones carnales", como las calificó Guido Di Tella: traía bajo el brazo la llamada Iniciativa para las Américas (semilla del ALCA), que 15 años después sería rechazada en la Cumbre de Mar del Plata, y buscaba apoyo para la operación Tormenta del Desierto, la ofensiva militar a Irak. Dos días antes del arribo de Bush se había producido el levantamiento carapintada –lo que hizo peligrar el viaje– y el norteamericano elogió a Carlos Menem por su "rápida solución al conflicto". Durante su estadía, Bush y su hija Dorothy jugaron al tenis con Menem y su profesor.

En verdad la relación carnal entre ambos había arrancado en 1989, cuando el presidente argentino se coló en la mesa de Bush durante una cena de las Naciones Unidas en Nueva York. Ignorando el protocolo, se le plantó en la silla de al lado y le lanzó: "Somos del mismo palo". Hasta el día de hoy nadie sabe qué entendió Bush de esa frase. Lo que sí se conoce es lo que le dijo Menem cuando lo visitó en 1991, en los jardines de la Casa Blanca –la primera vez que un presidente peronista fue recibido en Washington–. Esa vez, le dedicó, muy emocionado, la frase Mister President. Gud blis iu (God bless you), ante las risas sofocadas de ambas comitivas.
Cambio de época y cabaret
Aunque es vox populi que los presidentes de Estados Unidos no hacen visitas oficiales durante períodos eleccionarios, Bill Clinton llegó en octubre de 1997, dos semanas antes de las legislativas en las que arrasó la Alianza y que marcaron el ocaso del menemismo. Inicialmente, Clinton iba a venir en mayo, pero se lesionó la rodilla y se tuvo que operar. Para evitar un mal momento, evitó ir al Congreso, en donde no solo Liborio había enfrentado a Roosevelt sino que el diputado de izquierda Luis Zamora también le había gritado a Bush padre. Además de las reuniones protocolares, se juntó con los cinco líderes de la Alianza, tal vez previendo el cambio de época. Su anuncio principal fue que la Argentina pasaba a tener estatus de aliada "extra OTAN" (la Organización del Tratado del Atlántico Norte).

Doce años después, ya expresidente, Clinton cenaría con Néstor y Cristina Kirchner en un restaurante de Recoleta –se rumoreó que un grupo empresario le había pagado 200.000 euros para que viniera a dar una charla–,para luego "irse de juerga al boliche Cocodrilo", como consignó la prensa de Espectáculos, en donde la vedette Andrea Rincón le hizo un "baile erótico a pedido". Esto también ocurrió durante octubre (en 2009) y en las puertas de una nueva elección parlamentaria. Esta vez, el kirchnerismo se llevó la victoria, aunque perdió a manos de Francisco de Narváez la estratégica provincia de Buenos Aires.
La dialéctica de las rodillas
Al parecer, hay una parte del cuerpo que es clave en las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos: la rodilla. "En 2001, George W. Bush (hijo) recibió a Fernando De la Rúa en el Salón Oval y es conocida la foto en la que apoya su mano sobre la rodilla del argentino; en julio de 2003, en cambio, el que le tocó la rodilla a Bush fue Néstor Kirchner", comenta Morgenfeld. El propio fotógrafo presidencial, Víctor Bugge, recuerda ambas secuencias: "Fue un gesto calculado, una respuesta a otra foto que yo había sacado el 11 de noviembre de 2001, en la que Bush apoyaba su mano en la rodilla de De la Rúa", contó Bugge, y reveló que, en el momento de la foto, Kirchner le guiñó un ojo para celebrar la ocurrencia.

Esta dialéctica rodillística volvió a invertirse enla última incursión de Mauricio Macri a Washington, el 27 de abril de 2017, que Trump sintetizó sin culpa: "Yo le voy a hablar de Corea del Norte, él me va hablar de limones". En esa oportunidad, el que recibió la palmeada de rodilla fue Macri.
Volviendo a la cronología, el quinto presidente en venir a la Argentina fue Bush hijo, el 3 de noviembre de 2005, para participar de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. "En ese cónclave no solo se rechazó el ALCA, con lo cual Bush se fue muy enojado, sino que unas semanas después el gobierno de Kirchner canceló anticipadamente los 10.000 millones de dólares que le debía al Fondo Monetario Internacional", cuenta Morgenfeld.
En paralelo a la apertura oficial de la cumbre,se llevó a cabo la Cumbre de los Pueblos, una movilización callejera y un gran acto, ante más de 40.000 personas, en el estadio mundialista de esa ciudad. El principal orador fue Hugo Chávez, autor de la frase "¡ALCA, al carajo!", ante la mirada atenta de Evo Morales y Diego Maradona. Ambos habían llegado a las 6.20 en tren desde Buenos Aires (Diego venía acompañado por el cineasta Emir Kusturika), en lo que se llamó "Tren del Alba". El cantante Manu Chao también dio un show sorpresa en el anfiteatro de Plaza Italia, en Mar del Plata.
Pasaría más de una década para que un presidente norteamericano volviera a pisar la Argentina. El propio Obama bajaría a Sudamérica en marzo de 2011, para reunirse con Dilma Rousseff, en Brasil, y Sebastián Piñera, en Chile. Pero su avión apenas sobrevoló el suelo argentino.
Un dato curioso de la visita de Bush fue lo que pasó el 5 de noviembre con el Colectivo de Artistas del Grupo Etcétera, una troupe de intervenciones urbanas que estaba filmando un documental con armas de cartón en la Bristol; en una toma, levantaron sus armas al cielo, como apuntando a un avión que pasaba, con tanta mala suerte que era el Air Force One de Bush, que justo estaba partiendo de Mar del Plata. De inmediato llegaron los patrulleros, creyendo que se trataba de un atentado desde la playa. Solo encontraron fusiles de juguete.
Bienvenido al infierno
El mal timing ha sido una constante de las visitas de presidentes norteamericanos. Clinton, que vino a la Argentina entre el 15 y el 18 de octubre de 1997, evitó estar en Buenos Aires el 17, Día de la Lealtad Peronista. De hecho, voló a Bariloche y el presidente argentino, Carlos Menem, se unió a él por la noche, en una cena para 50 personas en la que le regaló un discurso de Perón.

Obama también aterrizó con el pie izquierdo: el 23 de marzo, un día antes de que se cumplieran 40 años del golpe militar de 1976. "La agenda se concentró en el día 23 y el 24 Obama participó de un acto en el Parque de la Memoria, muy temprano a la mañana. Luego voló a Bariloche y anunció la desclasificación de documentos de la dictadura", recuerda el autor de Bienvenido Mr. President. En Bariloche estaba planeado un partido de golf entre ambos mandatarios, pero desde el Gobierno nacional decidieron que, justo un 24 de marzo, no era oportuno que Macri saliera en la foto jugando con él. El partido se haría al año siguiente, con Obama ya como expresidente, a dos semanas del segundo turno de las elecciones legislativas, con un triunfo amplio de Cambiemos.
A dos años y medio de aquella última tournée oficial, Trump baja por primera vez al patio trasero. Ni siquiera ha cruzado la frontera a México, un ritual que cumplen los presidentes norteamericanos a pocas semanas de ser electos. "Va a ser una visita mucho más parecida a la de Bush en 2005 que a la de Obama, porque Trump es uno de los líderes que más desconfianza genera a nivel mundial", define el autor. Lo confirma el Pew Research Center, con sede en Washington, un organismo que desde 2001 mide la imagen de Estados Unidos en todo el planeta; según el último estudio, la Argentina es el país con menos confianza en Trump de América Latina: apenas el 32% tiene una visión favorable de Estados Unidos y solo un 11% confía en el hombre de la cabellera estrafalaria.
Con el antecedente de la reunión del G-20 en Hamburgo, que generó fuertes protestas callejeras (los movimientos antisistema recibieron a Trump con el lema Bienvenido al infierno), se esperan marchas masivas anti-Trump y anti-FMI en Buenos Aires durante los próximos días. Hay quienes dicen que las manifestaciones serán apenas un costo menor de este nuevo "regreso de Argentina al mundo".
1Cuál es la planta que hay que colocar en la entrada de la casa para atraer la prosperidad, según el Feng Shui
2El sencillo truco para eliminar los rayones leves del auto
3“Una vida llena de aventuras”. Murió Philippe Junot, el playboy que se convirtió en el primer marido de Carolina de Mónaco
4Ni Río ni Florianópolis: la playa que se volvió la favorita de celebridades y jóvenes argentinos






