Buenos Aires: uno de cada cinco pescados que se venden no es lo que dice la etiqueta

Un nuevo estudio de científicos del CONICET analizó muestras de toda la costa
Un nuevo estudio de científicos del CONICET analizó muestras de toda la costa Crédito: Shutterstock
Valentina Ruderman
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10 de octubre de 2019  • 17:45

Mucho se habla sobre el etiquetado de los productos, qué es considerado un alimento, qué nombre estrambótico se le pone al azúcar y qué significa cuando dice que es "light". Pero hay algunos terrenos en los que creíamos tener el control: la pescadería, entre uno de ellos. Lamentablemente, no hay buenas noticias: un grupo de científicos de Mar del Plata demostró que uno de cada cinco filets de pescado comercializados en la costa bonaerense no es lo que indica su etiqueta. Se venden como productos de mayor valor especies más baratas y la mayoría de las sustituciones involucran especies amenazadas de extinción.

Los investigadores analizaron muestras de toda la costa atlántica bonaerense, desde San Clemente del Tuyú hasta Bahía Blanca, área de mayor desembarque pesquero del país. La tasa de sustituciones por ciudad varió entre un 13% en Santa Teresita y San Clemente del Tuyú, hasta un 40% en Miramar. En Mar del Plata y Necochea, las tasas de reemplazo fueron de 25 y 28%, respectivamente. Además de detectar una alta tasa de reemplazo, encontraron que las especies que más comúnmente se usan para sustituir a otras son peces cartilaginosos, es decir, tiburones, rayas y pez gallo o elefante, ya que fueron usadas en más del 60% de los reemplazos, y el atún fue la especie más sustituida.

Hasta hace unos años, era imposible determinar la especie de la que proviene un producto pesquero del que se han retirado todas las características morfológicas útiles para diagnosticar una especie, como un filet de pescado. Actualmente, la técnica conocida como "código de barras genético" permite identificar con precisión la especie de la que proviene una muestra de identidad desconocida. Esta técnica se basa en determinar en la muestra, la secuencia de un gen que varía entre especies, y compararlo con las secuencias provenientes de muestras ya conocidas. "En este trabajo aplicamos la técnica del código de barras genético para establecer de qué especie provienen los filets vendidos en las pescaderías de la costa atlántica y si se corresponden con lo que a la gente le dicen que le están vendiendo", explica Gabriela Delpiani, quien lideró el trabajo.

El trabajo de investigación realizado por Delpiani, Matías Delpiani, Mariana Deli Antoni, Marina Covatti, Luciana Fischer y Juan Martín Díaz de Astarloa del Instituto de Investigaciones marinas y Costeras (IIMyC- CONICET, UNMDP) y Luis Lucifora del Instituto Nacional de Limnología (INALI-CONICET, UNL) fue publicado recientemente por los investigadores en la revista científica internacional Fisheries Research.

Fuentes cercanas a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura aclararon a LA NACION que no se trata de un problema de bromatología o falta de control a nivel nacional, sino más bien de un problema de comercialización local. Es decir, el buque sabe lo que pesca y eso pasa por los controles de salud adecuados, pero los comerciantes "engañan" a los consumidores con variedades distintas, a veces muy alejadas de la especie que quieren comprar.

Fraude económico

Conocer las variedades argentinas es fundamental para ser consumidores conscientes
Conocer las variedades argentinas es fundamental para ser consumidores conscientes Crédito: Subsecretaría de Agroindustria

"Es preocupante que se vendan peces cartilaginosos con otros nombres porque estos peces tienen un alto riesgo de extinción. De hecho, las especies que detectamos que se usan como sustitutas se encuentran todas amenazadas y algunas han disminuido drásticamente en Argentina", agrega Delpiani. La comercialización de tiburones y rayas bajo otros nombres abre la puerta al comercio de especies prohibidas, como los grandes tiburones, cuyo desembarque está prohibido en todos los puertos argentinos.

El principal motivo para realizar sustituciones parece ser el fraude económico, ya que en la mayoría de los casos se utilizaron especies de menor valor comercial como reemplazo de especies más caras. Filets etiquetados como atún, lenguado, abadejo, chernia, brótola o besugo, consistían en realidad de tiburones, rayas, pez gallo, mero, pescadilla o castañeta, respectivamente; todas estas de menor precio que las especies que figuraban en la etiqueta. En proporción mucho menor, se observaron casos de mal- etiquetado accidental, que pueden explicarse por la semejanza morfológica de las especies involucradas.

Los resultados de esta investigación indican la necesidad de estandarizar los nombres de productos pesqueros en Argentina. Según Delpiani: "Las autoridades correspondientes deberían hacer pública la lista oficial de nombres de productos pesqueros y controlar que se use. Estas listas, empleadas en muchos países, son herramientas muy útiles para combatir el mal-etiquetado porque evitan la proliferación de nombres inventados y homogenizan los nombres de los productos entre comercios".

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