
Café con sello argentino
La marca más conocida en el país nació hace 90 años; sus creadores no se limitaron a la tradicional infusión, sino que también agregaron golosinas
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El Pasaje Güemes, en pleno corazón de la City porteña, encierra historias de todos los tiempos. En 1917, Geraldo Trinks, hijo de importadores de café y con una amplia experiencia adquirida en Brasil, abre allí un quiosco, instala la primera máquina tostadora del país y le da un giro al tema. El éxito de una clientela fiel a la calidad de un producto que se embolsa delante del comprador lleva a Trinks a pensar en una marca referente de la palabra confianza. Así nació Bonafide (“buena fe”), una empresa que cumplió 90 años y que en sus primeros pasos por el mundo del café sumó sabores con dulce de leche y chocolate: en 1936, los Bocaditos con dulce de leche, y en 1939, el Nougatón, con fans de todas las edades. Al principio fueron 30 empleados; hoy son más de 900, y de aquel “molido a la vista” que aún conservan como sello avanzaron con la venta directa a domicilio, más locales propios y franquicias en todo el país, y ahora también en Paraguay, Chile y Uruguay.
Enrique Rey, con más de 50 años en la empresa, recuerda sus inicios como cadete y su presente como coordinador de ventas, donde a los básicos de las primeras etapas han sumado alfajores, helados, masas y otras golosinas.
“Se conserva el espíritu de sus creadores, con las explicaciones directas a los clientes, su educación para formar el gusto y acertar en el sabor y el color. Algunos de nuestros blends son un genérico de orientación.
Nos cuentan que los consumidores, en locales de otras marcas, suelen pedir un café molido que se parezca al Franja Blanca de Bonafide”.
miriambecker@ciudad.com.ar
Franja Blanca
- El primer café llamado Bonafide era 100% torrado (mucho aroma y poco color).
- Los clientes comenzaron a pedir una bebida con más color y aroma (60% torrado y 40% tostado) y lo diferenciaron colocando una franja blanca en los sacos que lo contenían. Así nació el café con mayor volumen de venta en la compañía.
- Para quienes se inclinan por el sabor sin importar el color nace Cinta Azul, con un mayor porcentaje de café tostado.
Beber y comer
Más allá de la calidad y el gusto particular por sus granos, tostado o molido, hay consejos comunes al café que se prepara en casa:
- Comprar la cantidad necesaria para consumir y conservarlo en un recipiente hermético, oscuro y frío.
- Moler sus granos acorde a su preparación o a la máquina que se va a usar. Recordar que, una vez molido, se acelera su envejecimiento.
- Prepararlo calculando que por cada persona o taza corresponden 180 cc de agua a 90º de temperatura (antes del hervor) y 10 g de café.
Bifes en salsa de café
- Salpimentar 4 bifes y sellarlos de ambos lados en una sartén con un hilo de aceite.
- Mezclar en un bol 1 taza de café fuerte, 50 g de manteca, 2 cucharaditas de salsa inglesa, 2 cucharaditas de mostaza, 1 cucharada de jugo de limón, 1 cucharada de azúcar, 1 cucharada al ras con harina, unas gotas de salsa Tabasco (optativo).
- Volcar sobre los bifes sellados y completar la cocción. Acompañar con arroz blanco y ensalada de rúcula.
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El inicio.
Son muchas las leyendas sobre el origen del consumo de café. La más aceptada es del año 450, cuando Kaldi, un pastor árabe, notó que sus cabras se volvían juguetonas y dinámicas luego de comer las bayas rojas de un arbusto. El mismo, al probarlas, experimentó una sensación euforizante. Luego, el imán de una mezquita probó los frutos en infusión y al ver que permanecía despierto toda la noche dio la bebida a sus discípulos para prolongar sus oraciones.
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