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Carmela Blanco (53) está en su casa, donde cumple la cuarentena, y conserva la calma. De novia con Enzo Francescoli (58) desde hace casi seis años, la vida de esta escultora transcurre en su hogar de Vicente López. Allí recibe a ¡HOLA! horas antes de se decrete el aislamiento social, preventivo y obligatorio para todos los argentinos. "Vivo en mi taller, así que hago cuarentena de manera permanente. Por suerte, tengo mi lugar de trabajo acá", cuenta la artista plástica, que se hizo conocida hace unas pocas semanas, cuando las fotos de su última muestra en el Museo de Arte Popular José Hernández captaron la atención de los medios del corazón. En las imágenes, que fueron tomadas durante el opening de "A Cielo Abierto" –su exhibición– se veía a Carmela abrazada al "Príncipe" y, como era de suponerse, las preguntas en torno a su identidad no tardaron en llegar.

LA NOVIA DE UNA LEYENDA
Madre de tres chicos, Micaela (34), Melina (25) y Justo (20), Carmela conoció al ex futbolista y actual manager de River Plate hace quince años, en una situación laboral. "Los dos estábamos en otro momento de la vida. Nos volvimos a encontrar varios años después, de casualidad, en un restaurante. Ambos estábamos con amigos. Nos saludamos y ahí empezó todo", nos confía la escultora sobre el comienzo de su noviazgo con uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. "Tomo al Mundial de 2014 como el principio porque no tenemos una fecha concreta. Justo empezaba el campeonato, que lo vimos todos juntos [se refiere a ambas familias, la suya y la de Enzo, que es padre de dos varones, de 33 y 31 años] y nunca más nos separamos", agrega con una sonrisa tímida. Se nota que no está acostumbrada a hablar sobre su vida privada.
–¿Conviven?
–Hacemos todo juntos, pero no convivimos. Cada uno vive en su propia casa. Nos llevamos muy bien, veraneamos todos juntos, pero acá, en Buenos Aires, nos gusta así.
–¿Cómo definirías estos seis años con Enzo?
–Maravillosos, uno mejor que el otro. Enzo tiene una personalidad fácil. Todo lo ve bien. Con él construimos una relación muy sana. Nunca tuvimos ni un solo problema. No complicarse la vida es sensacional.
–Francescoli es conocido por haber tenido siempre una conducta intachable.
–Es que él es así. Es una persona buena, no tiene un lado B. Hace un tiempo le pregunté si había hecho una maldad alguna vez y me respondió: "No, ¿por qué? ¿Vos sí?". "¡Sí!", le dije. "De chica alguna maldad habré hecho…" [Se ríe].
–¿Casarse está en sus planes?
–No. Los dos tenemos claro que así funcionamos bárbaro, nos gusta ser independientes. Lo bueno de nuestra pareja es que ninguno pretende otra cosa. Por suerte, estamos en la misma sintonía.
–¿Qué opina Enzo de tu obra?
–Le encanta. Es mi fan número uno. Me ayuda a cargar y descargar el auto, lleva y trae las obras conmigo, va a todas mis muestras. Me apoya desde siempre.


CORAZÓN DE ARTISTA
A Carmela la escultura la apasiona. De lunes a lunes, pasa entre seis y ocho horas diarias en su taller, donde crea obras a partir de maderas y piezas metálicas de descarte. "Lo mío es un trabajo a tiempo completo. A veces, tengo que obligarme a salir con amigas, peinarme y arreglarme un poco", confía, divertida. Su historia con la escultura comenzó hace varios años cuando, animada por una de sus últimas profesoras de dibujo y pintura, decidió inscribirse en el taller del conocido escultor Ricardo de la Serna, quien se convirtió en su mentor. "Si bien estudié Paisajismo y durante muchos años tuve una empresa de alquiler de plantas para oficinas, siempre estuve ligada al arte", explica Carmela.
–¿Qué le gusta a la gente de tu obra?
–Hablar de tus obras es como hablar de tus hijos, uno pierde objetividad. Creo que mis esculturas transmiten armonía. Te pueden gustar más o menos, pero son obras que agradan. Yo no busco shockear, hago lo que a mí me gusta e intento que sea lindo.
–¿Cuál es tu máximo sueño como artista?
–Así como vos ves algunas obras y decís: "Esto es de Fulano de Tal", a mí me gustaría que mis esculturas sean decodificadas como mías. Llegar a ARCO [la prestigiosa feria de arte internacional de Madrid, en la que aterrizó a principios de marzo invitada por la Galería de las Misiones] fue tocar el cielo con las manos. Ahora tengo la mira puesta en ArteBA.
–Estuviste en España unos días antes de que se desatara la debacle total.
–Cuando viajé había gente por todos lados, no se respiraba miedo en España. Fue unos días antes de que se dieran cuenta de que la situación era más grave de lo que pensaban. El coronavirus es un baldazo de agua fría, un llamado de atención para que le prestemos atención a lo que verdaderamente importa, que es la salud, y nos unamos en un mismo sentido, que es protegernos.


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