Charly Alberti: "Steve Jobs fue el único ídolo que tuve en mi vida"
Abocado a la difusión del cuidado ambiental, el ex Soda Stereo relega la música y asegura que el éxito no es sinónimo de exposición
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Cuando una banda se disuelve, lo más común es que sus integrantes continúen ligados a la música. A veces en grupos nuevos, a veces como solistas, en ocasiones en producción y asesoramiento de otros talentos, pocos eligen un rumbo completamente distinto, aunque, claro, siempre hay una excepción... En este caso, hablamos de Charly Alberti, ex baterista de la legendaria Soda Stereo, que, aunque supo formar una nueva banda llamada Mole (integrada por él, su hermano Andrés y Sergio Bufi), por estos días se dedica casi con exclusividad a R21, una fundación creada para difundir la crisis ambiental global, y con la que da conferencias por América latina. Es que para Alberti, su historia con Soda no solamente es un viaje de éxito sin precedentes: se trata de una "plataforma de admiración y respeto" en la que hoy se para al alertar sobre los peligros que amenazan al mundo.
Con gorra y tatuajes, él inaugura un nuevo estereotipo de ambientalista. Así lo atestiguan las miles de personas que siguen sus conferencias, y también los que aseguraron su compromiso para el próximo 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, con el Juramento Ambiental (juramentoambiental.org), la reciente iniciativa de R21. "Inspirados en la promesa a la Bandera, proponemos un acto en el que niños y adultos se comprometan con la protección del planeta", explica Charly.
-¿Cómo surge en vos esta faceta eco friendly?
-Siempre tuve un interés latente en ese sentido, pero los tiempos de Soda no me permitían hacer mucho. En 2004 volví al país tras algunos años afuera y me acerqué a Parques Nacionales con la intención de colaborar. Ese trabajo me hizo merecedor del galardón de Guardaparques Honorario de la Nación, y mi interés comenzó a ser un poco más visible. Eso me conectó a través de unos amigos con Al Gore. Y cuando lo conocí y vi su conferencia, entendí que tenía que hacer algo en serio por el problema ambiental, así que comencé a trabajar con él.
-¿Qué implicó eso?
-Fui un difusor de su proyecto. El mayor dilema que tienen los problemas ambientales es que hay mucha gente que cree saberlos, pero no es así. Y también hay muchos que escuchan, pero no prestan atención. Entiendo que el mayor desafío es la comunicación, y creo que soy una persona conocida a la que la gente respeta y admira por mi trabajo. Desde ese lugar, mi participación como vocero es interesante. En ambientalismo, el mensajero es casi más importante que el mensaje. Porque a la gente le estás pidiendo el compromiso de cambiar y es lógico que pregunten quién sos para pedirles algo así. Eso sucedía con Gore, que, si bien trabaja hace muchos años, no tiene tanta credibilidad en América latina, donde se lo mira con prejuicio por ser un ex vicepresidente de los Estados Unidos. Así me di cuenta de que yo tenía mucha mayor llegada en el continente, y armé mi propia fundación con el objetivo de educar y concientizar entendiendo también las ventajas que representa esta crisis como región.
-¿No se trata de un objetivo muy utópico?
-No, es altamente lograble. Estoy educando. El tema es si después la gente tiene la voluntad de reaccionar hacia lo que aprendió. Todavía falta muchísimo, pero hay una clara muestra de que las cosas están cambiando. Como todo tema grande y difícil, es a largo plazo. Pero siento que desde que empecé, hace cinco años, hay una gran transformación en la gente por toda la información que recibe a diario sobre el tema.
-¿Cómo predicás el cambio con tu ejemplo?
-Ando más en moto que en auto, cuido el uso del agua y la electricidad, llevo bolsas al supermercado, trato de consumir productos con menos packaging... Parecen estupideces, pero multiplicado por millones de personas es como se genera la real solución.
-¿Y ya hiciste el Juramento Ambiental?
-¡Por supuesto! Si bien el objetivo primario fue hacerlo en colegios, en estos días abrimos al público la convocatoria para que cualquiera pueda hacerlo donde quiera. Es un momento de emoción en el que cada uno se compromete a tratar de proceder de la mejor forma posible con el planeta y para con el futuro. En años anteriores se organizó a través de convenios con los Estados, como la provincia de Buenos Aires, México DF o Misiones, donde nació originalmente esta idea que yo tomé y amplifiqué. Pero me parecía que si seguía tratando de instaurarlo así iba a tardar muchísimo más. Es mejor que la gente lo haga donde quiera, y que el mecanismo sea al revés, porque los gobernantes siempre tienen otras prioridades. Así que propongo que ese día, con el hashtag#juramentoambiental, quien lo haga postee una foto para compartir. Ya hay gente que se comprometió a hacerlo en Ecuador, Costa Rica, Paraguay, Chile?
-¿Con qué otros proyectos estás hoy en día?
-Mole, mi otra banda, está en una pausalarga. Extraño tocar en vivo, pero hay veces que no depende de mí, sino del entorno, y hoy lo estoy cambiando para poder hacerlo. Quizás con proyectos nuevos, quizás con un Mole renovado...
-¿Es difícil pensar en qué seguir trabajando cuando de tan joven tuviste tanto éxito?
-No es difícil el después, depende desde dónde se lo mire. Muchas veces la gente me pregunta si extraño tener éxito, entendiendo que, para ellos, es sinónimo de tener mucha visibilidad pública. Y no, porque sigo teniéndolo. Terminamos con Soda Stereo en el 97 y luego tuve muchísimo éxito con la tecnología. Inventé la hora de Internet, que adoptó Swatch; CNN me nombró como una de las diez personas más importantes de Internet de América latina y hasta terminé de la mano de Steve Jobs, el único ídolo que tuve en mi vida, con él nombrándome Applemaster. La gente cree que el éxito sólo tiene que ver con la exposición y en realidad es personal. A mí siempre me gustó lo que hacía, después si tiene más o menos visibilidad no es algo que me importe demasiado.
-Hace unas semanas salió una nota que decía que la familia de Gustavo Cerati veía algunos signos de movimientos físicos en él. ¿Sabés algo de esto?
-No sé nada. Todo lo que sé es que el reporte médico no cambió. La verdad es que no estoy todos los días con él, lo veo poco porque me hace mal, y decir algo de esto sin saber me parece una irresponsabilidad.
-¿Se facilita la vida siendo un ex Soda Stereo?
-Hay cosas que todavía no puedo entender. Ahora estoy invitado a una fábrica de autos en Alemania, a conocer a uno de sus gerentes máximos, un señor que no es argentino y es fanático de Soda. Recibo comentarios de gente en los lugares más insólitos del mundo; me encuentro con personas que aman nuestra música y ni siquiera hablan nuestro idioma. Eso te permite tener cierto poder de conexión muy importante. Además, siempre trabajé en eso. Durante muchos años, de gira por América latina, a veces decidía no salir de noche para a la mañana despertarme temprano e ir a reunirme con personajes que me interesaba conocer. Así fui armando una agenda de contactos y amigos muy interesante. Y hoy veo el rédito. Muchos de aquellos amigos están en lugares importantes de la política, la economía, las artes y las empresas. Eso te hace ver el mundo un poco más chico. Si quiero hacer un proyecto, lo pienso a nivel mundial.
-¿Qué disfrutás hacer cuando no trabajás?
-Amo andar en moto, comencé desde hace unos años con esta idea de usar menos el auto y me volví fanático. También me gusta estar en mi casa del Sur, donde siento que encontré mi lugar en el mundo.
-¿Y con quién lo compartís?
-Hoy en día con unos zorros que hay por ahí, con unas liebres, unos pájaros carpinteros? y también con algún amigo que me viene a visitar de vez en cuando.
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